Un brote crece en medio del desierto, de la soledad y la aridez. Hizo mucha fuerza para echar raíces en un suelo seco y resquebradizo.
Fue semilla. Durmio y despertó en primavera. Salio a la luz y se relaciono con el aire. Por momentos se sintió sofocado y casi muere, pues el aire caliente y los rayos del sol del desierto quemaban como el fuego.
Sin embargo, sobrevivió.
Se mantuvo al abrigo de la luz del color y el amor.
Vinieron tormentas de arena muy intensas que lo sepultaron, sin embargo resistió.
La luz que lo rodeaba y contenía variaba de tonalidades y el pequeño brote deseaba conocer cada una de ellas.
Es pequeño, parece frágil, vulnerable y a pesar de su supuesta debilidad, es infinitamente fuerte.
Solo lo pequeño crece.
Autora: Roxana Valeria Galvez
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