Pasamos toda nuestra vida siendo dueños de nuestro cuerpo y mente. Por ende, nada mejor que hacer de ellos un lugar seguro y sano tanto física como emocionalmente para estar.
Hay que alejarse de los pensamientos negativos, de las malas energías y de personas o lugares que consumen toda nuestra luz, porque aunque suene raro, es cierto que muchas veces nos apagan o nos absorben esa magia que llevamos dentro.
Es hora de empezar a cuidarnos y hacer cosas que nos hagan bien, pues no vinimos al mundo a cumplir las expectativas de nadie, solo las nuestras, aquellas por las que luchamos y nos desvelamos pensando en alcanzar, pero a nuestro ritmo y gusto, no el de los demás.
A veces, invertimos tanto tiempo en hacer felices a otros que nos olvidamos de lo que realmente queremos, de quienes somos y de nuestra esencia.
Ahí es cuando digo que nos vamos apagando, perdiendo esa lucecita que nos hace brillar, y es cuando de a poco dejamos de ser lo que solíamos para satisfacer deseos ajenos.
La felicidad se debe multiplicar y las tristezas dividirse ya que quienes nos quieran estarán dispuestos a ello y nos harán brillar, pero para los que no tengan el deseo de hacer lo mismo y sólo sean un estorbo, es mejor alejarse y desintoxicarse de personas, lugares y situaciones que nos debiliten.
Construyamos un cuerpo totalmente positivo e indestructible, donde podamos estar en paz y ser nosotros mismos nuestro dulce hogar tan ansiado.
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