En la Audiencia General del miércoles 22 de junio, el Papa Francisco dedicó la catequesis nº15 sobre la vejez, hablando de Pedro y Juan.
En la catequesis, el Papa dice: el final de la vida debe ser “un final de vida de discípulos". Y asegura que la sabiduría de los ancianos, reside en el aprender a despedirse “bien” y "siempre siguiendo a Jesús": "a pie, corriendo, lentamente, en silla de ruedas, ¡siempre!".
Pero hay algo que nos debe hacer reflexionar, y mucho. Francisco dice: la curiosidad que le viene a Pedro: “¿Y él?”, viendo al discípulo amado que los seguía (cf. vv. 20-21). Este ¿y él?, el Papa lo ve como un "meter la nariz en la vida en la vida de los otros". Y para eso Jesús tiene una respuesta franca e incluso áspera: «¿Qué te importa? Tú, sígueme» (v. 22).
En la vida, muchísimas veces (o siempre), nos vemos hablando, opinando y haciendo juicios de valor de la vida de los demás, muchas veces sin darnos cuenta, pero cuando lo advertimos, continuamos. Y cuán doloroso es eso. Sólo imaginemos qué mal nos sentiríamos si de la vida que se habla es la tuya.
No podemos hacernos cargo de lo que hacen los demás, pero sí de lo que hacemos nosotros mismos. Recuerdo las sabías palabras que Francisco escribe en Misericordiae Vultus, o en español El Rostro de la Misericordia al convocar el año de la misericordia en 2015: "Hablar mal del propio hermano en su ausencia equivale a exponerlo al descrédito, a comprometer su reputación y a dejarlo a merced del chisme. No juzgar y no condenar significa, en positivo, saber percibir lo que de bueno hay en cada persona y no permitir que deba sufrir por nuestro juicio parcial y por nuestra presunción de saberlo todo" (MV, 14).
Que arduo ejercicio nos toca. Cuántas cosas debemos trabajar internamente, para no dejar caer a merced al chisme a un hermano o hermana. Cuánta empatía debemos manejar.
JESÚS NOS DICE A CADA UNO DE NOSOTROS: «¿QUÉ TE IMPORTA? TÚ, SÍGUEME».
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