Hay acontecimientos que nos dan un golpe de realidad. Actos que ocurren y nos ponen inmediatamente en un lugar que nos sabíamos que estábamos. La muerte de Charlie Watts (un Rolling Stones) es también el fin de una melodia que nos acompañó en la vida, que nos forjó de sueños, que nos unió en amores y nos ayudó a crecer. La música nos traslada irremediablemente hacia un lugar donde fuimos felices. Donde los amigos y las canciones iban juntos de la mano. ¿Quien no se emocionó escuchando "Angie" y se aferró a la cintura de aquel amor que se fue como se nos fue la magia de la adolescencia.
Cada muerte de alguien que nos hizo feliz es la muerte de una parte de nuestra risa.
Ya somos esos viejos niños que recuerdan.
La música no muere, es verdad. Pero que difícil es darse cuenta que los sueños que soñamos son tan lejanos que ya hasta olvidamos de extrañar.
Q.e.p.d Parte de mi infancia
Y muchas gracias💔
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