El tren tocaba bocina,justo cuando la lluvia empezaba a caer más copiosamente. Ella aceleraba el paso, tratando de llegar al cruce de vía ante que el ferrocarril.Había olvidado el paraguas por estar conversando con una compañera, pero estaba solo dos calles de la vía, si le ganaba el cruce, llegaría sin empaparse a casa. Se apresuró, con la máquina pocos metros, con el sonido del motor metido en el oído, le pasó tan cerca que hasta sintió el calor, sonrió triunfante mientras se daba vuelta para verlo marchar, deteniéndose lentamente en la estación que estaba próxima al cruce. Mientras caminaba pensaba para si misma, en el baño caliente que se daría al llegar. De repente, un silencio aturdidor. Sin detener la caminata, volteó a ver si el tren se había lejado, pero ahi estaba,humeante en el anden. Dobló la esquina, y se encontró parada al borde de la vía, como si recien hubiese cruzado Se apresuró, hacia la calle y volvió a doblar. Pero otra vez se encontró de pie, junto a la vía. "Algo no anda bien..." reflexionó, mientras el agua de lluvia, empezaba a empaparme los pies y la espalda, empezó a sentirse cada vez más helada. Otra vez corrió a hacía la esquina. Esta vez, descubrió una neblina que surgía a los costados de los rieles, y el dia gris se volvía más plomizo. Aterrada, intento doblar por cuarta vez, para volver a aparecer en el mismo cruce. Envuelta en llanto, trató de encontrar alguna explicación. Se sentó en el suelo, aferrándose a las piernas, hundiendo la cara en las rodillas, escucho quejidos. Levantó el rostro y más personas, errantes deambulaban los costados de la vía. Entonces, el entorno se volvió blanco y negro por completo, la niebla no era niebla, si no vapor de hielo, la temperatura había descendido a grados negativos. Pronto una luz que prendía y apagaba le llamó la atención. Una ambulancia llegó, bajaron los paramedicos y corrieron hacia ella que se puso de pie de un salto. Pero la atravezaron, entonces lo comprendió. Se dio vuelta, y pudo ver, sobre los rieles, su propia sangre disolviendose con la lluvia, su ropa hecha trizas, enredadas con pedazos, de lo que una vez fue su persona.
Caminó hacia la esquina, pero ya no intento doblar, trató de ver hacía su casa, y pensó que dos cuadras, nunca habían sido tan lejanas.
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