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ramellofranco

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Introducción @la Delta...

¿Por qué (o para qué) el alargue a Finisterre o Muxía? No existe vivencia más compartida entre humanos —y sin embargo más desorientadora— que el roce áspero con el “otro”, La otredad del encuentro! .En este camino ancestral, dónde la mayoría del viaje vas a tu ritmo y solo, faltan Compañeros o Adversarios que nos acechen, que nos miren con amor o rencor, que nos atraigan o repelen o peor aún que nos agredan sin que alcancemos a descifrar el porqué. ¿De dónde surge esto? ¿Qué eco profundo resuena? ¿Qué pasaría si esa otredad se manifiesta como una parte de tí? o mejor dicho: y si te das cuenta caminando que siempre estuviste solo en el drama de tu vida? En la capa visible, todo se reduce a raíces sociales, cicatrices del sentir, impulsos benignos o maliciosos. Pero en la hondura del ser, cada “otro” encarna un arquetipo que despierta, un antagonista, un rol primordial,, por ejemplo: Este otro cómo adversario del reflejo invertido… Si pudieras conectarte y ver… Aquello que nos ama o lastima “en el ajeno”, que nos pone en jaque, nos da rabia o avergüenza apunta directo a lo que hemos sepultado en nuestro interior: un fragmento negado o disociado, una llaga sin cerrar o también un potencial que rechazamos. Así, el rival no es meramente externo… sino una proyección del alma que irrumpe para desvelar una grieta interna, un desgarro no resuelto. Esto produce un eterno rencor como eco de la fractura: El rencor no brota de un anhelo limpio, sino de la percepción de estar “desconectado de la propia esencia vital”. Quien envidia, no aborrece al otro por sus logros, sino porque en su núcleo cree —con certeza absoluta— que tales dones le están vedados o negados. De ahí surge la demolición, el juicio, el distanciamiento. Si nos ubicamos en contrapartida en el disfraz del “otro” ( Polarizadamente) Tú al ser objeto de envidia, a menudo emergerá un peso de culpa o un temor a resplandecer sin freno. He ahí la lección oculta: afirmar la propia luz sin mendigar aprobación, sin ceder al vacío ajeno o entregarnos por completo a la “persecución como proyección grupal” La persecución emerge cuando un ser se convierte en depositario de lo intolerable para la masa: la verdad cruda, la singularidad, la fragilidad expuesta (vulnerabilidad) o el dominio innato (don). Este pulso subterráneo para erradicar lo que amenaza el equilibrio impuesto. Más tras esa agresión yace el Miedo. Miedo a lo impredecible, a lo que escapa al control, a lo que no se puede medir, ni mucho menos dolarizar!!! (¿Ya hiciste el Reel Gracioso? Pum pum pum!!!) El espíritu perseguido suele ser convocado a un sendero único, a un camino solitario, a invocar una potencia latente (como los latidos de su corazón), a romper con la complacencia mediocre de sus perseguidores Entonces… ¿para qué sirven los arquetipos, los antagonistas, los rencores y las persecuciones? Son arenas movedizas o simbólicas en este gran desierto, donde el psiquismo choca con sus bordes. No para padecer en vano, sino para delimitarse, templar su esencia, hallar su eje inquebrantable. Sin fricción no hay maduración. Sin roce con las tinieblas no hay alumbramiento. Lo oscuro seguirá ahí esperando por ti, te acompañará en cada paso, en cada suspiro en cada “Emoción”, no te dejes engañar por la oscuridad. Saca afuera esa luz, comparte ese lenguaje que te ha estado ayudando desde tu nacimiento, amigate con el lenguaje del alma, y ponte atento por que lo que viene tiene mucho de ti, de mi y de todos…. Por lo pronto yo sigo caminando… por suerte se ha levantado un poco de viento… lindo día para remontar un barrilete!! Que las ideas no lleven por el camino de la ilusión. Nunca dejes de soñar!!! ¡Te quiero mucho! Fido.
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