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Alitahotwife

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Noche de sobrinito

La penúltima cena familiar del 2025 fue también el cumpleaños de mi hermano mayor, padre de mi sobrinito rico.
Terminó la torta, los abrazos, los “¡que cumplas mil más!” y la gente empezó a irse pasadas las cuatro de la mañana. El último en quedarse fue justamente él: el hijo menor del cumpleañero, 23 años recién cumplidos, 1,70 de músculo duro y esa carita de ángel travieso.
—Me quedo a ayudar a limpiar —dijo con una sonrisa que no engañaba a nadie.Era la excusa perfecta.Cuando el último auto se fue, cerramos la puerta con doble vuelta. Mi marido agarró la botella de fernet, se sirvió un vaso a medio llenar con Coca bien helada y hielo que tintineaba, y me miró con ojos brillantes:
—Subamos, amor… que el pibe “limpie” tranquilo.Yo me metí al baño sin decir nada. Ducha rápida, tibia, dejando que el agua corriera por mis tetas, por mi panza, entre mis piernas ya hinchadas de deseo. Me dejé puesta la falda engomada plisada negra, ahora pegada al culo, y la blusita blanca empapada que se volvió totalmente transparente: pezones duros, todo a la vista. Salí descalza.Los encontré en el living: mi marido con su vaso de fernet con Coca en la mano, hielo flotando, y mi sobrino apoyado en la mesada, los dos mirándome como si yo fuera el postre que faltaba. Levanté la barbilla hacia la escalera. Subimos.Puerta con llave. Luz ámbar. Silencio.Mi marido se tiró en la cama, camisa abierta, el vaso a medio llenar en la mano izquierda, hielo sonando cada vez que se reía.Yo me arrodillé entre los dos. Bajé cierres. Saqué vergas.
Primero la de mi marido, caliente y conocida.
Después la de mi sobrino: gruesa, pesada, venosa, palpitando. La adoré, la lamí, la tragué hasta ahogarme, alternando entre las dos hasta que la saliva me chorreaba por el mentón y por la blusa transparente.Mi sobrino me levantó en brazos, me llevó a la cama y me acostó boca arriba. Levantó la falda hasta la cintura, la dejó arrugada ahí. Se arrodilló entre mis piernas abiertas y empezó a entrar… muy, muy lento.Centímetro…
otro centímetro…
otro…
otro más…Cada milímetro era una tortura deliciosa.
Cuando llevaba la mitad adentro ya me había corrido dos veces, temblando, agarrada a sus hombros.
Siguió entrando, despacio, inexorable, hasta que sentí sus huevos pegados a mi culo y su pubis contra mi clítoris.
Se quedó quieto un rato eterno, dejándome sentir cómo me llenaba por completo, cómo me palpitaba dentro.Empezó a moverse apenas: círculos lentos, profundos, rozándome justo ahí.
Y exploté otra vez… y otra… y otra…
Perdí la cuenta en el séptimo u octavo, cada orgasmo más fuerte, cada vez más mojada, cada vez más suya.Me dio vuelta, me puso en cuatro con cuidado y volvió a entrar de una sola estocada lenta hasta el fondo.
Embestidas largas, profundas, sin prisa.
Otro orgasmo.
Otro.
Otro más cuando me agarró las caderas y me empujó contra él.
Otro cuando me acarició la espalda mojada.
Otro cuando susurró al oído:—Qué culo perfecto, tía…
—Qué concha apretada, tía…Después me subí encima yo.
Me senté de golpe hasta el fondo y empecé a cabalgarlo como loca: arriba, abajo, en círculos, rebotando, girando.
Él solo me miraba, me acariciaba las tetas por la blusa mojada y susurraba:—Qué buenas tetas, tía…
—Qué apretadita estás, tía…Y seguí corriéndome sin parar: uno tras otro, cada vez que bajaba hasta el fondo, cada vez que giraba la cadera, cada vez que me inclinaba para besarlo.Al final me levantó en peso, me pegó contra la pared, me alzó una pierna casi hasta el hombro y empezó a darme rápido, profundo, sin sacarla nunca.
Los orgasmos ya eran tsunamis: uno detrás del otro, hasta que el squirt salió disparado, caliente, violento, empapándolo todo.
Otro squirt.
Otro más.Él me clavó hasta el fondo y descargó, chorro tras chorro caliente y espeso, llenándome hasta rebalsar.—Te voy a llenar de leche, tía… toda para vos…Se quedó dentro un rato largo, los dos temblando.Me bajó despacio, mis piernas flojas.

Me acomodó la falda con ternura, me besó la frente.Mi marido, desde la cama, levantó su vaso a medio llenar de fernet con Coca, hielo tintineando, y gritó ronco:
—¡Salud, familia!Mi sobrino se puso el jean y salió al pasillo. Dos segundos después volvió a asomar solo la cabeza, me miró con esa sonrisa traviesa y susurró:—Tía… todavía falta la última cena antes de las fiestas.…
Guiñó el ojo y desapareció al último no nos ayudó a limpiar,así son los parientes 😂

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