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Darío Tarot

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Predicciones para la Argentina 2023

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Para ver los destinos de este singular país, que se llama Argentina, del que me gusta estar, transitar, vivir y caminar, decidí irme a los libros que más me puedan decir algo interesante para este “aquí y ahora”. Argentina, como ningún país en el mundo tiene la particularidad de ser cíclica, y todo lo que pasa hoy siempre se parece a lo que paso ayer, con otras caras, a veces las mismas, pero el argentino siempre se siente la baba del sapo, siempre la misma y dando vuelta en el mismo territorio sin parar. Fue así que caí en uno de los autores que más cariño le tengo en mi biblioteca, como así también más releo y consulto, por su accesibilidad, como lo es el recordado Víctor Sueiro. Palabras más, palabras menos, Víctor Sueiro, fue un periodista muy bueno, pero también reconocido en su época y muy recordado hoy en día, que paso al ojo público, cuando a principios de los ’90 hizo pública una experiencia personal en la que estuvo clínicamente muerto y volvió a la vida (resumidamente), con lo que conlleva esta singular experiencia, todo contado en primera persona y ampliamente en sus libros, en espacial los primeros, a los cuales, recomiendo mucho, porque es un autor placer. Amoroso, como toda cabra, con palabra justa, pero por sobre todo periodista de la vieja escuela, lo que lo hace un escritor tan maravilloso, como simple, trasmitiendo ideas muy interesantes (aunque excesivamente católicas, para mi gusto, no voy a mentir), con investigaciones y testimonios más que palpables. Dejo el plano físico en 2007, año del chancho, dejando muchos libros muy interesantes y con mucha información, que no ha vuelto a replicarse y que he tenido el placer de leerlos a todos, ya que, si no se encuentran en tiendas de usados, también cada tanto vuelven a reeditarse, lo que hace que sean siempre conseguibles. Entre esos libros, hay uno muy particular: “No tengan miedo”, escrito en 2002 a la luz de la gran crisis de 2001. Un año antes había publicado otro libro muy lindo “Milagros más que nunca”, cuyos casos tomaron en su mayoría estatuto audiovisual en su mítico programa “Misterios y Milagros” que paralizaba el país, todos los martes a la noche. En este hermoso libro – recopilación de diversas fuentes que lo hace visible con sus reflexiones arranca en las primeras páginas diciendo sobre nosotros: “Los argentinos, mezcla de tantas cosas, somos terriblemente amigueros – si es que existe tal palabra – y somos también afectuosos y gente de fe. Sin embargo, a veces algunos dudan de abrazar al amigo en público no sea cosa que piensen que no sé qué; otros dicen más veces la estúpida palabra “coyuntura” que “te quiero” y no es porque no lo sientan, nada de eso; muchos sienten pudor en decir la palabra “patria”, que es más que gritarla para que para decirla y muchos pasan frente a una iglesia y sienten muchas ganas de hacerse la señal de la cruz como cuando eran chicos, pero les da vergüenza, se van a creer que soy un chupacirios, ma sí, ya la pasé, no me voy persignar ahora porque estoy frente a una rotisería, y van a creer que estoy loco. Cada argentino no es solo una persona, es un personaje”. La tenía bastante fotografiada a la situación. La realidad que, frente a esta radiografía, poco podemos decir a lo que viene, ya que los últimos tiempos las cosas están más que movidas, lo que hoy está arriba, mañana esta abajo y viceversa. Eso nos hace vivir en una montaña rusa que en el año del conejo es mucho más notoria, pero también marea mucho más. Tenemos que estar atentos, pero también, tenemos que ser más benévolos con el otro, que es el único que nos acompaña con las mismas penurias o aciertos que nosotros tenemos, acá no hay gente “más mejor” que otra, eso es lo que nos hace argentinos. Para graficar esto, voy a tomar un cuento que Víctor Sueiro recoge en este maravilloso libro para no temer lo que viene, que puede retratarnos como y que hacer en este año del conejo, frente a las cosas que vienen… Espero que les sirva de reflexión para entender un poco más todo lo que pasa, porque la única manera de salir adelante es con solidaridad. La ventana. Dos hombres, ambos con enfermedades muy graves, compartían una pequeña habitación de un gran hospital. Era una habitación minúscula en un primer piso, pero gozaba de la fortuna de contar con una ventana. Uno de los hombres tenía una severa afección pulmonar y, como parte de su tratamiento, le elevaban el respaldo de la cama y quedaba así, casi sentado, durante una o dos horas por la tarde. La cama de este hombre estaba precisamente junto a la ventana. Su compañero de cuarto, mientras tanto, debía permanecer todo el tiempo quieto, acostado boca arriba y en un rincón lejano de la dorada ventana. Todas las tardes, cuando el hombre estaba junto a la ventana era puesto en su posición casi sentado, pasaba ese tiempo mirando hacia afuera. Su compañero del rincón le preguntaba que veía. Y el hombre junto a la ventaba que describía un parque. Un parque donde se paseaban patos y cisnes, no estaban muy seguro. Los chicos se acercaban para arrojarles pedacitos de pan o galletitas y apoyaban sobre las aguas del lago unos barquitos de juguetes muy coloridos e incluso algunos de los chicos armaban otros de papel que dejaban flotando y bamboleándose de acuerdo con el viento que hubiera ese día. Los enamorados caminaban por el parque tomados de la mano, riéndose de vez en cuando y diciéndose algo en secreto para volver a reír. Había flores, contaba el hombre, y canteros y juegos pintados de rojo, azul y amarillo. Al fondo, detrás de la hilera de árboles con su exposición de verde movedizo, se veía un espléndido panorama de la ciudad que se recortaba prolijamente sobre el cielo. Los días de sol el hombre junto a la ventana le contaba a su compañero que el color de todo aquello era una postal indescriptible de lo que les esperaba para cuando salieran. Y los días de llovizna parece que tenían también un encanto que vestía de gris toda la escena peo con la certeza de que volvía el color, así como ellos dos volverían a esa calle. El hombre acostado boca arriba en el rincón oscuro escuchaba con mucha atención las descripciones que le hacia el compañero, disfrutando a cada minuto y cada detalle. Oía que un chico casi se había caído al lago, pero alguien lo agarro de la remera justo a tiempo y que las chicas jóvenes estaban muy lindas con sus vestidos coloridos de verano que debían ser de tela muy liviana porque el viento hacia que las polleras revoloteaban traviesas y atrevidas. Las descripciones de su amigo eran perfectas porque el hombre acostado boca arriba en el rincón sentía que prácticamente podía ver todo lo que estaba pasando allá afuera. Una tarde muy agradable se le cruzo la feroz idea de la envidia. ¿Por qué el hombre junto a la ventana tenía el privilegio de ver todo y él debía contentarse con escuchar su relato? ¿Por qué no tenía él mismo una oportunidad? Sintió cierta vergüenza cuando admitió para sí que daría o haría cualquier cosa con tal de ver él, con sus propios ojos, todo lo que hasta entonces le estaba relatando. Una noche ya trasformada en una madrugada el hombre acostado boca arriba en el rincón estaba desvelado y mirando la semipenumbra del cielo raso cuando s compañero de junto a la ventana se despertó de golpe en medio de un ataque de tos evidentemente casi no le permitía respirar. Sus dañados pulmones clamaban por oxigeno mientras el pobre hombre intentaba desesperadamente alcanzar el botón para llamar a la enfermera. Su compañero de cuarto observaba todo desde su rincón, pero sin moverse, ni siquiera cuando la tos ceso de golpe y el sonido de la respiración dejo de oírse. A la mañana, la enfermera del primer turno encontró muerto al hombre junto a la ventana y, en silencio, se llevaron su cuerpo. El hombre acostado boca arriba en el rincón dejo pasar un par de horas y, cuando lo creyó oportuno, pregunto humildemente si no podían ahora cambiarlo a la cama que estaba junto a la ventana. No había problema con eso. Lo trasladaron, lo instalaron y lo acomodaron como siempre, boca arriba. Se fueron y quedo solo. Apenas había ocurrido eso cuando, con mucho esfuerzo y dificultad, se incorporó y se asomó a la ventana. Por ella que enfrente había solamente una enorme pared blanca. El I CHING dice: 9 - Hsiao Ch’u / La Fuerza Domesticadora de lo Pequeño. El signo representa lo pequeño, la fuerza de lo sombrío, que retiene, amansa, refrena. En el cuarto puesto, el del ministro, hay, un trazo débil que mantiene sujetos a todos los restantes trazos que son fuertes. Visto desde el ángulo de la imagen simbólica, es el viento que sopla en lo alto del cielo. Refrena el aliento ascendente de Lo Creativo, las nubes, a fin de que se condensen. Pero no es lo suficientemente fuerte como para provocar acto seguido su precipitación. El signo da una constelación en la cual, pasajeramente, lo fuerte se ve dominado, refrenado por lo débil. Esto, si ha de verse acompañado por el éxito, sólo puede lograrse mediante la suavidad. EL DICTAMEN La Fuerza Domesticadora de lo Pequeño tiene éxito. Densas nubes, ninguna lluvia de nuestra región del Oeste. La parábola procede de las condiciones reinantes en la China durante la época del rey Wen. ÉL era oriundo de Occidente, pero en esa época se encontraba en la región oriental, en la corte del Gran Soberano, el rey tirano Chou Hsin. El momento para actuar en grande aún no había llegado. Tan sólo podía refrenar al tirano en cierta medida valiéndose de palabras amables. De ahí la imagen de abundantes nubes que se levantan prometiendo al país humedad y, bendición, pero sin que por el momento se precipite lluvia alguna. La situación Río es desfavorable. Hay, perspectivas de éxito final. Pero todavía quedan obstáculos en el camino. Sólo es posible realizar trabajos preparatorios. Así únicamente mediante los pequeños recursos que brindan las palabras de persuasión, amables, puede obtenerse algún efecto. La época de la acción penetrante en gran medida aún no ha llegado. Sin embargo, se consigue por lo menos ejercer, en una medida limitada, una acción refrenadora, amansadora. Al proceder de este modo y para lograr uno imponer su voluntad, hace falta una firme decisión en lo interior y una suave adaptación en lo exterior. LA IMAGEN El viento recorre el cielo: la imagen de la Fuerza Domesticadora de lo Pequeño. Así el noble va refinando la forma exterior de su naturaleza. El viento, si bien va juntando las nubes en el cielo, como solo es aire y, no posee un cuerpo sólido, no produce efectos grandes, duraderos. Así también al hombre, en épocas que no permiten una gran acción hacia afuera, sólo le queda la posibilidad de refinar en lo pequeño las manifestaciones de su naturaleza. @dariotarot No te pierdas las otras predicciones: Generales: https://cafecito.app/dariotarot/post/predicciones-generales---primera-parte-_je30T5uP https://cafecito.app/dariotarot/post/predicciones-generales-desde-la-astrologa-mediatica-by-miriam-prieto-MNkuv$Duh Por signos chinos: https://cafecito.app/dariotarot/post/predicciones-generales-por-signos-MEv5DqcFm Por signos by Miriam Prieto: Predicciones por signo de Aries a Virgo by Miriam Prieto >>> https://cafecito.app/dariotarot/post/predicciones-por-signo-primera-parte-de-aries-a-virgo-by-miriam-prieto-z4RuQGkCB Predicciones por signo de Libra a Piscis by Miriam Prieto >>> https://cafecito.app/dariotarot/post/predicciones-por-signo-segunda-parte-de-libra-a-piscis-by-miriam-prieto-IWtO5HWsO Mas info: “Horóscopo chino 2023”, edición e – Book. 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