Fragmento del primer capitulo de mi libro publicado. El mismo cuenta con dos historias. La primera trata sobre un femicida que, una vez tras las rejas, decide relatar sus crónicas. Invitando al lector a ponerse dentro de su punto de vista y la sensación que le producía cometer los hechos. El segundo cuento, "Maria en la luz", es la historia de una joven adicta al trabajo que, tras sufrir una violación y sobrevivir a un ataque mortal,es rescatada por personas muy diferentes a ella, y vive un amor platónico muy particular. Este cuento aborda historias LGTB, y cuenta el apoyo incondicional entre sus personajes . Estos cuentos están impresos. Para adquirir el libro, se puedesolicotar por mercado libre .
Anochece. Un niño esta sentado en la rama de un àrbol seco, mira hacia un horizonte vacìo, mientras sacude los pies en el aire. La obscuridad se vuelve màs cerrada, llega como una neblina espesa, crepitando, arrastradose como alma en pena. Se escucha un crujido, el niño deja las piernas quietas. Se oye un sonido, tenùe, continuo :"se que estas ahi", dice el niño sin voltearse. -"No son horas, ni lugar para que un niño inocente estè sentado, no te da miedo que te pase algo malo?" - " no"...- responde al demonio, quien nunca creyò toparse con situaciòn semejante. El niño alzo su brazo, y con su dedo indice regordete, si voltear su cabeza, le indico que se acerque. " solo se tiene miedo, cuando se tiene alma", susurro al oìdo de la criatura del aberno. "Si me llevas, buscaremos almas, me alimentarè de ellas, y podras aterrarlas en mi interior, asi tendras lo que quieres, y yo desatarè el dolor y la desesperacion, sobre ese horizonte terrenal." El demonio acepto - "muy bien, pero escucho un tic tac, tal vez nos apure el tiempo". "Eso no es un tic tac, es un latido. En el infierno no existe el tiempo. Sabìas que los demoniòs, y seres condenados no tienen forma ni rostro? Ese latir es de quien se atreve a imaginarnos, a retratarnos, encierra nuestra existencia en grafito y tinta" "Entonces, para allà iremos!seguiremos el latido cuàl brùjula. Preparate mortal, màs espectros y almas condenadas te acecharan"
El tren tocaba bocina,justo cuando la lluvia empezaba a caer más copiosamente. Ella aceleraba el paso, tratando de llegar al cruce de vía ante que el ferrocarril.Había olvidado el paraguas por estar conversando con una compañera, pero estaba solo dos calles de la vía, si le ganaba el cruce, llegaría sin empaparse a casa. Se apresuró, con la máquina pocos metros, con el sonido del motor metido en el oído, le pasó tan cerca que hasta sintió el calor, sonrió triunfante mientras se daba vuelta para verlo marchar, deteniéndose lentamente en la estación que estaba próxima al cruce. Mientras caminaba pensaba para si misma, en el baño caliente que se daría al llegar. De repente, un silencio aturdidor. Sin detener la caminata, volteó a ver si el tren se había lejado, pero ahi estaba,humeante en el anden. Dobló la esquina, y se encontró parada al borde de la vía, como si recien hubiese cruzado Se apresuró, hacia la calle y volvió a doblar. Pero otra vez se encontró de pie, junto a la vía. "Algo no anda bien..." reflexionó, mientras el agua de lluvia, empezaba a empaparme los pies y la espalda, empezó a sentirse cada vez más helada. Otra vez corrió a hacía la esquina. Esta vez, descubrió una neblina que surgía a los costados de los rieles, y el dia gris se volvía más plomizo. Aterrada, intento doblar por cuarta vez, para volver a aparecer en el mismo cruce. Envuelta en llanto, trató de encontrar alguna explicación. Se sentó en el suelo, aferrándose a las piernas, hundiendo la cara en las rodillas, escucho quejidos. Levantó el rostro y más personas, errantes deambulaban los costados de la vía. Entonces, el entorno se volvió blanco y negro por completo, la niebla no era niebla, si no vapor de hielo, la temperatura había descendido a grados negativos. Pronto una luz que prendía y apagaba le llamó la atención. Una ambulancia llegó, bajaron los paramedicos y corrieron hacia ella que se puso de pie de un salto. Pero la atravezaron, entonces lo comprendió. Se dio vuelta, y pudo ver, sobre los rieles, su propia sangre disolviendose con la lluvia, su ropa hecha trizas, enredadas con pedazos, de lo que una vez fue su persona. Caminó hacia la esquina, pero ya no intento doblar, trató de ver hacía su casa, y pensó que dos cuadras, nunca habían sido tan lejanas.
Horacio salió de la ducha, satisfecho con su gran compra. Repasaba en su cabeza cada uno de los productos y como los administraría, para hacer su encierro mas ameno. Vivía solo hacía dos años, en que, para viajar menos al trabajo, alquiló un departamento en el barrio de la Boca, con vista al rio, en un noveno piso. no tenía mascotas, así que no tendría que ocuparse de nada más que de él. Con motivo de la cuarentena, algunos de sus vecinos más grandes, se mudaron temporalmente con sus familias al conurbano, por lo que el piso estaba deshabitado, solo quedaba Horacio. a eso de las 21:00 horas, su hermana, Clara , lo llamó para ver como se encontraba: - ¿compraste papel higiénico?¿fideos?¿leche suficiente?¿y huevos? _ sí, si compre -¿chocolates? Si no te vas poner loco... -compre una caja grande - ¿y puchos? - me compre un vaporizador. -aaah mira ¿y pastillas? compraste suficientes? -... -¡te olvidaste las pastillas!-preocupada. - No pasa nada, quedate tranquila que llego bien- mintió. -Hora! no te vayas a quedar sin pastilla porq..-tac!* le cortó. Decidió que podía pasar una aislación de primera sin tener una hermana densa llamando cada dos horas, así que apagó el celular y desconecto el teléfono. puso música alta y se dispuso a cocinar. al otro día, no madrugó, por fin podía disfrutar de la vista, el reflejo del sol en el agua movida por el viento, y el silencio alrededor, se sirvió el desayuno y se sentó en el balcón. así pasaron un par de días. en los que la rutina agotó todas las distracciones posibles. mientras ponía un poco de orden, fumando su vaporizador, se cortó la luz, y se quedó sin música. Desde hacía varios días que no cargaba su celular, ignorando a su hermana, así que no podía poner alguna playlist o algo desde el dispositivo, tampoco podía llamar a la compañía eléctrica, porque los teléfonos inalámbricos de línea terrestre funcionan con electricidad, pero como aun era de día, no le dio mayor importancia, y siguió con lo suyo, hasta que un estruendo proveniente del baño, llamo su atención. Apoyó el vaporizador en la mesada y se acerco a ver que lo causo, pensó que tal vez alguna rata trepo por los cables, o alguna paloma entro por la puerta abierta del balcón, pero nada parecía esta fuera de lugar, volvió a su quehacer cuando notó que su vaporizador no estaba. Chequeo por todas partes, pero no lo halló. Suspiro indignado y termino con lo que estaba haciendo. Mas tarde, ya con luz, decidió enchufar su celular, por si se cortaba otra vez la luz, puso una olla de agua y prendió la tele, para ver alguna serie, mientras esperaba que hirviera. Pasados 20 minutos, fue a controlar, pero el fuego estaba apagado, pensó que olvidó encenderlo, así que lo hizo y volvió al sillón. Otros 20 minutos después, fue a la cocina, y seguía apagada, entonces revisó la salida de gas, pero todo parecía funcionar correctamente, volvió a prenderla a fuego vivo, y se quedo ahí hasta que llego al hervor, metió los fideos, y se fue al baño. En eso la olla, voló al suelo, desparramando agua y fideos para todos lados, un repasador estaba sobre la hornalla, prendido fuego, llenando todo el departamento de humo negro, Horacio corrió a buscar el extintor, y apago todo justo a tiempo, aunque las cortinas se quemaron un poco. pensó en lo que le diría su hermana si se enterará . pasado el susto, calentó una pizza en el microondas y se fue a dormir. Durante la noche, unos sonidos lo despertaron, , primero pensó que tal vez alguien estaría en alguno de los departamentos contiguos, después percibió que venían de el comedor de su departamento, era un lugar bastante pequeño, así que todo sonido retumbaba bastante. Al oír bien, parecían pasos. Se levanto sigilosamente, y se asomo un poco a la puerta entreabierta, algo se movía en la penumbra. pero no distinguía que era. trató de ver mejor , pero la puerta se movió haciendo un chillido, asustando a la criatura, que volteó , dejando ver un par de ojos brillosos amarillo, y luego huyó hacia la cocina. Espantado, Horacio encendió la luz y cerró la puerta de su habitación,-¡qué carajo era eso!. muy grande para ser un gato, muy chico para ser un niño y además, ¿cómo entro en un noveno piso?. al día siguiente, movió la silla que usó para trabar la puerta, y salió muy lento, armado con un palo de golf, revisó recoveco por recoveco, hasta el horno y las alacenas, pero no encontró nada. Así pasaron más días, las cosas seguían desapareciendo, de un momento a otro, generalmente cuando las estaba usando, tazas, el control remoto de la tele, cepillo de dientes, hasta su teléfono celular, a veces entre los sonidos, se escuchaban risitas muy bajitas Horacio se la pasaba encerrado en su habitación. hubo una mañana en que, al salir de su cuarto, encontró la heladera abierta de par en par, la comida desparramada por todo el lugar, papeles, tuppers, la provisión de chocolates ya no existía, pero no sabía qué hacer. Pensaba en la criatura que creyó ver, y recordó una vez que su hermana le conto, cuando era muy joven, que hay duendes, hadas y otras criaturas, que existen en un tercer plano, y que la única manera de verlas, es cuando el humano está muy cansado, casi a punto e dormirse, en ese estado entre la conciencia y la vigilia, los sentidos bajan, permitiendo que el cerebro perciba criaturas que a simple vista no se ven, así que decidió combatir a sus invasores, dejando de dormir. Una noche paso, y aún nada, la tarde siguiente, muy de a poco y gradualmente, pequeñas figuras se hicieron visibles, con alas, o colas, patas de cabra y colores, harto de los saqueadores, busco su palo de golf y con ira, golpeó a cuanto gnomo, hada , duende o lo que sea se le cruzara, destruyendo muebles y salpicando de sangre por doquier, las criaturas gritaban y huían despavoridas, aterradas, hasta que un estruendo causo una pausa en la masacre. Horacio se quedó quieto. oyó pasos pausado, pesados en el pasillo del edificio, como si arrojaran una gran piedra una y otra vez contar el suelo. Una bestia gigante entro al departamento, tenía garras enormes, por sus pesuñas, subían enredaderas y raíces, hasta su pecho, sus ojos rojos llenos de furia, miraban los pedazos de criaturas y cadáveres, sus colmillos y afilados dientes, dejaban chorrear espuma . Bramó con todas sus fuerzas, mientras arrancaba las cortina, y el hombre, ya sin ninguna oportunidad, quiso escapar hacia su cuarto, un duende le cerró el camino, empujando el sillón. solo le quedaba huir al balcón, no sin antes ser atravesado por las afiladas uñas del gran defensor de las criaturas. Horacio cerró la puerta. agonizante descubrió el escondite de sus faltantes. el vaporizador, el cucharon, y entre otras cosas, su teléfono celular. Consiguió encenderlo y luego de la lluvia de mensajes y llamadas perdidas de su hermana, pudo aprovechar la poca carga, para pedirle auxilio antes de desvanecerse. Los bomberos tuvieron que romper la puerta. el hedor era insoportable, el lugar estaba destruido, la heladera abierta, carne podrida, comida echada a perder por doquier. La policía y los paramédicos lo encontraron, ya tarde en el balcón. Estaba en pijama , sin remera, tenia espuma en la boca, y los ojos en blanco, no se había bañado en días, estaba deshidratado y se araño todo el cuerpo y rostro con sus propias uñas mugrientas. En el balcón estaba el frasco de pastillas recetadas. Desde el pasillo, clara le gritaba al policía que, no quiso hacerle caso, cuando ella le dijo que era peligroso, por más de que sea adulto y aunque en 10 años no haya tenido episodios, que dejar a una persona con esquizofrenia paranoide sin supervisión, incluso si él juraba que tenia pastillas suficientes para pasar la cuarentena.
Amelia se peinaba sentada frente al espejo, sonreía para sí misma, recordando ese joven soldado que le dio un beso apenas, la noche anterior. Faddei, nunca había oído ese nombre antes, pero no quería olvidárselo nunca .Habían pasado tres días desde que se conocieron, en uno de los bares del pueblito costero. Ella se fijó en sus ojos negros, al escuchar su acento peculiar, mientras bebían algunos tragos con amigas. El se acercó y la invito a bailar, y luego caminaron por las calles empedradas, bordeadas de flores blancas. Mientras la luna brillaba, se contaron mil y un cosas. Él, le contó de su tierra natal, Rusia, con tanto cariño, que ya quería conocerla. Al terminar la noche, la acompañaba hasta su puerta, donde prometían volverse a ver al siguiente día a las 14:00, en la fuente de la plaza del pueblo. Así pasaron esos tres días, se encontraban y recorrían los mismos caminos, en un día de lluvia, se refugiaron en la biblioteca local, donde los echaron por reír mientras las demás personas, ajenas a su mágico idilio, trataban de leer . A la hora de cenar, donde las damas ya deben estar en sus casas, Faddei la escoltaba hasta su morada. Hasta que esa noche, entre nervios, tímidamente, la abrazo lentamente por la cintura, y le dio un tierno beso, Amelia, sentía su corazón latir fuertemente, mientras cerraba sus ojos, y le llegaba el olor de los jazmines que adornaban su puerta. Se dieron un abrazo fuerte, y Faddei emprendió la vuelta a su hostal. La joven costurera, quedó sumida en una ilusión inmensa, como si flotara, se fue a dormir imaginando toda una vida con el chico. Ese día , se perfumó con esa fragancia que le había regalado su madre para su cumpleaños. Mientras caminaba a su cita en la fuente, presenció un choque entre un auto y un joven en bicicleta, un cartero apurado que, por la frenada repentina, desparramó la correspondencia por el suelo. A la hora usual, no había noticias de Faddei, los minutos pasaban, generalmente él ya estaba ahí cuando ella llegaba, con un ramito de violetas para ella, pero no se lo veía por ninguna parte. Amelia echó a llorar, con su rostro entre sus manos, pensando en que fue una tonta en esperanzarse así, en tan poco tiempo. Entonces, sintió que alguien le tocaba el hombro, ahí estaba el joven cartero, quien le conto que cuando lo chocaron, un un soldado había pagado unas monedas para llevarle un sobre , con unas violetas a las dos de la tarde, le dijo que una bella mujer con su descripción estaría ahí, pero que se le mezcló con el resto de la correspondencia por el incidente, y se le hizo tarde. La carta decía: ''Querida Amelia, estos tres días a tu lado fueron suficientes para replantear mi vida entera, aunque seguro mis de decisiones me llevaron hacia ti, cambiaria todo mi futuro para pasarlo juntos, quisiera estar seguro de que sientes igual, de cualquier forma no soportaría que me rechazaras. hoy debo volver a Rusia, mi barco zarpa a las 15:00. Si me quieres en tu vida, búscame en el puerto, y seremos felices juntos, pero si no, déjame partir sin un adiós, te ama. Faddei." Observó en el reloj de la plaza que faltaban 5 minutos para las 15:00 y echó a correr: corrió, tan fuerte como sus pies le daban, mientras el corazón le latía sin control, desesperada por alcanzar aquel barco. pero llegó cuando ya era imposible distinguir incluso un a expresión en el rostro de quien quiera que esté en cubierta. Amelia lloró, mientras el horizonte se tragaba toda esperanza de tener un final feliz, mientras el cielo se cubría de grises nubes, sin saber nada más que el nombre de su amado.
"La calle estaba oscura. En el asfalto,la luz de las ópticas en alta se perdía. No se veía nada mas que la luna en lo alto de cielo. No decían una palabra, pero el ambiente denso dejaba percibir el terror que ambos sentían, esperando que en cualquier momento algo suceda. El silencio era ensordecedor, solo interrumpido a veces por algún cambio en la velocidad del vehículo, en el asiento trasero dormía el niño. Había aparecido hacía unos pocos años por esa misma ruta, solo, divagando una tarde, las pesadillas continuas lo hacían insistir con regresar a ese lugar. Condujeron por un rato sin pronunciar palabra, hasta allegar a una montaña, un pequeño camino se divisaba como fluorescente hasta una cabaña en ruinas. Al llegar, el niño despierta: "ya estamos aqui?" Pregunta. Nadie habla pero ambos asienten con la cabeza. En la cabaña se veía una pequeña luz. Decidieron acercarse para ver que había dentro de ella. Por una hendidura algunos rayos de luminosos se reflejaban contra la silla que reposaba delante de la puerta. El piso crujía, en eso el niño empieza a vomitar."Lucas! Que te pasa?!" Le pregunta la mujer, sorprendida por la situación. El pequeño cae al piso en una convulsión y los ojos se le dan vuelta. "Lucas,que te pasa?!!" grita la mujer,esta vez rompiendo en llanto. La puerta de la cabaña se abre ,de repente, una anciana de largos dedos en manos y pies asoma. Sus ojos completamente blancos se mueven para todos lados: "has traído la cosecha!" Exclama con una diabólica mueca, dejando ver sus dientes podridos en punta. En eso la piel del niño se abre desde la frente, como si de un cierre se tratase, de sus dedos brotan como ramas extendiéndose en el piso y en el aire, elevandolo cual muñeco, dentro del niño había un viejo brujo. Envuelve con sus garras a la mujer y al hombre, la vieja se acerca y ambos absorben sus almas, cual vino, drenandolas desde sus traqueas "nada sabe mejor, que el alma de instinto materno!" Exclamó el viejo, la bruja anciana felicitó al cambia formas por la buena manipulación y juntos arrastraron los cuerpos. Al amanecer, una niña fue encontrada en el camino cercano, mientras encerrado en la cabaña, el viejo descansaba la garras, aún saboreandose,esperando a que vuelva su compañera, con la cosecha de almas a la montaña."
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