Reflexión sobre "Corpo celeste" (2011)
El film inicia con una peregrinación nocturna de la familia protagonista que regresa a Italia desde Suiza, es decir el regreso de un país externo al país de nacimiento, como un retorno a las raíces para iniciar este proceso de maduración que va a representar el conflicto de la niña. No es un detalle menor que suceda de noche, dejando el día para, literalmente, iniciar con la acción, casi como un renacimiento para linkearlo con lo religioso. En relación a este punto de vista se clarifica un interés por la religión como condicionante en el crecimiento de una persona con todo el proceso de catequesis que acompaña al relato y puntualmente con la confirmación y la “misión” que emprenden la niña y el cura en su búsqueda de la cruz. Esta trama no creo que plantee una crítica al catolicismo sino más bien que lo pone en cuestionamiento como un factor determinante y mucho más complejo que simplemente decir que es algo bueno o malo, además de los claros simbolismos entorno a la historia católica. Otro rito de iniciación tiene que ver con el despertar de la femineidad a esa edad, representado en la menstruación como situación, que curiosamente es una de los impedimentos que se dan en esa “misión” religiosa antes mencionada, sumado a que es un claro signo de un crecimiento en cuanto a la edad, pero sobre todo marca la entrada a un nuevo mundo. Por eso es después de esta secuencia que se clarifica un poco su creencia religiosa, con la traducción de la frase que nadie le respondía sobre el rezo.
Como complementos encontramos otras iniciaciones que no son el eje central de la postura política de la autora, pero refuerzan la conexión entre la religión, la femineidad y la vida misma. Por un lado, la existencia de la muerte, o mejor dicho la comprobación de la misma (así como la comprobación del milagro al final), cuando la niña encuentra los gatitos que le son quitados y posteriormente asesinados de una manera brutal. Esta secuencia breve resume de forma rápida el proceso de la vida, básicamente se nos quita algo y desaparece de un momento a otro, subrayando la finitud de la misma, lo que cimienta las bases de una madurez a temprana edad. Por otro lado, la niña descubre que detrás de la práctica de la fe puede haber otros intereses como lo político, que también podría entenderse como que no todo tiene una sola perspectiva y que dentro de un mismo ámbito pueden convivir distintos intereses. Esto cobra importancia ya que le enseña a comprender la profundidad de capas en distintas situaciones, sumado a que plantea dos caras de la religión: una más espiritual representada en la fe (el personaje de Santa) y una más terrenal representada en la política (el personaje del cura).
Todos estos ritos de iniciación necesitan sus propios medios para desarrollarse, y aquí es donde encontramos elementos narrativos que lo permiten, como la peregrinación del inicio, el puente que intenta atravesar la protagonista en distintas oportunidades y que crea un dilema entre el arriba y el abajo, el mismo viaje en auto que establece las condiciones de la misión de búsqueda, el mar, etc. Entre estos quiero destacar el puente y el mar. El primero suele asociarse a la transición entre un mundo y otro dentro de los relatos cinematográficos, como una especie de portal que permite ese pasaje, y en esta película lo que más me llama la atención de su tratamiento es que no solo cumple esa función, sino que dentro de la narrativa se va repitiendo en distintas escenas para establecer esta intención de la niña por crecer pero ahuyentada por la duda o el miedo (como cuando atraviesa por debajo y aparece el hombre casi como una figura de cine de terror). También la dicotomía del arriba y el abajo con esos niños que están abajo (que suele asociarse con un estatus más desfavorecido en distintos sentidos) pero que para ella simbolizan cierta exploración (por eso se los ve jugando). En el caso del mar ya nos encontramos con un recurso que vamos a ver en la segunda película de la directora y que dialoga directamente con su uso en este film, por lo que su relevancia es aún mayor. En la escena de la cocina donde la protagonista juega con la lámpara y las sombras que se producen tiene una primera experiencia con algo que podría entenderse como “mágico” (insinuación del realismo mágico que explora en sus siguientes films), y es ahí cuando se despierta su deseo por ir al mar, el cual ya se posiciona de manera aspiracional para ella, además de una simbología previa que puede traer como lo es la idea de liberación. Por eso el final se desarrolla en este decorado, y es ahí, una vez atravesado el túnel que antes producía terror, que se produce un milagro.
A partir de todos estos elementos podemos notar algunas características que sobresalen al repetirse o profundizarse en el cine de Alice Rorhwacher, como lo son el costumbrismo (como contexto natural de sus personajes), la magia literal y simbólica (muy anclada en la representación del cine como dispositivo) y la religión (como condicionante de sus narrativas). El costumbrismo delimita mucho el verosímil con el que ella trabaja, lo usa como base de cada relato para partir hacia un cambio o una maduración de los protagonistas, y es lo que le permite profundizar en los ritos de iniciación que plantea en cada caso, porque crea un mayor efecto de satisfacción sin necesidad de ser grandilocuente en lo dramático. Que esa cualidad se vea reflejada en una primera película termina de delinear la efectividad de un proceso de crecimiento, haciéndola destacar por sobre el común de óperas primas. Esto lo enlaza directamente con lo mágico con total naturalidad, entendiendo las condiciones necesarias para proponer un realismo mágico que vemos por lo menos hasta Lazzaro felice (2018). Si bien en este debut no se propone dicho género, hay un constante coqueteo con el mismo al estirar distintas situaciones como la del túnel y su acercamiento al terror, pero sobre todo lo notamos al analizar el relato en su totalidad porque la historia de esta chica es en sí misma una insinuación de una fantasía dentro de lo cotidiano. Y por último la religión es planteada en su filmografía como algo transversal a las temáticas que explora, como si su visión política del mundo tuviera un filtro religioso, lo que le permite trabajarlo en sus distintas capas. Por eso puede ser una de las cineastas que se muestra más consciente y cuidadosa en su tratamiento.
Al pensar en estos tres aspectos, sobre todo los dos primeros, me es inevitable entender al cine de Rorhwacher como un revisionismo al neorrealismo italiano, que voy a ir desarrollando a medida que avance con cada una de sus obras. Como sabemos el neorrealismo parte de la post guerra en un contexto socioeconómico complejo, y que representa la historia más fuerte del cine italiano, al menos del siglo pasado. Esta autora lo revisita, pero no como referencia, sino como un punto de partida. En este primer film encuentro que la propia trama es una simbología de lo que ella busca con su tratamiento: narra la historia de una niña que emprende un viaje de madurez a partir del retorno a su país natal, es decir que al regresar a las raíces (el neorrealismo remarcado con el costumbrismo) se puede plantear un nuevo cine, o mejor dicho es necesario partir de las bases para contar nuevas historias y postular nuevos pensamientos. De ahí la importancia de que esta sea su primera película.
Por último, me parece justo remarcar el rol fundamental de la niña como protagonista al pensar la obra de esta directora en su totalidad, ya que cierra el círculo a la perfección si pensamos todo en términos simbólicos y lo que esta película significa en su carrera. Literalmente es una niña que da sus primeros pasos, con más dudas que respuestas.
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