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Escritura y literatura
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Ultimas palabras (1977)

23 de julio de 1977: escribo desde el rincón húmedo de un pasillo desteñido; pronto me trasladarán para darme una muerte que no merezco. Se puede percibir el orín impregnado en las paredes que humean, crujen, me tocan con espanto, me miran con dolor, con el mismo dolor que mis ojos observarian un espejo. Estoy cansado, vencido, escribo este relato minutos antes de mi partida de este mundo injusto; pero tengan en su memoria que fui un hombre feliz y dios perdone las manos que van a hacerme sufrir porque son las mismas que me dieron algo que me mantuvieron vivo de verdad; la incansable lucha por la igualdad de mis hermanos. Para todos aquellos que queden de pie peleando como hicieron mis brazos, dando la vida por un país libre como doy la vida por los hijos que no pude tener, resistiendo como un perro que muerde el bozal hasta destruirlo, ese siempre seré, por mi Argentina, la misma que eligieron mis abuelos, esta tierra que besó cada paso de mi madre... mi madre; ¡como gritaba mientras me arrastraban delante suyo!; como luchó con sus uñas gastadas para defenderme; tuvieron que sostenerla entre cuatro a la vieja... pobre vieja, la última vez que la vi estaba de espalda, cocinando algo que siempre inventaba con poca plata; quizás si hubiese tenido un momento más junto a ella, al menos un beso; pero fue todo tan rápido, oímos esa frenada, ese golpe que desprendió la puerta y después... después todo fue inútil. Quiero dejar una historia que ocurrió hace apenas una hora atrás, no se cuanto tiempo tendré pues el próximo es mi turno así que comenzaré. Dentro del calabozo donde me tienen desde el principio pude ver que éramos cuatro hombres y una mujer que presumo tenía un embarazo avanzado. Oíamos desprenderse los gritos desde el piso, la lámpara encendía y apagaba continuamente nuestra imagen y las lágrimas se nos paralizaban de frio; se nos morían las venas y el corazón daba golpes alocados como presintiendo que esos serían sus últimos golpes. En ese momento ya sabía que iba a morir como lo sé ahora y seguramente cuando leas esto, ya estaré muerto. Escuche las botas repiquetear en el corredor, vi a tres policías aproximarse hasta nuestra celda; traían arrastrando a un niño delgado moreno de almenos 10 años, sentí mi sangre escupir por mis ojos cuando uno de ellos le dio un puntapié en su vientre; misteriosamente el niño no emitía gesto alguno de dolor; me sorprendió como ese chico soportaba los golpes con valor; luego lo sentaron de espalda a nosotros apoyándolo contra las rejas, uno de los policías tomó su mano derecha, la aferró con fuerzas entre sus rodillas y con una tijera le arrancó uno de sus dedos; luego se marcharon. Mis ojos ahogaban mi boca mientras me acercaba hasta él; lo abracé pasando mis brazos entre las rejas; él giró su rostro y preguntó: -¿por qué lloras? Veía sus ojos cansados y su mano chorreando sangre, pero en su boca se escondía una mueca de sonrisa. -¿Por qué lloro? Lloro por lo que te hicieron -No se preocupe por esto, lo importante es que en un rato voy a salir de aquí. -¿Pero no te duele? - Si, mucho; pero igual estoy contento porque los engañe. -¿Como que los engañaste? _¡Si! Murmuró, lanzando sus palabras en puntas de pie - Por qué yo soy zurdo Se fue sonriendo mientras un policía le indicaba la salida; me miró desde allí y me saludó con su mano sana. Escribo esto a quien lo encuentre, mi sueño de ser un gran escritor están comenzando a desvanecerse en este aire de tristeza. Estoy viendo algunas personas en el fondo del pasillo que seguramente vienen por mí; es mi turno. Siempre tengan su corazón en lucha por la igualdad, que de la sangre derramada crezcan los frutos de un país sin hambre, con escuelas repletas de libros sin precio. Luchen por los viejos que mueren de frío en las calles; luchen por la justicia social, la libertad; luchen por que la muerte no mate; solo sea el comienzo. ULTIMAS PALABRAS.
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