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¿Me servís un Cafecito?

Matar el Dragón (esa tarea que esquivo).

A veces tenemos tareas que se van quedando en nuestra lista, y se quedan, y se quedan, y se quedan… Si me pongo a pensarlo, es como un dragón al que no quiero enfrentarme. Me requiere mucho sacrificio, mucho esfuerzo (mental, físico, psicológico) y, ¿la verdad? A veces es necesario reconocer que no se tiene esa fuerza en este momento. No ahora, no así. Entonces nos encontramos con opciones: podemos enfrentarnos al dragón, ponernos la capa de héroe, poner música épica, cargar el escudo y la lanza y arremeter. Y tal vez logremos vencer al dragón hoy, la semana que viene, la siguiente… pero ya en la tercera estamos cansadxs y no queremos, una vez más, enfrentarlo. Porque sigue siendo mucho. La otra opción es ir derrotando enemigxs más pequeños, armándonos de fuerza poco a poco, viendo cómo, una y otra vez, tenemos éxito. Y hay una tercera opción: no hay dragón. Se trata de intentar ver primero la naturaleza de ese dragón: ¿Cuál es mi miedo? ¿Qué es lo que me detiene? ¿Qué es eso tan terrible que siento que tengo que confrontar? A veces es el temor a una respuesta, a un rechazo, a una situación futura que sólo sospecho. Muchas veces esa respuesta o esa situación dejan de ser hipótesis para convertirse en realidad… pero muchas otras veces no. Entonces… ¿es realmente un dragón? Si no sucede, ¿existió en algún lugar más que en mi mente? Si esa situación hipotética que supuestamente despertaría con mi acción no llegara a suceder… ¿podría simplemente actuar? Si se tratara únicamente de la acción, sin el resultado, ¿cuánto me costaría hacerla? Si no hubiera dragón… La idea es esa: encontrar al dragón, separarlo de la ecuación, dejar la tarea que estoy evitando en su más absoluta simpleza y recordar, como un mantra: No hay dragón. Sólo tengo que tomar el escudo y la lanza. No hace falta pelear con el dragón: es solo el escudo y la lanza, nada más. Que en tu mente quede únicamente la tarea presente, no las especulaciones sobre el futuro ni las situaciones hipotéticas. Más adelante, y si es que se presentan, podremos lidiar con ellas. Pero recordar, sobre todo: no hay dragón.
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