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Cuatro: Me metí en un cuadro, literal.
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El fin de semana que pasó me metí en un cuadro.
Literal.
Fui a la muestra inmersiva de Monet en el Teatro Colón.
Las entradas fueron regalo de Julita,
una persona realmente maravillosa.
Fue de esos regalos que no solo se agradecen
sino que llegan justo.
Colores por todos lados.
Luz que no se queda quieta.
Agua que no es agua, pero se parece.
Nada termina de tener borde del todo.
Y recordé -inevitablemente- que Monet pintaba así
porque no quería atrapar las cosas,
quería dejarlas ser.
La luz cuando cambia.
El instante antes de desaparecer.
Eso que no se puede fijar sin arruinarlo un poco.
No hay líneas duras en Monet.
Hay intención.
Hay paciencia.
Hay mirada.
Mientras caminaba entre imágenes ampliadas, moviéndose,
casi respirando, sentí algo muy simple:
yo también estaba así.
Sin borde firme.
Sin tener que definir nada.
El fin de semana fue un poco eso.
Caminar sin apuro.
Visitar lugares.
Comer cosas ricas.
Reírme mucho.
Reforzar esto de sentirme cómoda en mi propio cuerpo.
Estar presente, pero liviana.
No pasó nada extraordinario.
Y sin embargo, pasó bastante.
A veces se piensa que disfrutar viene con fuegos artificiales, y no.
A veces es solo estar.
Estar bien.
Estar en eje.
Como los cuadros de Monet:
no te dicen qué mirar,
te invitan a quedarte un rato más.
El fin de semana fue de charlas largas.
Otras sin palabras.
Risas que no explican de qué se ríen.
Esa sensación rara -y genial- de estar donde una quiere
-y sobre todo, elige- estar.
Pensé también en esto que vengo escribiendo en Des-verbada.
En no cerrar.
En no corregir demasiado.
En que las cosas tengan su propia vibración.
Quizás escribir también sea eso:
pintar con palabras sin marcar el contorno.
Decir sin encerrar.
Nombrar sin fijar.
Monet no pintaba certezas.
Pintaba percepciones.
Y eso, de alguna manera, suele dar calma.
Este fin de semana no resolví nada.
No tomé grandes decisiones.
No llegué a ninguna conclusión brillante.
Pero me sentí bien.
Tal vez de eso se trate también este espacio:
de registrar los momentos en los que no pasa “nada”,
pero algo dentro se mueve o se acomoda.
Como la luz sobre el agua.
Como el color cuando se mezcla.
Como esos días que no hacen ruido,
pero hacen sentir.
P. D.: la imagen corresponde a la serie “Nenúfares”... de Monet, ¡claro!
Cuesta saber dónde empieza el agua y dónde termina el cielo.
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