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Emanuel Santamaria

Escritura y literatura
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Sobre Santiago

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Hola ma, espero que este correo te encuentre bien. El otro día me preguntaste sobre Santiago y preferí escribirte todo. Son cosas que se cuentan en persona, pero no sé cuándo vuelva para Argentina. Ya sabés que cuando llegamos a Brazil conseguimos trabajo al toque. La robótica tiene mucha salida laboral, hay numerosas empresas deseosas de nuevos cerebros para modelar. Y, sobre todo, con las notas que tenía Santiago. Ni bien llegó se puso con el doctorado. Siempre lo molestaba porque no parecía vivir, pero vos sabes cómo es tu hijo, obstinado y medio autista para con el estudio. El tema es que no tardaron en darle proyectos enormes. Yo me quedé en una humilde oficina con temas complejos, pero simples a comparación, no sabés las cosas que quiere hacer esta empresa, se llama Zen, es nueva en el país. No sé si la conocés. Bueno, legalmente, no puedo decirte mucho, más sabiendo que ellos seguramente lean este correo. Así que solo diré que estaba metido en cosas muy importantes, no peligrosas (creo) pero sí enormes. La empresa nos dio una casa y auto. Estaba la opción de vivir separados, pero preferimos estar juntos, sé que vas a sonreír al saber de este detalle. Estando en un país desconocido es preferible estar cerca de los tuyos. Yo tardé un mes en adaptarme y comenzar a conocer gente. Santiago lo hizo solo una vez, pero eso fue suficiente. Lo habían becado para un proyecto espacial. Esto puedo contarlo porque ya se dio a conocer en el mundo ñoño en donde nos movemos. Tu hijo se juntaba con genios de todo el mundo que le doblaban la edad. Comenzaba a trabajar con tecnologías que cambiarían el mundo. Zen lo había adoptado como uno de sus más prometedores científicos. Hasta que conoció a Yoko. En realidad la chica se llama Griselda, ella se presenta como Luz de Luna y yo la llamo Yoko. Es una linda chica, no voy a negarlo. No es la típica tóxica que arruina a las personas, ni una víbora que le habla mal de sus amigos y parientes. Sinceramente, no tengo nada en contra… más que se quedó con mi hermano. A ver, es complicado pero voy a tratar de contarlo claro. Santiago venía subiendo en lo que se perfilaba una carrera llena de éxitos. Y vos viste la habilidad que tiene tu hijo de rodearse de personas que lo quieren sin que él demuestre cariño por nadie. Bueno, resulta que sus compañeros le organizaron una fiesta para celebrar la tonelada de ascensos que estaba teniendo. Acomodaron un salón de la empresa de una manera que no te la imaginás. Era practicante estar entre nubes, una locura. Tanto el suelo como las paredes y el techo estaban cubierto de nubes que cambiaban de color. Todo muy mágico. Había drones que iban y venían con comida y bebida. Era como estar en el futuro, y eso que yo trabajo en eso, igual no dejo de sorprenderme. El tema es que en esa fiesta tan loca Santiago conoció a Griselda. Vi el momento exacto en el que se conocieron. Creo que nadie más se percató de aquellas miradas. Fue la primera vez que vi a mi hermano encarar a una mujer. Y por más que todo el mundo lo requería para fotos y juegos, él siempre se lograba liberar e ir con Griselda. Desde esa noche comenzaron a verse. Parecían adolescentes caminando de la mano. Comían siempre juntos y cuando no la tenía en casa era Santiago el que desaparecía para irse con ella. Y al principio no fue más que eso, novios en su primera e idílica etapa, cosa normal y por la que todos pasamos. Sin embargo, con el tiempo esa inocente relación empezó a mutar. Ella no trabajaba en Zen, en realidad es el día de hoy que no sé de qué vivía, porque guita tenía, eso seguro. Quizás era la nena de un padre con plata, o la viuda negra de algún viejo, creo que nunca lo sabré. La cosa es que no solo no trabajaba en la misma empresa que Santiago, sino que no estudiaba lo mismo, de hecho no le supe jamás una carrera o profesión. Ella estudiaba “la naturaleza”, pero no era bióloga, vivía del aire sin ser planta también. No sé, preferí dejar de preguntar y dejar a Santiago ser feliz. Al poco tiempo me quedé viviendo solo. Ella seguía siendo Griselda, pero tres meses después, cuando Santiago renunció a Zen, se convirtió en Yoko. En ese momento, perdí contacto con mi hermano. Nadie en la empresa entendía ni sabía nada, era como si Santiago se hubiese esfumado. Ya no vivían en la casa de ella. De hecho, ahí me enteré que Yoko era una conocida que habían intentado socializar en la fiesta que le hicieron a Santiago. Era vecina de uno de la empresa. Un bicho raro, de esos naturistas o veganos fanáticos. Sí, cada vez la cosa se pone más rara. ¿No? La desaparición de mi hermano no tenía sentido, a esta altura ya me esperaba cualquier cosa. ¿Un paco suicida?, ¿acaso se había metido en una sexta? Sin embargo, la verdad resultó quizás más perturbadora que la muerte o un aquelarre narco. Al mes, Zen se contactó con la policía para iniciar la búsqueda. Sentí que avisarte era al pedo, una preocupación que no servía, y sinceramente contaba con que tarde o temprano aparecería harto de sostenerle la vela a esta hippie. La tecnología que se utilizó para la búsqueda de tu hijo no tiene explicación. Zen hizo cosas que rayaban lo ilegal con tal de encontrarlo. Claramente, era por beneficio de la propia empresa. Santiago era un cerebro que valía (nótese el pretérito) su peso en oro. Para no romper las políticas de la empresa, y no desaparecer yo (es chiste Zen no hace desaparecer a nadie), solo te diré que hoy en día no existe en el mundo lugar en donde esconderse. Cuestión que en una semana ya tenían localizado a Santiago. Ahora viene lo bueno. Me llamaron para que vaya a reconocerlo, pero no porque estaba muerto, no, sino que prácticamente era otra persona. Sus máquinas le decían que era Santiago, su genética lo hacía, pero no solo difería su aspecto, sino que él mismo lo negaba. Así me subieron a un helicóptero, una experiencia de lo más increíble que viví, y a la media hora estábamos aterrizando en un claro en el medio del Amazonas. Si mamá, tu hijo se fue a vivir a la selva como Tarzán. Me condujeron por un sendero y a los pocos minutos llegué a otro claro más pequeño. Había diferentes construcciones hechas en maderas y hojas, una fogata apagada en el centro y, junto a una de estas casas (por llamarlas de alguna manera), un grupo de personas hablando entre las que se encontraba Santiago. No tuve duda al verlo. La forma en que se paraba, los ademanes al hablar y hasta la postura era la de él. Cuando le abracé me devolvió el gesto con fuerza. Noté sin que me lo diga que no solo me reconocía sino que me había extrañado. Sin embargo, debo reconocer que su aspecto era diferente. Tenía el pelo largo en general. La barba hirsuta le cubría parte del rostro. Solo sus ojos eran reconocibles. Sus ropas eran escasas, apenas una tela a modo de taparrabo. Sin embargo, pese a todo lo sucio que parecía estar, olía a plantas y tierra. Y, como me habían dicho, él ya no se identificaba con el nombre Santiago. Me reconoció como su antiguo hermano, pero que la persona que había sido estaba muerta. Que ahora se llamaba Luz de Sol y que su lugar era ahí en la naturaleza. “Ahora vivo con Gaia”, dijo extendiendo las manos hacia la inmensidad de los árboles. No te puedo mentir ma, allí el aire era diferente. La paz se podía sentir con todo el cuerpo. Una parte de mi lo entiende. Vivimos saturados con mucha mierda tecnológica, inmersos en una falsa realidad y, muchas veces, a beneficio de otros. Estar en silencio en aquel lugar me llenó de una energía diferente. Ahora mientras te escribo esto, sentado en mi gris escritorio, iluminado con los fríos leds y el sonido de la heladera y los drones del edificio, puedo hasta sentir envidia de Santiago. Me lo imagino acostado en la hierba viendo las estrellas que las luces de la ciudad me tapan. Siendo libre de una manera que jamás podré ser. Amando y siendo amado de forma sincera. No ma, no lo culpo por desaparecer. Cuando lo interrogué sobre la muerte de Santiago, Luz de Sol me respondió que se había quemado. Antes de irme pude inspeccionar las cenizas de la fogata y encontrar restos de sus documentos y otros papeles. Aún hoy sonrío con lo desesperados que sonaban las personas de Zen cuando les dije que no había nada que hacer. Ellos seguramente esperaban que lo convenciera o que lo haga entrar en razón, cuando éramos nosotros los que estábamos equivocados. Igual ma, no me engaño, sé que hay cosas feas en aquella vida naturista. Y ni hablar cuando nazca el pibe. Porque resulta que Luz de Luna está embarazada. Irónicamente vas a ser abuela de un mini Tarzán. Tu hijo se encuentra bien. Habla de la misma manera exacta que antes, solo que ahora tiene otros dogmas, por decirlo de alguna manera. No es un hippie sin cabeza. Se alimenta bien y las construcciones parecen bien armadas. Pese a su aspecto se lo notaba sano. Para que sientas un poco de paz le hable de vos y de las ganas que tenías de verlo. Él aceptó recibirte, aunque vas a tener que prepararte mentalmente para eso, una cosa es leerlo y otra es verlo. Sé que es fuerte. Bueno, esas serían todas las novedades. Seguramente me haya quedado un choclo enorme pero bueno, sabes que me gusta escribir. Es una pena que no te amigues con las video llamadas. Hay unos aparatos nuevos en los que estoy trabajando para poder encontrarnos en sueños, pero de eso te hablaré en otro correo, no quiero hacer esto demasiado largo. Te mando un beso enorme. Tu hijo civilizado.
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