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des.verbada

Arte
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Diecinueve: Lo que no haría.

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Hay algo que me gusta mucho de hacer algo que pensé que no haría. No necesariamente porque salga bien. Sino porque después de hacerlo aparece una pregunta. Una bastante incómoda: ¿Qué otras cosas estoy dejando afuera de mi vida solo porque, en algún momento, decidí que no eran para mí? Hace poco empecé a acercarme al arte de otra manera. Primero pensé que iba a aprender y nada más. Después terminé dibujando y tocando el piano. Algo que, si alguien me hubiera preguntado hace un tiempo si podía hacer, probablemente hubiera respondido que no. No porque lo hubiera intentado y fracasado. Simplemente porque nunca había considerado realmente la posibilidad. Y eso me hizo pensar en la cantidad de cosas que damos por descartadas antes de tiempo. Yo no haría eso. Eso no es para mí. No sé hacer eso. Nunca podría. No me interesa. Y quizás algunas veces sea cierto. Pero otras no. Otras veces simplemente estamos hablando desde una versión vieja de nosotros mismos. Una que tomó una decisión hace tiempo y nunca volvió a revisarla. A veces no sabemos quiénes somos porque hace demasiado tiempo que no nos damos la oportunidad de hacer algo distinto. En los últimos meses me pasó varias veces. Con el arte. También con el trabajo. Con mi manera de pensar una consultora que durante mucho tiempo imaginé de una determinada forma y que ahora reconstruyo desde otro lugar. Y también conmigo. Porque hay algo extraño en cambiar. Uno puede pasar años intentando descubrir quién es. Y después descubrir que también puede cambiar de opinión. Que aquello que antes no quería, ahora sí. Que lo que antes daba miedo, ya no tanto. Que una decisión puede abrir una puerta que ni siquiera sabíamos que existía. Entonces crecer deja de tener que ver con encontrarnos. Y empieza a acercarse a nuestra capacidad de permitirnos perdernos un poco de vez en cuando. Salir del camino que ya conocemos. Hacer algo que no haríamos. Decir que sí cuando siempre hubiéramos dicho que no. O cambiar de opinión aunque nadie entienda demasiado por qué. Porque una de las cosas más limitantes que podemos hacer es ser demasiado fieles a quienes fuimos. Defender decisiones que ya no nos representan. Sostener versiones nuestras que ya cumplieron su función. Seguir diciendo "yo soy así" cuando, en realidad, hace tiempo que algo cambió. Hay algo muy poderoso en descubrir que uno todavía puede sorprenderse. En hacer algo y pensar: "No sabía que esto también podía ser yo". Porque después aparece otra posibilidad. Y otra. Y otra más. Como si cada cosa que nos atrevemos a hacer desbloqueara otras que hasta ese momento ni siquiera podíamos ver. Quizás por eso cambiar de opinión no sea tan malo. Tal vez no sea una contradicción, sino una señal de que seguimos prestando atención. A lo que pasa afuera, pero también a lo que cambió adentro. Crecer tiene algo que ver con eso. No con convertirnos finalmente en quienes siempre quisimos ser, sino con aceptar que todavía no sabemos del todo quiénes podemos llegar a ser. Y que tal vez haya una decena de cosas ahí afuera que hoy ni siquiera estamos considerando. Esperando apenas un paso. Uno. Para empezar a existir. P.D.: La obra de esta entrega es Mujer ante el sol naciente, de Caspar David Friedrich. Hay momentos en los que todavía no sabemos qué vamos a hacer. Pero empezamos a ver algo que antes no estaba ahí. Y a veces eso alcanza para cambiarlo todo.
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