El contenido a publicar debe seguir las normas de contenido caso contrario se procederá a eliminar y suspender la cuenta.
¿Quiénes pueden ver este post?
Para crear un post para suscriptores primero debes crear un plan
Tres: Ser pequeños.
Cargando imagen
Somos pequeños.
Eso no es nuevo.
Somos puntos minúsculos en un universo que se expande constantemente.
Una aguja en un pajar.
Un número de DNI.
Un nombre y un apellido a la hora de hacer cualquier trámite.
No soy (no somos) nadie.
Ni nada.
Y, al contrario del pánico que a muchos les genera, a mí eso no me asalta en absoluto.
Sé que soy diminuta en el universo.
Y aun así, tengo —y no solo eso, también puedo fabricar— plenitud y refugio.
Sentirlos.
Fortalecerlos.
Claro que, como todos, tengo alguna que otra preocupación.
Nada es perfecto.
Pero son muchas más las conversaciones que sostienen,
las miradas amables de amigos,
la ilusión persistente de seguir haciendo cosas.
Somos pequeñísimos.
Y aun así podemos ayudar a un amigo.
Dedicar una mirada cómplice a quien lo necesite.
Mover el cuerpo al ritmo de una canción que nos gusta
(o aprender a tocarla).
Llorar con un libro.
Abrazar.
Escribir algo que nos haga sentir algo.
A nosotros.
Y, por qué no, a alguien más.
Para mí, todo eso es lo que nos acerca a la nobleza.
Me están pasando cosas lindas.
Conversaciones raras.
Otras profundamente emocionantes.
Planes que se concretan
(y otros que, al menos, parecen estar en marcha).
Abrazos sinceros.
Ganas de hacer.
De arriesgar por corazonadas internas.
Estos momentos sé que los voy a guardar bien.
Porque también sé que, dentro de un tiempo,
voy a mirar hacia atrás (porque siempre fanática de las revisiones)
y voy a decir:
“ese fue el puntapié para todo esto”.
Por hoy, nada más.
Gracias por leer sin apuro.
P.D: la imagen que acompaña el texto esta vez es "Monje junto al mar" de Caspar David Friedrich.
Cuanta inmensidad, ¿no?
Ver más
Compartir
Creando imagen...
¿Estás seguro que quieres borrar este post?
Debes iniciar sesión o registrarte para comprar un plan