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Etapa 32: Entrando a la tumba de Santiago
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Adentrados en la Plaza Obradoiro de la catedral de Santiago, cantidad de peregrinos se aglutinan entre abrazos y risas, algunos sentados y otros acostados en la ancestral acera, descansando “de quien sabe cuantos kilómetros recorridos", millares de mochilas y bastones con el cotorreo constante de miles y miles de personas culminando su camino, unos esperando y otros llegando a este lugar tan lontano o deseado al comienzo. Luego de las fotos, videos y los saludos telefónicos a los de acá y los de más allá, se empiezan a correr boca en boca, las indicaciones para ir a la oficina central del peregrino para retirar la “compostella”, ese Papel que simboliza para algunos una meta, para otros un sueño cumplido!!!. Las emociones toman el control de muchas partes del cuerpo, muchos lloran, otros se toman los pies, el rostro, la cabeza, otros no paran de hablar, algunos los más introspectivos necesitan su espacio de silencio y soledad, otros recostados en el suelo con su mochila de almohada cierran los ojos. En el ir y venir, más y más peregrinos llegan y la alegría se renueva en cada llegada, como si todos fuéramos uno, la imponente catedral testigo de tanta energía nos espera. Al hacer los trámites en la oficina del peregrino, luego de la exhaustiva revisión de los sellos que documentan que realice el camino desde Saint Jean Pied de Port (Francia), la dependienta (peregrina también) me pregunta si voy a hacer el alargue a Finisterre (el final del mundo) o a Muxia (los nuevos comienzos), le digo que recién estoy disfrutando de llegar, que todavía no lo he decidido! también le comento que me he enterado en Saint Jean su existencia (en el inicio del camino), me mira sonriente y me regala un nuevo pasaporte diciéndome, con un guiño de por medio, “te lo doy por las dudas”, Sonrío y lo guardo en mi bolsillo, me da la compostella y paso a la tienda de souvenires contigua, para luego siguiendo las indicaciones, me adentro a la salida que me esperan los peregrinos más conocidos y nos vamos a almorzar a un restorán italiano, afuera llueve de manera torrencial, luego del postre y de las emotivas salutaciones de despedidas (ya que muchos en ese mismo instante ya emprendían el viaje a sus lugares de origen). Tomo mi mochila y mi guitarra para buscar el último hospedaje, veo que el hospital oficial de la diócesis, tiene una fila interminable de peregrinos que desean dormir su última noche en él, busco otra alternativa ya que el cansancio no me permite gestionar tanto tiempo, llego a The Last Stamp (El último Sello), hago el check-in con el correspondiente último sellado de mi pasaporte de peregrino y procedo a acomodarme, bañarme y salir a buscar una de las últimas cenas de este peregrinaje. Luego de un recorrido corto por la ciudad, ingreso a la catedral, me dicen en la entrada, unos de sus empleados, que la misa del “botafumeiro” es mañana, que es un espectáculo único, que no me lo pierda, le agradezco la información y me adentro a contemplar todo su esplendor de simbolismos, su magnitud es imponente, y el retablo mayor es algo que no vi nunca en mi vida, por unos de sus costados está el ingreso para “abrazar la imagen de Santiago” que se encuentra en el centro del retablo, previo pago de la módica limosna de 25 euros y de la fila de interminables creyentes que esperan ansioso abrazar la imagen; decido de pasar por el costado para seguir contemplando las simbologías y luego el cansancio me vence nuevamente, me retiro al hospedaje pasando por un local de comidas para llevar y así usar el comedor del hospedaje, no me parece oportuno en este momento seguir gestionando energías para cocinar. Una vez en el hospedaje comparto la cena con otros peregrinos y ya me dispongo temprano a acostarme a descansar, abro el ventanal de la habitación que da a la parte posterior de la catedral y al resplandor de la luna llena que se deja vislumbrar en el piso al lado de mi cama, me dispongo a descansar, me siento muy movilizado por las emociones, hoy ha sido un día agotador entre tantas despedidas y el proceso de gestión de la culminación del camino, empiezo a respirar hasta que me quedo profundamente dormido. Sin embargo, como tantas otras noches de este peregrinaje, mis sueños no eran simples por los altos niveles de estrés (gestionados por el cansancio). Me vi nuevamente elevado, como si una fuerza me separara de mi cuerpo. Desde las alturas, podía observar mi figura descansando, conectada por un fino hilo rojo y plateado que parecía pulsar con cada respiración. La niebla comenzaba a entrar por la ventana, envolviendo todo con un aire etéreo. En ese instante, me encontré de nuevo en la entrada de la cueva. El zorro estaba allí esperándome, con la misma mirada desconfiada e indiferente. “No entres,” dijo, con un tono seco que resonó en el eco de la cueva. “Ya no hay nada que buscar. Todo está inundado.” Ya no hay Pez, no hay luz, ni cantos, ni risas, tampoco la araña se deja ver!. Su voz era una mezcla de advertencia y resignación, como si quisiera que aceptara la derrota. -¿Qué pasó? fue mi respuesta. luego de un suspiro y una pausa el zorro continuó: la araña luego de que te fuiste escapando de sus trampas, en un arrebato de ira y envidia, quiso matar al pez blanco, el grito de advertencia de la luna liberó el agua de la montaña y estremeció al sol que envió al “espíritu del río” para parar la masacre!, el Pez Blanco se asustó tanto por el ataque, que se sumergió en el fondo del pozo y cayó en el vasto y oscuro mar para salvarse, por suerte, detrás y en silencio, el espíritu del río lo siguió para iluminar su camino. Luego de asimilar en silencio toda la historia, algo dentro de mí me impulsaba a seguir, a no darme por vencido. Mientras me acercaba al portal de la cueva, escuché un murmullo, como una voz que venía desde las profundidades. “Si decides seguir adelante, debes enfrentarte a tres pruebas.” Era una voz distinta, ni masculina ni femenina, parecía la sombra de un escorpión que se deslizaba frente a mí, sinuosa y precisa, como un presagio que no podía ignorar. Las pinzas se abrían en el aire, mientras la cola, en un arco tenso, terminaba en esa punta oscura que parecía latir con amenaza. Sus patas, finas y ágiles, tejían líneas inquietantes en el suelo. Había algo hipnótico en su silueta, una advertencia muda de que lo pequeño también puede ser letal. Y yo, atrapado en su danza, no podía apartar la mirada. El aire se volvió pesado, y ante mí se desplegaron “tres caminos”, cada uno iluminado por una tenue luz en el fondo que parecía susurrarme promesas.
El camino de la izquierda brillaba con una luz cálida, reconfortante. El escorpión me habló con suavidad: “Tu cuerpo está cansado. Has llegado lejos, más de lo que muchos jamás imaginaron. Aquí puedes descansar. Puedes dejar atrás todo el esfuerzo, toda la lucha. Todo lo que necesitas está a tu alcance. ¿Por qué seguir? ¿No te has ganado este descanso?”. El calor del camino parecía envolverme, ofreciendo un alivio tentador. El recuerdo del dolor de mis piernas, y el deseo de rendirme a esa comodidad se hacía casi insoportable. Pero en el fondo, sabía que ese descanso no era el final que buscaba.
El camino de la derecha era diferente: frío, brillante, lleno de imágenes de grandes logros y conquistas. El escorpión cambió de tono la voz, volviéndose más aguda, casi desafiándome: “Eres más que un simple peregrino. Tienes el poder de entender, de controlar tu destino. Solo necesitas aceptar tu capacidad. Todo puede ser más sencillo si dejas de dudar, si tomas el control.” Mi mente comenzó a girar alrededor de esa idea. ¿Qué pasaría si pudiera controlar el resultado de mi viaje, si pudiera decidir mi destino? Era una tentación poderosa, pero en mi interior sentía que buscar control total era apartarme de la humildad y la vulnerabilidad que me habían acompañado en todo el camino.
El camino del centro estaba envuelto en una luz suave y brillante, casi divina. La voz del escorpión se volvió profunda, reconfortante, casi seductora: “Aquí está la verdad que buscas. Aquí están los secretos que solo unos pocos pueden conocer. No necesitas seguir buscando. Todo lo que anhelas está aquí, a tu alcance. ¿No quieres ser parte de esta luz infinita?”. Por un momento, sentí que mis pasos se detenían. La promesa de comprensión total, de conocer las respuestas a todas mis preguntas, era abrumadora. Pero luego recordé: “el camino nunca había sido sobre obtener respuestas fáciles”. El verdadero aprendizaje no estaba en “poseer el conocimiento”, sino en “vivir la experiencia, aceptarla y soltarla, con todo lo que implicaba”. Al rechazar las tres propuestas, todo se volvió neblinoso, de repente, me encontré de nuevo frente al portal, con el zorro a mi lado, mirándome fijamente a los ojos me dice: No trates de engañarte con alguien creyendo que es o puede ser igual que tú; hay personajes que sacarán su maldad sin importarles las consecuencias de sus actos, y pueden dañar e incluso dañarse a sí mismos con tal de cumplir su ley. Al escuchar esto, di media vuelta, tomé el hilo fuertemente con mis manos para regresar al camino. Sentía en mi pecho una claridad nueva, una especie de alivio por no haber cedido. No necesitaba rendirme al descanso absoluto, al control total ni al conocimiento divino. Mi fuerza estaba en seguir caminando, en abrazar cada paso con fe y humildad. Luego de esta reflexión empiezo a sentir una gran tensión que me lleva de inmediato a mi cuerpo y a la cama del hospedaje, para despertarme con un gran calambre en mi muslo izquierdo, grito del dolor pero nadie me oye, trato de levantarme y no puedo ¡Acaso el escorpión me ha picado! o ¿estaré dentro de otro sueño?, Claro estoy nuevamente en una pesadilla!, automáticamente me miro las manos y siento una gran luz que baja, se acerca, abraza mi sudado y tambaleante cuerpo y me dice que esté tranquilo, que ya todo va a terminar, que no abandone, pronto podré descansar de todo, me abraza y siento una gran paz.
Cuando despierto, el sol ya se había levantado, llenando la habitación con una luz suave. Mis músculos y piernas aún dolían, pero el peso en mi pecho había desaparecido. Había enfrentado algo profundo en mis sueños, algo que no comprendía del todo, pero que sabía que me había transformado. Me levanté, bebí agua y salí al comedor para encontrarme con los demás peregrinos, (Repito en mi mente) ¡uff por suerte fue todo un sueño! , trato de recuperarme para ir al tour por el Pueblo pero tengo todo el cuerpo muy adolorido, decido volver y quedarme recostado, es el primer dia que no tengo que hacer la mochila, me siento incómodo por dejar la rutina de estos 30 días ininterrumpidos de peregrinaje, angustiado por los amigos peregrinos que despedí ayer y probablemente no volveré a ver y feliz por haber cumplido el sueño de llegar a Santiago. Me dormito intensamente y me despierto al mediodía, bajo al comedor del hospedaje y ya hay peregrinos recién llegados almorzando, me preparo mi almuerzo el mate y entran los franceses que venían de hacer el tour por la villa, me comentan que a las 18hs es la misa en la catedral de Santiago con el “botafumeiro” y que ya mañana parten para su país, vuelvo a la pieza y me quedo recostado hasta ese horario y me adentro nuevamente en la Catedral de Santiago la misa se celebra con normalidad, reconozco muchas caras amigas, algunos que se quedaron de ayer y otros que llegaron hoy también, lo saludo por lo bajo, empieza la procesión del péndulo con 8 cardenales vestidos de rojo en el centro del altar, tirando de unas cuerdas y al compás “como de un reloj” el botafumeiro empieza a ir de aquí para allá, larga el humo del incienso (como si fuera una niebla), el sonido del gigantesco órgano sobre mi cabeza, y los cánticos (todo me suena familiar), trato de respirar para bajar la emoción, entro en una especie de trance y de repente pum! estoy en la puerta del desierto.
Está de tarde, oscureciendo, veo el sol bajar por las dunas del occidente, apuro mi paso, en dirección al ocaso del sol, para encontrar el pozo donde deje la cubeta verde con el pez Blanco y Rojo para contarle la historia del pez blanco que fue atacado en la cueva por la araña, siento que en cada paso que doy, algo susurra y me sigue por la arena, trato de no distraerme para no ser nuevamente engañado y perder el camino!. Llego y veo el balde verde tumbado en el piso, me asomo por la cúspide del hueco y grito hacia abajo y no oigo nada, tampoco puedo ver, en mi espalda siento un escalofrío y un susurro que me dice: si quieres ver nuevamente al pez te ofrezco un trato, aterrado en darme vuelta para no manifestar la forma en la que me condicionó mentalmente la voz en el pasado, le digo: ¿Que quieres?, - Si me dices dónde está el Espíritu del Río, puedo ayudarte en lo que buscas. -* ¿Qué propones? Le digo, me replica con otra demanda, "¿Qué buscas aquí, peregrino?" dijo la voz, clara y profunda, como el eco de un río subterráneo. No sentí miedo esta vez, sino una calma inquietante, como si las palabras resonaran dentro de mí.
"Busco al pez blanco y rojo," respondí, mi voz firme pero serena. "Quiero contarle lo que aprendí en el camino." La voz pareció sonreír, no con burla, sino con una sabiduría antigua. "¿Y qué has aprendido?" . Guardé silencio. Mis pensamientos se agolpaban, tratando de encontrar respuestas definitivas, pero todas parecían insuficientes. Finalmente, dije: "He aprendido que el camino es tan importante como el destino. Que el dolor y la alegría son compañeros inevitables. Y que, aunque buscamos respuestas, a veces debemos aceptar el misterio y la incertidumbre." -"Sabias palabras," dijo la voz. "Pero dime, ¿Qué harías si el pez no estuviera aquí? ¿Si nunca lo encontraras?". Esa pregunta me atravesó como una flecha. Sentí un vacío en el pecho, un eco de todas las dudas que me habían perseguido desde que empecé mi viaje. "Seguiría caminando," respondí al fin. "Porque el camino no depende de lo que encuentre al final, sino de lo que descubro en cada paso." La voz se elevó, como el viento sobre las dunas. Pocos llegan a comprender eso, peregrino. Muchos buscan respuestas inmediatas, “grandes verdades que llenen sus vacíos”. Pero el verdadero poder no está en encontrar, sino en seguir buscando. "Entonces, ¿por qué me guías aquí?" pregunté, sintiendo que el pozo frente a mí ocultaba algo más que oscuridad. "Para que comprendas que todo lo que buscas ya está dentro de ti," respondió la voz. "El pez blanco y rojo, el Espíritu del Río, incluso yo... somos reflejos de lo que ya llevas en tu interior. No vine a confundirte, sino a recordarte." El calor del desierto pareció disiparse, y una brisa fresca acarició mi rostro. Por un instante, sentí una claridad que nunca antes había experimentado. La voz continuó, con una calma que parecía abrazarme, muchos han venido aquí buscando poder, gloria o certeza. Algunos aceptaron esas ilusiones y se perdieron en ellas. Pero otros, los más sabios, comprendieron que lo que buscaban no estaba en las riquezas ni en los títulos, ni sellos. Uno de ellos fue un niño que quería volver a su estrella. Yo lo ayudé a comprender que su hogar no estaba en un lugar físico, sino en el amor que llevaba dentro."
"¿El Niño?" susurré, asombrado.
"Sí," dijo la voz. "Él entendió lo que pocos entienden: que las respuestas no están fuera de nosotros, sino en lo que somos capaces de dar y recibir. Su estrella siempre estuvo en su corazón. Y ahora, peregrino, la pregunta es: ¿Dónde está tu estrella?". Sentí un nudo en la garganta, pero también una paz que no podía explicar. Miré hacia el pozo, ya no con miedo, sino con gratitud. No había necesidad de bajar. El pez, el río, todo estaba allí, en mí.
Cuando me giré para continuar mi camino, la voz habló una última vez. Recuerda, peregrino: el vacío no es un enemigo, sino “el espacio donde el amor y la fe crecen”. Sigue caminando, “no para llenar, sino para compartir."
El sol desapareció tras las dunas, y con cada paso sentí que dejaba atrás no un desierto, sino una parte de mí que ya no necesitaba, todo vuelve a la oscuridad, veo el punto blanco y regreso nuevamente a la Catedral de Santiago. La Misa del Peregrino a culminado. Saludos a todos los conocidos y me voy para el albergue en el camino me encuentro al Francés que había acompañado al correo en Burgos, festejamos el encuentro y por medio de una aplicación del móvil, me traduce que su paquete había llegado hoy a Santiago. si no le hacía el favor de acompañarlo, lo veo feliz por la noticia, miro la hora de cierre del correo español y faltaban minutos a lo que usando la misma aplicación para traducir le pongo Corre!!! y bajo la lluvia, en ojotas y riéndonos vamos rápidamente a buscar su paquete. Una vez en el correo los empleados encuentran “el tan peligroso paquete”!!! que sólo contiene entre ropa y otras pertenencias, una garrafa de cámping en su interior, El peregrino francés, (se ríe con un poco de bronca por todo lo que tuvo que pasar por esa encomienda) me agradece el favor. me pregunta si voy hacer el alargue a Finisterre o Muxía, le digo que no lo tengo decidido y como gesto de agradecimiento y con un gesto de gracia, me regala la garrafa “por si la puedo llegar a necesitar". Luego al sonido de buen camino nos despedimos, sabiendo tal vez que nunca más nos volveremos a encontrar.
Al regresar y a sabiendas que mañana va a ser probablemente mi último día en Santiago. preparo el mate y me dispongo a realizar trabajos online que tengo atrasados por tantos días de peregrinaje. al intentar conectar con el servidor me dice que está fuera de línea, como lo estoy yo en este instante después de este intenso día. Cierro todo y me adentro a la habitación que marcará mi 2 noche en Santiago. Ya más tranquilo, relajado y con mi cuerpo un poco más descansado, espero mañana tener la posibilidad de realizar los trabajos pendientes.
No te pierdas la última etapa de esta hermosa travesía por las 33 etapas del Camino Francés a Santiago de Compostela.
Nunca dejes de aprender, el que abandona no tiene premio.
te quiero mucho ❤️
Fido
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