Punto de Encuentro - Análisis personal de resultados
Ahora que ha transcurrido un tiempo prudencial desde las elecciones a Decano de la Facultad, creo que es oportuno realizar un análisis que permita comprender, aclarar y reflexionar sobre todo el proceso. Más allá de las interpretaciones que puedan hacerse, los números muestran que la elección estuvo menos definida de lo que el resultado final podría sugerir. Precisamente sobre esa aparente contradicción —entre la amplitud del resultado y la estrechez de algunas diferencias decisivas— gira el análisis que sigue.
Dejar pasar estas semanas fue una decisión deliberada. Necesitaba tomar distancia de emociones tan humanas como inevitables; evitar que estas líneas surgieran de un corazón herido, con la frustración todavía abierta y el ánimo aún en proceso de recuperación.
Pero ahora ya es tiempo de expresar en palabras aquello que desde hace tiempo ronda el mundo de las ideas. Al mismo tiempo, mi inclinación analítica me empuja a buscar en los números algunas respuestas para esas inquietudes. De esa dualidad en la que me reconozco nace el análisis que sigue.
Los números fríos
Recordemos que esta elección, de carácter indirecto, requiere seis votos de consejeros electos para consagrar un Decano. Participan seis consejeros docentes —dos por profesores titulares, dos por asociados/adjuntos y dos por auxiliares—, además de tres estudiantes, un no docente y un egresado.
Analicemos cada caso a partir de los resultados concretos y de las alternativas que estuvieron en juego durante el período previo a la elección.
Docentes auxiliares. Sobre un padrón de 156 auxiliares, la diferencia fue de apenas 30 votos. Dicho de otro modo, bastaba con que 15 personas que votaron por la fórmula vencedora lo hicieran por la nuestra para obtener, al menos, un elector
Profesores asociados y adjuntos. En este estamento ocurrió algo similar. Sobre un total de 75 docentes, la diferencia fue de 15 votos. Es decir, con apenas ocho colegas cambiando su elección habríamos conseguido un elector adicional.
Profesores titulares. Aquí la situación siempre fue más compleja. Sin embargo, aplicando el mismo razonamiento, si dos de los catorce docentes hubieran acompañado a nuestra candidata, al menos habríamos estado en condiciones de disputar el resultado.
Y para concluir este repaso numérico, puede afirmarse, sin forzar los datos, que sobre un total de 245 docentes distribuidos en los tres estamentos, si apenas 25 personas hubieran votado de otro modo, la historia habría sido muy distinta.
Tomando el escenario más conservador y suponiendo únicamente la obtención de un elector adicional entre asociados/adjuntos y otro entre auxiliares, el resultado inicial habría sido de 2 a 4. Y eso, como veremos, podía resultar suficiente para cambiar el desenlace.
Hasta aquí hablamos de hechos verificables. A partir de este punto ingresamos necesariamente en el terreno de las hipótesis políticas, aunque basadas en conversaciones, compromisos y señales concretas que tuvieron lugar durante el proceso electoral.
¿Por qué considero que ese escenario podía haber sido suficiente para cambiar el desenlace?
Porque, de los tres estudiantes, la agrupación que resultó vencedora se había comprometido con nuestro espacio acordando acompañarnos con los votos que obtuvieran. A la postre fueron dos, ya que ganaron su elección. Con aquel pequeño corrimiento de apenas 25 votos docentes, la diferencia se habría reducido a un estrecho 4 a 5. Que los estudiantes hayan decidido, con la contienda prácticamente resuelta, entregar sus votos al oficialismo fue una estrategia que solo maquilla el resultado final.
Todavía restaban las elecciones de no docentes y egresados. Los primeros habían decidido esperar el resultado de los demás estamentos antes de definir su posición. En conversaciones previas no asumieron ningún compromiso, pero sí dejaron en claro que considerarían nuestras propuestas. Aún hoy creo que nos habrían acompañado si llegábamos con posibilidades concretas al día de la elección de Decano.
Respecto de los egresados, debo reconocer que, para entonces, el escenario ya aparecía prácticamente definido. En esas circunstancias no desplegamos toda la energía que la campaña habría requerido. La intensidad de los esfuerzos fue considerablemente menor que la que hubiéramos puesto en juego si aquella instancia hubiera resultado decisiva.
Conviene hacer aquí una breve digresión.
Visto de esta manera, la elección no se decidió por una diferencia abrumadora, sino por un puñado de decisiones individuales que, sumadas, terminaron inclinando el resultado final.
¿Dónde fallamos?
Antes de analizar las razones de la derrota, creo que es importante reconocer aquello que sí logramos construir durante la campaña.
Presentamos una plataforma de gobierno seria, con objetivos concretos, metas alcanzables y mecanismos de seguimiento basados en la transparencia. No fue una enumeración de promesas grandilocuentes ni un catálogo de deseos difíciles de materializar. Por el contrario, procuramos elaborar propuestas realistas, orientadas a mejorar las condiciones de trabajo, formación, investigación y desarrollo profesional de toda la comunidad de la Facultad.
A la par de ello, impulsamos una intensa tarea de difusión. Utilizamos todos los canales disponibles para comunicar nuestras ideas, exponer nuestras diferencias con la gestión en ejercicio y recoger los aportes de colegas de distintos sectores. También buscamos fortalecer vínculos con actores externos a la Facultad, convencidos de que la Universidad debe proyectarse hacia la sociedad y generar nuevas oportunidades para estudiantes, docentes y graduados.
Del mismo modo, contamos con candidatos de sólida trayectoria académica, profesional e institucional, comprometidos con la Facultad y con una clara vocación de servicio.
Sin embargo, nada de ello resultó suficiente para alcanzar la mayoría necesaria.
También debemos preguntarnos si fuimos capaces de interpretar adecuadamente las preocupaciones, expectativas y temores de quienes finalmente optaron por otra alternativa. Es posible que, aun contando con propuestas que considerábamos sólidas y necesarias para la Facultad, no siempre hayamos logrado transmitirlas de una manera capaz de generar la confianza suficiente para acompañar una propuesta de cambio.
¿Por qué?
Al mirar hacia adentro, debemos reconocer un error de cálculo estratégico: priorizamos el perfeccionamiento de las ideas por sobre la construcción de la presencia territorial. Aunque nos sobraba entusiasmo y convicción, nos faltó ese volumen político que solo se construye con el tiempo. Mientras el oficialismo operaba con una red consolidada por años, nosotros intentábamos transformar adhesiones silenciosas en una presencia activa en apenas unos meses
Mientras tanto, el oficialismo disponía de una ventaja evidente: una estructura consolidada después de muchos años de gestión. No sólo contaba con candidatos, sino también con una red de apoyos distribuida en las distintas áreas de la Facultad y construida a lo largo del tiempo.
Para no caer en el uso de eufemismos que tiendan a desmerecer al adversario circunstancial no voy a considerar en este análisis aquellas dinámicas habituales de toda contienda electoral: circulación de rumores, comentarios malintencionados, operaciones de desgaste y promesas cuya credibilidad se refuerzan por el hecho de provenir de quienes ya ejercían el poder institucional.
Existe además un factor adicional que considero relevante. Debemos interpretar con respeto la lógica preferencia de nuestra comunidad por la continuidad y la estabilidad. En un ámbito académico se tiende a valorar la previsibilidad y a percibir los cambios profundos como escenarios de incertidumbre. Creo que gran parte del electorado no eligió al cambio por temor, sino porque cualquier propuesta de transformación debe superar una barrera adicional: convencer no sólo de que el cambio es deseable, sino también de que es seguro. En este sentido, entiendo que nuestra propuesta fue valorada, pero no logramos que fuera percibida como segura frente a la estructura ya consolidada del oficialismo.
Y, sin embargo, los números analizados anteriormente muestran que esa inercia no era infranqueable. Si bien no alcanzamos el objetivo, estuvimos mucho más cerca de lograrlo de lo que el resultado final podría sugerir. Estuvimos cerca y eso es motivo de orgullo por el trabajo realizado, pero también de reflexión sobre aquello que aún debemos mejorar.
Lo que construimos:
Ahora, hacia el final de este espacio de análisis, creo que sería un error reducir este proceso al resultado de una elección. Las elecciones cierran una etapa pero en este caso no son la finalidad de la vida institucional de una Facultad ni miden el valor de los espacios que participan en ella.
Más allá de los votos obtenidos y de las diferencias que finalmente inclinaron la balanza, este proceso permitió construir algo que no existía con la misma fuerza tiempo atrás. Se consolidó un espacio con integrantes que comparten una visión sobre el presente y el futuro de nuestra Facultad. Un espacio diverso, con matices y miradas distintas, pero unido por la convicción de que siempre es posible aspirar a una institución mejor.
También surgieron nuevos referentes. Colegas que decidieron involucrarse, asumir responsabilidades, expresar públicamente sus ideas y comprometerse con asuntos institucionales. En tiempos donde muchas veces prevalece la comodidad del status quo no es un dato menor.
Del mismo modo, se instalaron temas de discusión que no deberían desaparecer de la agenda institucional. La necesidad de fortalecer la formación y el desarrollo profesional, la vinculación con la sociedad, la inserción laboral de nuestros graduados, la transparencia en la gestión, el acompañamiento a las actividades de docencia e investigación y la construcción de una Facultad más cercana a quienes la integran son cuestiones que no deberían abandonar el debate público de nuestra comunidad.
Quizás uno de los logros menos visibles, pero más importantes, haya sido la creación de nuevos vínculos. Durante estos meses conversamos con colegas de distintas cátedras, institutos y áreas de trabajo; escuchamos inquietudes, compartimos diagnósticos y construimos relaciones que solo fueron posibles gracias a este proceso. Espero que muchas de esas conversaciones continúen más allá de cualquier calendario electoral.
Y, sobre todo, quedó demostrado que existe una porción significativa de nuestra comunidad que considera necesario discutir nuevos caminos para la Facultad. Los números así lo muestran. Aunque no alcanzaron para alcanzar el objetivo final, sí fueron suficientes para poner en evidencia que las ideas de cambio encontraron tierra fértil en muchos colegas.
Tal vez la principal enseñanza que me deja esta elección sea que las buenas ideas, por sí solas, no alcanzan. También es necesario construir los espacios, los vínculos y la confianza que permitan transformarlas en una mayoría capaz de llevarlas adelante.
Por eso, más que un punto final, prefiero pensar este proceso como un punto de partida, un Punto de Encuentro real. El desafío, a futuro, será conservar ese capital colectivo, fortalecerlo y seguir trabajando para que las propuestas que lo inspiraron continúen enriqueciendo el debate sobre el futuro de nuestra Facultad.
Ver más
Debes iniciar sesión o registrarte para comprar un plan