Creo que nunca pude tener una conversación como la gente con mi niña interior.
Todas las veces que le consulté que quería me daba vuelta la cara o se escondía por ahí sin decirme nada.
Y mirá que le pregunté de todas las formas habidas y por haber.
La llevé a retiros, la metí en talleres vivenciales autotransformadores para sanar traumas.
La escuché un montón a ver si se trataba de cantar, bailar, pintar, hacer el jardín o cocinar.
La puse a escuchar información que la nutra y la traté de cuidar.
La puse en primer lugar y la abracé un montón repitiendo a cada rato lo suficiente que ella era.
y como seguía sin darme tanta bola, desde el adulto responsable que soy, algo más tenía que hacer para que se empiece a comunicar mejor conmigo.
Empecé a entender sobre valores de respetarla entera y resignificar su forma de querer estar en este mundo.
A las sombras las tuve que agarrar a todas y entre pasados que dejé pasar practiqué la resiliencia y una a una las fui transformando en herramientas que me ayudaron a descubrir mis dones.
A la autoestima hubo que trabajarla mucho porque de ahí saqué el equilibrio para que mi autenticidad se exprese más en paz en esta tierra.
Y sigo haciendo cada vez más por ella aunque hoy me haya sorprendido al escucharla decirme a mí algo que me impactó.
Cómo siempre, una vez más le pregunté qué necesitaba y ella me sonrió y con los brazos arriba y saltando por todos lados me dijo -que me inviten a jugar en un montón de lugares siendo yo misma, era lo que yo quería.
Tengo una newsletter en la que escribo momentos ajá de estos y fomento el diálogo interno productivo la encontrás en www.lauradagostino.com
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