Días previos a mi cumpleaños, mi colágeno preferido viene a preguntar si lo festejaremos, dónde y cuándo. También venía un poco contracturado y me paga una sesión de masajes, sabiendo que no puedo resistirme. Le pido que me espere en el comedor mientras preparo la habitación; le aviso a mi marido que estaré ocupada, pero le dejo el live prendido detrás de una fina cortina para que observe la sesión de masajes que sabíamos que se iba a descontrolar. Unos minutos de masajes después, se quita la remera y ya estoy perdida; me lo termino cogiendo. Por esta razón dejé de hacer masajes corporales. A los minutos de estar de espalda, ya le pide que se quite todo para usar mi cuerpo, frotarlo en él.