Tengo un alter ego pinyponesco. La tengo desde la infancia. La veo parecida a mi: mucho pelo, chiquita, nariz redonda, ojos negros. En mi adolescencia, la convertí en mi compañera de aventuras y mi modelo en las fotografías. Es una compañera de viaje espléndida, no ocupa mucho espacio, no gasta y siempre quiere ir a los mismos lugares que yo. Se llama La Farolera y como la de la canción, ella abre la puerta y llega al sol.
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