El contenido a publicar debe seguir las normas de contenido caso contrario se procederá a eliminar y suspender la cuenta.
¿Quiénes pueden ver este post?
Para crear un post para suscriptores primero debes crear un plan
Etapa 33: El camino al Sol 🌈☀️🪁
Cargando imagen
Recostado ya en la habitación, siento cierta inquietud. Las dos noches pasadas, debido a mi estado general de cansancio y estrés emocional, he tenido sueños en los que experimento una aparente separación de mi cuerpo. Aunque es algo que padezco desde niño y recuerdo cómo volver a mi estado habitual (mirándome las manos), todavía no lo percibo como algo “normal”. Esto me sigue ocurriendo a pesar de haber invertido tiempo y dinero en dos tratamientos post-estrés, haber tomado medicamentos “recetados” (muy nocivos para mi salud) y haber leído extensa bibliografía para entender los desmayos en mi estado consciente y también los estados disociativos (como la capacidad de observarme a mí mismo en situaciones de estrés). En esas lecturas, se menciona que este tipo de fenómenos también pueden darse en estados alterados o disociativos durante los sueños (o subconscientes). Nunca he logrado conectar ambas experiencias (diurnas y nocturnas) como lo vengo haciendo o transitando en este Camino de Santiago, para así poder llegar a una programación completa de mi inconsciente y sanar. Aunque creo estar más cerca que nunca de esta posibilidad, todavía siento lejano el conocimiento o el artilugio que lo provoque. Además de la bibliografía psicológica y física estudiada, también me apliqué en simbologías, estudios de culto, cosmovisión, numerología, estudios de astros y mitologías. Como ser humano que soy, puedo comprender que las afecciones que “creo que sufro” han sido de alguna manera transmitidas de generación en generación, como cualquier enfermedad hereditaria. La pregunta que realmente brota en este momento en mi mente y no me deja dormir es: ¿Realmente estoy enfermo? Si es así, también tendría que “estar enfermo” por heredar mi aspecto físico, mis modismos culturales, sociales, religiosos, sentimentales y, ¿por qué no?, también mi manera de accionar. Si suelto todas estas “cargas” (enfermedades) que aprendí y traigo desde que nací, puedo intuir que “no soy nada ni nadie” y el estímulo externo dejaría de accionar una respuesta, como el peregrino que se sienta en el banco de la plaza a descansar, mientras mira asombrado las caras de las personas locales que apuradas corren a “su hacer”. En la quietud de su descanso, pasa casi desapercibido al caos que lo rodea, aunque su mente le recuerda vestigios de la vida que dejó en el pasado antes de empezar su peregrinaje no se siente motivado por ese estímulo a entrar en acción.
Soltar todo y “empezar” a caminar hacia un destino incierto y sin garantías de “llegar”, en realidad genera (en el peregrino) el mismo estrés (o estado) al cual te estás escapando al principio. ¿Entonces? ¿El final es igual al principio? ¿Cuál es el sentido?
¡El camino! ¡Escucho desde mi espalda!
Me doy vuelta y me he quedado nuevamente dormido. Veo al zorro y la cueva nuevamente. El paisaje ha cambiado, está todo muy blanco, ha nevado. Me da la sensación de frío, y dentro de la cueva se refleja una luz roja punzante. —¿Y ahora qué pasó? —le pregunto al zorro.
—Ha llegado el pez rojo, está preocupado, dice que quiere hablar contigo.
—¿Conmigo? ¡Yo no conozco ningún pez rojo!
El zorro me mira nuevamente con su mirada desconfiada y me dice:
—¡Aprovecha esta noche, probablemente no puedas volver aquí! Tienes poco tiempo para recuperar lo que has perdido hace 4 años atrás en tu mundo, aunque aquí solo haya pasado uno.
—Yo no sé qué he perdido, hace mucho de eso y yo estaba muy dolido y confundido. Solo recuerdo al niño, el balde verde y al pozo del desierto.
—¡Has perdido el Espíritu del Río y con él, al niño! Otra vez la víbora del desierto te ha hecho perder el camino. ¡Te lo advertí! Lamentablemente no podré seguir ayudándote. En un movimiento rápido con su garra, corta el hilo que me sujeta a mi cuerpo y me dice: —Ahora entra que el pez rojo te está esperando con las respuestas. Ten cuidado, la cueva ha cambiado. Hay un nuevo reto para ti. Él representa todos tus deseos reprimidos y no dudarán en atacarte.
—Pero yo, ¿qué he hecho para estar aquí?
Todo se inunda de una sombra sepulcral y detrás mío siento pasos como de un toro. Cuando volteo, veo que tiene cuatro patas, torso de humano, su cara es de furia, sus ojos están rojos de ira y tiene dos cuernos. Empiezo a correr por la cueva y me doy cuenta que ahora es un laberinto, doy vueltas y vueltas hasta que conecto que cada latido de mi corazón enciende una luz roja en el centro. Empiezo a buscar los pasadizos que me llevan allí, mientras siento a mis espaldas el rugir de ese monstruo que no cesa de buscarme. Al llegar al centro, hay un pozo encerrado con una cúpula de cristal, arriba, en la cúspide de la misma hay un hueco como si fuera un ojo. Desde dentro, una voz dulce me dice:
—Aquí estoy, ¡volví!
Cuando miro hacia abajo, veo que el agua ha cambiado de color a verde y que un pez rojo y blanco da vueltas en él.
—¿Qué haces aquí? La víbora del desierto me dijo que no existías — Subo a la cúspide y le grito.
—Ven, baja antes de que la bestia te encuentre.
—No puedo, siento miedo, ¡está muy alto!
—Es parte del proceso —me dice—, no podrás continuar si no saltas.
Cierro fuerte los ojos, respiro hondo y, cuando salto por el hueco, siento como la mano del minotauro roza mi cabeza.
Caigo al pozo como en cámara lenta, siento que ya he estado aquí, en este estado, me siento confundido. Cuando llego al agua, la bestia empieza a romper el cristal de la cúspide para poder entrar y, desde el hueco en la cúspide, empieza a caer agua como si fuera una cascada.
—¿Qué pasa? —le pregunto al pez.
—La Luna ha liberado el manantial nuevamente para que podamos escapar. Tómame fuertemente, tendremos que ir hacia arriba, contra la corriente.
Ya sin hilo que me devuelva a mi cuerpo, no tengo más alternativa que aferrarme a la cola del pez con todas mis fuerzas. Tomo aire y el pez empieza a nadar hacia la cúspide. Al paso del cristal, el minotauro enfurecido lo rompe de un cabezazo e inunda toda la cueva y empieza a ahogarse. Alcanzamos a subir por el hueco de donde cae fuertemente el agua cristalina. Está todo oscuro, pero con luz plateada de la luna se deja ver hacia la cúspide de la cascada, el pez sigue subiendo y veo que su color empieza a homogeneizarse a rojo. En el camino, pasamos por varias puertas que parecen diamantes de colores, cuando ingresamos por la punta del diamante se generan tres reflejos de cada lado, como si los recuerdos se fregmentaran en distintos puntos de vistas mientras los atravesamos. el primer diamante es rojo tres reflejos muestran recuerdos de miedo y tres de instinto; el segundo diamante de color naranja muestra tres reflejos de recuerdos de culpa y tres de placer; el tercer diamante de color amarillo muestra tres reflejos con recuerdos de vergüenza y tres reflejos con recuerdos de poder; mientras seguimos subiendo el cuarto diamante de color verde muestra tres reflejos con recuerdos de dolor y tres con amor; el Quinto diamante de color celeste muestra tres reflejos de recuerdos de mentiras y tres con verdad; el sexto diamante de color azul muestra tres reflejos de ilusines y tres de percepción; y por último el séptimo diamante o puerta de color violeta muestra 3 reflejos de apego y 3 reflejos de conexion cósmica. Luego impulsados como un cohete hacia la luna, salimos al oscuro cielo y como un barrilete color rojo, conmigo agarrado de su cola haciendo contrapeso, quedamos serpenteando entre la constelación de Escorpio y Sagitario que con su flecha nos marca hacia dónde tenemos que seguir.
—Hemos llegado —me dice el pez, (ahora rojo), flotando como si fuera aire lo que nos sostiene.
—¿Adónde? ¿Por qué no caes?
—A donde todo comenzó. Ahora tienes que ocultarme en la cubeta verde y llevarme hasta el mar. Así recuperamos al niño y al Espíritu del Río.
—¿A dónde todo comenzó? ¿Ya he estado en este lugar? ¿Este no sería el final?
—Claro, aquí te trajeron tus antepasados, en el planeta de los sueños. ¿Los recuerdas?, este es el comienzo! mira al este!
—¿Acaso estoy en las estrellas? miro a mi alrededor y las constelaciones se iluminan como un reloj de estrellas —Eso que se ilumina bajo las constelaciones que es?
– Eso es el camino al sol!!!, es el único tiempo válido y es solamente tuyo, no te dejes engañar!!!
Dicho esto, una luz blanca me encandila se acerca y me toma de la mano, llevándome hacia mi cuerpo en el hospedaje y me dice:
—Es tiempo de despedirnos, ahora sigues por tu cuenta. Ya has derrotado todos tus miedos, encontrado tu tiempo y tienes las indicaciones de Sagitario para dónde continuar, no tienes nada por temer, lleva el pez rojo al mar para que te ayude a encontrar al niño y al espíritu del Río.
Me despierto en el hospedaje, todo sudado. Son las 6 de la mañana está amaneciendo, lloro, no me gustan las despedidas. Me levanto a la cocina, está todo oscuro y en silencio, preparo el Mate, suspiro. Intento conectarme nuevamente con el servidor para realizar los trabajos que tengo atrasados en la oficina. Ya hay conexión. Al lado mío, en un rincón, está la bombona de gas que me entregó el peregrino francés por si continuaba a Finisterre. Me río, fue uno de los sueños más locos que tuve en mi vida. Me concentro en el trabajo, termino los balances pendientes, contesto todos los mensajes, me doy cuenta que la situación económica y emocional en mi país (de origen) no es buena, son tiempos difíciles, siento una sensación como de melancolía. Guardo la tablet. El sol ya ha salido en Santiago. Preparo la mochila y la dejo lista en el hospedaje para ir a dar una vuelta a ver si me puedo sacar este sentimiento. Entro en la plaza Obradoiro, que hace 2 días fue uno de los momentos más felices de mi vida, un sueño cumplido. Ahora lo siento como algo viejo. Veo peregrinos llegar con alegría, abrazarse, pero me siento vacío, ya no conozco a nadie. El sol se pone abrasador. Busco el gorrito de Victorio y el verde con la pluma que me acompañan desde el comienzo del camino. Siento un susurro, me doy vuelta , no hay nadie, es sólo una briza. Me siento a meditar frente a la catedral, tratando de entrar a las puertas del desierto, ansío que venga la luz blanca nuevamente a buscarme, sentir su paz y su alegría , No pasa nada. Intento, paso una hora respirando diafragmáticamente, con la playlist de los cantos gregorianos en el auricular, y nada, no puedo entrar en meditación. Me siento solo, más aún con la plaza llena de gente. Me espabilo y me levanto. Un peregrino en bicicleta me pide que le saque una foto. Le hago el favor, veo su cara de felicidad, (recuerdo la misma que tuve cuando llegué), le indico dónde queda la oficina del peregrino para buscar la compostela. Me agradece y me pregunta:
—¿No vas a Finisterre? Dicen que ahí es donde ocurren los grandes finales.
Me acongoja escuchar la palabra "final". Yo ya estoy en uno, pienso, y al instante, al ver mi cara, me dice:
—O podrías ir a los grandes comienzos.
—¡Muxía! —y dentro mío sale un cuestionamiento: ¿será la oportunidad de volver a empezar? o ¿será que el viaje ha terminado?
Le digo que todavía no lo tengo decidido y vuelvo al hospedaje a comer. Ya mi cuerpo está recuperado. Me pongo a investigar un poco sobre Finisterre y Muxía, veo las simbologías del número 33, empiezo a recordar el sueño de anoche, el viaje por las estrellas tomado de la cola del pez rojo suspendido en el aire como un barrilete. El camino dorado del Sol bajo las estrellas… ¿Será que de ahora en más seguiré yo solo?, por la tv del hospedaje anuncian que el temporal que azota a Galicia no sucede desde hace 40 años, no tengo miedo. Recuerdo que le dije a Victorio que recorreríamos con él toda la tierra de sus ancestros, el alargue a Finisterre o Muxia no me parece tan descabellado. son 129 kilómetros más de los 779 km ya recorridos. Me recuesto en un sillón y me quedo dormido. Cuando despierto, la luz del atardecer se filtra por la ventana, tiñendo la habitación con tonos cálidos y envolviéndome en una sensación extraña, entre la realidad y el sueño. Me siento un poco confundido, como si algo hubiera cambiado, ya no tengo alterada mi conciencia, no más sueños astrales, ni viajes a la cueva, me siento en Paz. Sobre la mesa hay un papel rojo, doblado con cuidado. Lo tomo y lo abro lentamente, sintiendo que el corazón me late más rápido.
"El niño y el Espíritu del Río esperan. No tardes."
La frase parece escrita para mí, como si alguien supiera exactamente lo que buscaba. Antes de que pueda procesarlo del todo, una ráfaga de viento atraviesa la habitación, llevándose el papel de mis manos, lo veo volar, girando en el aire con una gracia inquietante, hasta que finalmente se esconde dentro de mi sombrero verde con pluma, que descansa en la silla junto a la cama. El sombrero, por un momento, me recuerda al balde verde del desierto, y el papel rojo trae a mi mente al pez y al barrilete del sueño. La pluma del sombrero agitándose levemente con el viento me da un atisbo de libertad, como un susurro que me invita a continuar. Me acerco despacio, como si temiera romper el momento. Tomo el sombrero y lo sostengo por un instante, sintiendo su peso y el papel oculto dentro. Afuera, las campanas empiezan a sonar, marcando el final del día. Me coloco el sombrero con cuidado. El cielo, teñido de rojos y naranjas, se extiende hacia el horizonte. Tomo la mochila y la guitarrita, camino hasta el umbral del hospedaje y respiro profundamente, dejando que el viento me envuelva.
Miro al oeste, donde el camino parece esperarme. Pero la terminal de ómnibus está al este, con su luz más tenue, me llama en susurros.
No sé aún cuál será mi destino, pero algo dentro de mí entiende que la respuesta no está en llegar, sino en seguir avanzando. Y con eso, doy el primer paso…
Gracias por llegar hasta aquí, hace justo un año que me prometí escribir lo que realmente sentí cuando pude salir del trastorno de estrés Post traumático, que luego reviví en el camino de Santiago de Compostela. Las palabras no hacen mérito a las dos experiencias, y cómo la experiencia no se puede transferir hice mi mejor esfuerzo para dejar mi paso por esta tierra santa. Estos escritos serán editados, corregidos y completados con los que lamentablemente tuve que sacrificar para que no sean tan extensos en la plataforma del cafecito (blog) y se convertirán en mi primer libro. Entre sus relatos se esconden profundas analogías, comparaciones y simbologías de sanación. No las desperdicies con una lectura rápida, investiga, no abandones la curiosidad. Espero con este libro o escritos dar mi granito de arena y poder ayudar a las personas que se estén recuperando de algún trauma o trastorno. Nunca dejes de aprender. el que abandona no tiene premio. El premio es seguir caminando. Que tengas un muy Feliz año Nuevo. que las puertas de Jano produzcan la salida del laberinto y de la fiera mental para que todos podamos realizar nuestros sueños. Te veo del otro lado Feliz 2025.!!!!
Te quiero mucho. 🌈❤️🥾
Fido.
Ver más
Compartir
Creando imagen...
¿Estás seguro que quieres borrar este post?
Debes iniciar sesión o registrarte para comprar un plan