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Siete: Cuando empecé a escribir.
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No empecé a escribir para contar algo.
O al menos, no sabía qué era.
Escribo.
Mucho.
Últimamente, sin parar.
A veces con disciplina casi obsesiva.
Otras, en completo desorden.
Y todo eso se mezcla en lo que sale.
Leo más.
Borro.
Dejo reposar.
Vuelvo.
Y, cada tanto, me animo a publicar.
Me da vergüenza.
Un poco de miedo también.
Pero lo hago igual.
Hay algo en ese gesto - mínimo, repetido -
que empieza a mover cosas.
No sé si es práctiva.
No sé si es insistencia.
No sé si es otra cosa.
Pero algo ocurre.
Se habla mucho de la suerte.
Cómo si fuera un factor aparte.
Y sin embargo...
a veces se parece bastante a la perseverancia.
A la tozudez.
A la paciencia de quedarse un rato más.
No sé si es casualidad.
Cuando algo nace desde el estómago
encuentra la forma de salir.
No siempre como una quiere.
No siempre prolijo.
Pero sale.
Durante mucho tiempo creí que había que tener todo claro antes de empezar.
El plan.
Las coordenadas.
El clima.
Y no.
Hay cosas que solo se acomodan después del primer paso.
Después de ese gesto medio torpe,
de lanzarse sin saber del todo.
Porque si algo aprendí
-más por sacudida que por elección-
es que la vida no avisa.
No es suave.
No espera a que estés lista.
Te mueve.
Y después ves.
Y en medio de todo eso,
apareció escribir.
No como proyecto.
No como objetivo.
Como forma.
Como una manera de traducir lo que pasa.
De entender, un poco.
O de no entender tanto, pero igual quedarse.
El último tiempo tuvo algo de eso.
Cosas que se dieron.
Otras que empujé.
Algunas que ni siquiera sabía que quería
hasta que empezaron a existir.
No fue solo desear.
Fue hacer lugar.
Mover algo.
Provocar, aunque sea un poco, que ocurra.
No siempre sale como imaginamos.
No siempre sale bien.
Pero cada tanto, algo encaja.
Y alcanza (y da envión) para seguir.
P.D.: la obra de esta entrega es “Composición VIII”, de Wassily Kandinsky.
Una pintura abstracta realizada durante su etapa en la Bauhaus.
Hay estructura y caos, disciplina y desorden conviviendo, como a veces me pasa cuando escribo.
Es muy conceptual.
Pero no por eso menos sensible.
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