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Carta para un árbol
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Hola Ansiedad. Soy una más de las que te acompañan. O vos me acompañás a mi.
Hace 7 años que apareciste en mi vida. En realidad, si me remonto a lo más remoto de mi ninez, siempre estuviste ahí. Como una mochila, como una sombra oscura. Mi sombra, y la de nadie más. Esa sombra no se parece a ninguna. Esa sombra está incluso cuando ni siquiera hay un halo de luz.
Recuerdo épocas en la que dormías. Sabía que estabas, pero te dejaba dormir. Era algo parecido a lo que le suelen llamar paz. Pero te despertabas fácilmente, y ahí estabas, a mi lado al cepillarme los dientes, en el café de la mañana, en el transporte público. Estabas, estás. No te perdés ni un segundo de mi vida. Compartís mis risas, mis reuniones con amigos, mis noches en vela. Vas conmigo cuando camino. En cada alegría, en cada fracaso. A veces no entendía que eran esos llantos inmotivados, ese estar pero no estar, el mirarme al espejo o tocarme y no reconocerme. A veces no entendía esa opresión en el pecho, a veces no entendía ni siquiera lo que me rodeaba. Hace 7 años lo supe. Eras vos. Por fin ese conglomerado de sensaciones tenía nombre. Desde ese momento emprendi(mos) un largo camino. Un sendero de incógnitas, de medicamentos, de vaivenes, de nubarrones y algún que otro sol. Te instalaste en mi, en mi cabeza, en mi cuerpo. Confieso que no supe qué hacer con vos. Pedí ayuda, la encontré. Pero después la perdí de nuevo. Me dijeron que eras como un cáncer, y que ibas a estar conmigo toda la vida. Me invitaron a conocerte cada vez más. Y al conocerte, más me perdí. Un día por fin entendí que eras como un árbol de raíces muy fuertes. Te quise cortar las flores, luego las ramas, luego el tronco. Pero nunca llegué a tus raíces. Y volvías a crecer... Busqué más jardineros que me ayudaran. Encontré a mi familia, a mis amigos, ya sabés. Les costaba comprender que ese árbol florecido era el más doloroso del jardín de mi alma. Entonces buscaron sus tijeras y sus hachas. Quisieron cortarte, pero no pudieron. Algunos ignoraban por completo por qué y para qué había que hacerlo. Hoy me ven hachar, cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo... Me alientan para que por fin termine mi trabajo. No estoy segura si voy a poder lograrlo... Hay días que dejo que simplemente florezcas, hasta atraparme con tus ramas, a hundirme y asfixiarme entre tus hojas. Otros días me desato con fuerza, y vuelvo al ruedo, porque no te quiero en mi.
Ansiedad, vos no sos un cancer. Sos un árbol de grandes y fuertes raíces. Me pregunto si algun día te vas a ir. No necesito tu sombra, tus hojas no me dan el oxígeno que necesito. Quiero que sepas que aún viviendo en mi jardín, siempre te voy a podar. Y algun día, quién sabe, llegue a tus raíces, y por fin pueda caminar libre, con el viento en mi cara, con la mochila vacía, con el olor a café en mi taza y vos... vos simplemente durmiendo para siempre.
Camu. Año 2016.
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