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Brindis de las piletas
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Uno se rompe de la forma más estúpida, porque es joven, porque su mente esta drogada con las hormonas de la adolescencia y sabe, está seguro, que no solo va a vivir, sino que el éxito es tan cierto que la duda es absurda, no entra en la lógica de aquella realidad.
Y salta, obvio, se arroja al abismo del otro, a las fauces de una personalidad cruel y ajena, que no conocemos o, mejor expresado, creemos conocer. Pensamos de forma estúpida que manejamos como el mejor de los conductores, que podemos sortear cualquier curva y que los cinturones de seguridad, los cascos y la ambulancia muda están de más, solo molestan en el futuro e inminente paisaje de la victoria.
Aquella baliza roja y azul nos pega en el ojo y nos intenta advertir la existencia de una variante en donde nuestra voluntad no es absoluta, donde la pileta esta vacía. Quizás nos desconcentre un poco, solo unos segundos, pero nuestra mente es fuerte igual que nuestra perseverancia, porque nuestro signo esta en el ese planeta, justo estamos dentro de la bondad del universo que conspiró para llenar esa pileta, que le puso luces y una barra libre en la esquina, que nos va a sacar una foto en el preciso momento que penetremos la superficie del agua clara. Solo que el universo no sabe que existimos, ni que le pedimos algo y que realizamos un decreto absoluto.
Y nos rompemos, obvio, porque la chica nos dijo que no, entre risas y miradas degradantes e irónicas, con ojos que nos van a perseguir durante un tiempo, que van a violar nuestra autoestima, minarla para debilitar una personalidad que ya de por si la adolescencia bastardea con gusto. Nos predisponemos a ser nuestros propios enemigos, los peores, puesto que nos conocemos y en este punto radica la efectividad del golpe.
Nadie está libre de este silicio colocado en las edades tempranos de la vida adulta, incluso muchos lo llevan de por vida. No obstante los que logran zafarse de aquel sufrimiento y saben aprender del dolor obtienen un bien de incalculable valor: el conocimiento de sí mismo.
La ignorancia es el germen del miedo, que paraliza o, incluso peor, nos hace retroceder. Poder llenarnos de libros de nosotros mismos es vital para una evolución correcta, que nuestra mente obtenga datos, experiencias, análisis, opiniones varias, estadísticas, todo lo que más se pueda recalcar sobre nuestro ser, mente, espíritu, o lo que nos consideremos en ese momento.
La honesta recepción de este conocimiento es la base para una vida de buenas decisiones, para que la sinceridad de poder decir sí o no sea nuestro guía, el pan de cada jornada, nuestra estrella. Solo así vamos a poder aprecia nuestros logros, reconocernos, amarnos.
Es el amor el que nos libera, un sentimiento crucial que debe dirigirse, de forma esencial y primera, a uno mismo. De lo contrario estaríamos incapacitados para poder brindar amor a los demás, como una maceta hueca pretendiendo albergar una planta.
Por eso brindo hoy por las piletas que nos hicieron amarnos a nosotros mismos, por el ausente agua que tanto lloramos, por más besos erróneos, por las dudas que se convirtieron en inquilinos eternos de nuestro corazón, por los aciertos que agradecemos todos los días, por saber correcta la tierra que hay en mis pies, por la sonrisa de los que amamos y, por sobre todo, la propia.
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