En el invierno, la llamita de la vela que trasluce a través de los farolitos nos guía en la oscuridad de la noche, en una caminata con quienes nos acompañamos en esta vida.
Canciones que suenan hasta las estrellas unen los corazones y acompañan nuestro andar; el eco de esa música que celebra el milagro de coincidir, vibra también en quienes se acercan curiosos al ver este desfile de luciérnagas en la noche oscura.
¡Cuánta alegría sienten los niños y las niñas al caminar junto a su familia y amigos llevando sus farolitos!
Retornamos a nuestra interioridad. Volvemos a la fuente. El sendero nos conduce hasta un gran fuego y allí nos reunimos, en el corazón.
Los adultos buscan, escogen y preparan la leña seca de sus almas, todo lo que ya no sirve: pensamientos, sentimientos e impulsos endurecidos para la fogata del sacrificio en el propio interior.
El fuego es un proceso de destrucción pero también es un proceso de transformación y espiritualización.
“Conciencia es luz, amor es calor.”
Rudolf Steiner
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