Horacio salió de la ducha, satisfecho con su gran compra. Repasaba en su cabeza cada uno de los productos y como los administraría, para hacer su encierro mas ameno. Vivía solo hacía dos años, en que, para viajar menos al trabajo, alquiló un departamento en el barrio de la Boca, con vista al rio, en un noveno piso. no tenía mascotas, así que no tendría que ocuparse de nada más que de él.
Con motivo de la cuarentena, algunos de sus vecinos más grandes, se mudaron temporalmente con sus familias al conurbano, por lo que el piso estaba deshabitado, solo quedaba Horacio.
a eso de las 21:00 horas, su hermana, Clara , lo llamó para ver como se encontraba:
- ¿compraste papel higiénico?¿fideos?¿leche suficiente?¿y huevos?
_ sí, si compre
-¿chocolates? Si no te vas poner loco...
-compre una caja grande
- ¿y puchos?
- me compre un vaporizador.
-aaah mira ¿y pastillas? compraste suficientes?
-...
-¡te olvidaste las pastillas!-preocupada.
- No pasa nada, quedate tranquila que llego bien- mintió.
-Hora! no te vayas a quedar sin pastilla porq..-tac!* le cortó. Decidió que podía pasar una aislación de primera sin tener una hermana densa llamando cada dos horas, así que apagó el celular y desconecto el teléfono. puso música alta y se dispuso a cocinar.
al otro día, no madrugó, por fin podía disfrutar de la vista, el reflejo del sol en el agua movida por el viento, y el silencio alrededor, se sirvió el desayuno y se sentó en el balcón. así pasaron un par de días. en los que la rutina agotó todas las distracciones posibles.
mientras ponía un poco de orden, fumando su vaporizador, se cortó la luz, y se quedó sin música. Desde hacía varios días que no cargaba su celular, ignorando a su hermana, así que no podía poner alguna playlist o algo desde el dispositivo, tampoco podía llamar a la compañía eléctrica, porque los teléfonos inalámbricos de línea terrestre funcionan con electricidad, pero como aun era de día, no le dio mayor importancia, y siguió con lo suyo, hasta que un estruendo proveniente del baño, llamo su atención. Apoyó el vaporizador en la mesada y se acerco a ver que lo causo, pensó que tal vez alguna rata trepo por los cables, o alguna paloma entro por la puerta abierta del balcón, pero nada parecía esta fuera de lugar, volvió a su quehacer cuando notó que su vaporizador no estaba. Chequeo por todas partes, pero no lo halló. Suspiro indignado y termino con lo que estaba haciendo. Mas tarde, ya con luz, decidió enchufar su celular, por si se cortaba otra vez la luz, puso una olla de agua y prendió la tele, para ver alguna serie, mientras esperaba que hirviera. Pasados 20 minutos, fue a controlar, pero el fuego estaba apagado, pensó que olvidó encenderlo, así que lo hizo y volvió al sillón. Otros 20 minutos después, fue a la cocina, y seguía apagada, entonces revisó la salida de gas, pero todo parecía funcionar correctamente, volvió a prenderla a fuego vivo, y se quedo ahí hasta que llego al hervor, metió los fideos, y se fue al baño. En eso la olla, voló al suelo, desparramando agua y fideos para todos lados, un repasador estaba sobre la hornalla, prendido fuego, llenando todo el departamento de humo negro, Horacio corrió a buscar el extintor, y apago todo justo a tiempo, aunque las cortinas se quemaron un poco. pensó en lo que le diría su hermana si se enterará . pasado el susto, calentó una pizza en el microondas y se fue a dormir. Durante la noche, unos sonidos lo despertaron, , primero pensó que tal vez alguien estaría en alguno de los departamentos contiguos, después percibió que venían de el comedor de su departamento, era un lugar bastante pequeño, así que todo sonido retumbaba bastante. Al oír bien, parecían pasos. Se levanto sigilosamente, y se asomo un poco a la puerta entreabierta, algo se movía en la penumbra. pero no distinguía que era. trató de ver mejor , pero la puerta se movió haciendo un chillido, asustando a la criatura, que volteó , dejando ver un par de ojos brillosos amarillo, y luego huyó hacia la cocina. Espantado, Horacio encendió la luz y cerró la puerta de su habitación,-¡qué carajo era eso!. muy grande para ser un gato, muy chico para ser un niño y además, ¿cómo entro en un noveno piso?. al día siguiente, movió la silla que usó para trabar la puerta, y salió muy lento, armado con un palo de golf, revisó recoveco por recoveco, hasta el horno y las alacenas, pero no encontró nada.
Así pasaron más días, las cosas seguían desapareciendo, de un momento a otro, generalmente cuando las estaba usando, tazas, el control remoto de la tele, cepillo de dientes, hasta su teléfono celular, a veces entre los sonidos, se escuchaban risitas muy bajitas Horacio se la pasaba encerrado en su habitación. hubo una mañana en que, al salir de su cuarto, encontró la heladera abierta de par en par, la comida desparramada por todo el lugar, papeles, tuppers, la provisión de chocolates ya no existía, pero no sabía qué hacer. Pensaba en la criatura que creyó ver, y recordó una vez que su hermana le conto, cuando era muy joven, que hay duendes, hadas y otras criaturas, que existen en un tercer plano, y que la única manera de verlas, es cuando el humano está muy cansado, casi a punto e dormirse, en ese estado entre la conciencia y la vigilia, los sentidos bajan, permitiendo que el cerebro perciba criaturas que a simple vista no se ven, así que decidió combatir a sus invasores, dejando de dormir.
Una noche paso, y aún nada, la tarde siguiente, muy de a poco y gradualmente, pequeñas figuras se hicieron visibles, con alas, o colas, patas de cabra y colores, harto de los saqueadores, busco su palo de golf y con ira, golpeó a cuanto gnomo, hada , duende o lo que sea se le cruzara, destruyendo muebles y salpicando de sangre por doquier, las criaturas gritaban y huían despavoridas, aterradas, hasta que un estruendo causo una pausa en la masacre. Horacio se quedó quieto. oyó pasos pausado, pesados en el pasillo del edificio, como si arrojaran una gran piedra una y otra vez contar el suelo. Una bestia gigante entro al departamento, tenía garras enormes, por sus pesuñas, subían enredaderas y raíces, hasta su pecho, sus ojos rojos llenos de furia, miraban los pedazos de criaturas y cadáveres, sus colmillos y afilados dientes, dejaban chorrear espuma . Bramó con todas sus fuerzas, mientras arrancaba las cortina, y el hombre, ya sin ninguna oportunidad, quiso escapar hacia su cuarto, un duende le cerró el camino, empujando el sillón. solo le quedaba huir al balcón, no sin antes ser atravesado por las afiladas uñas del gran defensor de las criaturas. Horacio cerró la puerta. agonizante descubrió el escondite de sus faltantes. el vaporizador, el cucharon, y entre otras cosas, su teléfono celular. Consiguió encenderlo y luego de la lluvia de mensajes y llamadas perdidas de su hermana, pudo aprovechar la poca carga, para pedirle auxilio antes de desvanecerse.
Los bomberos tuvieron que romper la puerta. el hedor era insoportable, el lugar estaba destruido, la heladera abierta, carne podrida, comida echada a perder por doquier. La policía y los paramédicos lo encontraron, ya tarde en el balcón. Estaba en pijama , sin remera, tenia espuma en la boca, y los ojos en blanco, no se había bañado en días, estaba deshidratado y se araño todo el cuerpo y rostro con sus propias uñas mugrientas. En el balcón estaba el frasco de pastillas recetadas. Desde el pasillo, clara le gritaba al policía que, no quiso hacerle caso, cuando ella le dijo que era peligroso, por más de que sea adulto y aunque en 10 años no haya tenido episodios, que dejar a una persona con esquizofrenia paranoide sin supervisión, incluso si él juraba que tenia pastillas suficientes para pasar la cuarentena.
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