Cafecito
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Florsh Ricci

Arte
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Invitame un Cafecito

Gris plomo

Amelia se peinaba sentada frente al espejo, sonreía para sí misma, recordando ese joven soldado que le dio un beso apenas, la noche anterior. Faddei, nunca había oído ese nombre antes, pero no quería olvidárselo nunca .Habían pasado tres días desde que se conocieron, en uno de los bares del pueblito costero. Ella se fijó en sus ojos negros, al escuchar su acento peculiar, mientras bebían algunos tragos con amigas. El se acercó y la invito a bailar, y luego caminaron por las calles empedradas, bordeadas de flores blancas. Mientras la luna brillaba, se contaron mil y un cosas. Él, le contó de su tierra natal, Rusia, con tanto cariño, que ya quería conocerla. Al terminar la noche, la acompañaba hasta su puerta, donde prometían volverse a ver al siguiente día a las 14:00, en la fuente de la plaza del pueblo. Así pasaron esos tres días, se encontraban y recorrían los mismos caminos, en un día de lluvia, se refugiaron en la biblioteca local, donde los echaron por reír mientras las demás personas, ajenas a su mágico idilio, trataban de leer . A la hora de cenar, donde las damas ya deben estar en sus casas, Faddei la escoltaba hasta su morada. Hasta que esa noche, entre nervios, tímidamente, la abrazo lentamente por la cintura, y le dio un tierno beso, Amelia, sentía su corazón latir fuertemente, mientras cerraba sus ojos, y le llegaba el olor de los jazmines que adornaban su puerta. Se dieron un abrazo fuerte, y Faddei emprendió la vuelta a su hostal. La joven costurera, quedó sumida en una ilusión inmensa, como si flotara, se fue a dormir imaginando toda una vida con el chico. Ese día , se perfumó con esa fragancia que le había regalado su madre para su cumpleaños. Mientras caminaba a su cita en la fuente, presenció un choque entre un auto y un joven en bicicleta, un cartero apurado que, por la frenada repentina, desparramó la correspondencia por el suelo. A la hora usual, no había noticias de Faddei, los minutos pasaban, generalmente él ya estaba ahí cuando ella llegaba, con un ramito de violetas para ella, pero no se lo veía por ninguna parte. Amelia echó a llorar, con su rostro entre sus manos, pensando en que fue una tonta en esperanzarse así, en tan poco tiempo. Entonces, sintió que alguien le tocaba el hombro, ahí estaba el joven cartero, quien le conto que cuando lo chocaron, un un soldado había pagado unas monedas para llevarle un sobre , con unas violetas a las dos de la tarde, le dijo que una bella mujer con su descripción estaría ahí, pero que se le mezcló con el resto de la correspondencia por el incidente, y se le hizo tarde. La carta decía: ''Querida Amelia, estos tres días a tu lado fueron suficientes para replantear mi vida entera, aunque seguro mis de decisiones me llevaron hacia ti, cambiaria todo mi futuro para pasarlo juntos, quisiera estar seguro de que sientes igual, de cualquier forma no soportaría que me rechazaras. hoy debo volver a Rusia, mi barco zarpa a las 15:00. Si me quieres en tu vida, búscame en el puerto, y seremos felices juntos, pero si no, déjame partir sin un adiós, te ama. Faddei." Observó en el reloj de la plaza que faltaban 5 minutos para las 15:00 y echó a correr: corrió, tan fuerte como sus pies le daban, mientras el corazón le latía sin control, desesperada por alcanzar aquel barco. pero llegó cuando ya era imposible distinguir incluso un a expresión en el rostro de quien quiera que esté en cubierta. Amelia lloró, mientras el horizonte se tragaba toda esperanza de tener un final feliz, mientras el cielo se cubría de grises nubes, sin saber nada más que el nombre de su amado.
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