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José Pablo López

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El Vegvisir

Muchas veces me preguntan por la historia del tatuaje que tengo en el brazo.Es un Vegvísir, aunque popularmente se lo conoce como la Brújula Vikinga.Con el tiempo aprendí que ese nombre puede resultar engañoso. El Vegvísir no es una brújula en el sentido de un instrumento que señala el norte o indica los puntos cardinales. Es un símbolo mágico islandés relacionado con algo más profundo: la idea de no perder el camino, incluso cuando uno no sabe hacia dónde se dirige.Sus ocho brazos se abren en distintas direcciones, como si el símbolo abarcara todos los caminos posibles.No dice cuál debes tomar.No te dice hacia dónde ir.Simplemente parece recordarte que, cualquiera sea el camino que emprendas, no estás perdido.Durante mucho tiempo pensé que eso era todo.Ahora ya no estoy tan seguro.La historia de este tatuaje comenzó mucho antes de que me lo hiciera. Quizás incluso antes de que lo pensara siquiera.He aquí la historia.La primera vez que vine a Islandia quedé tan impactado por sus paisajes y por el carácter profundo de la isla que quise que me acompañara siempre. Pensé en tatuarme un símbolo que la representara. Aunque no lo hice de inmediato. Ahora sé que no era el momento... Volví a Islandia al año siguiente, acompañando a un grupo de viajeros en un recorrido por la isla. Durante aquellos días atravesamos caminos, visitamos volcanes, glaciares y pequeños pueblos perdidos entre montañas y el mar.Fue entonces cuando conocí a Einar, el chofer.Con él conversé mucho y de muchas cosas. En algún momento le conté que quería hacerme un tatuaje y le mostré la imagen que había elegido.Einar la miró durante unos segundos y me dijo "No. Ese no es el que buscas". Me explicó que el símbolo que yo le estaba mostrando se llamaba Ægishjálmur; que era un símbolo mágico, relacionado con la protección y el poder. Pero, por todo lo que veníamos conversando, comprendió que lo que yo realmente estaba buscando era otra cosa."Tú estás buscando el Vegvísir"me dijo con una dureza seca. Me explicó que el Vegvísir estaba relacionado con la idea de encontrar el camino y no perderse. Había empezado a transitar una historia que develaría mucho tiempo después.Le aseguré, convencido, que cuando regresara a Argentina me lo haría.Pero nuestra conversación no terminó allí.Einar y yo seguimos hablando durante mucho tiempo. Hablamos de símbolos, de religión, de los antiguos dioses nórdicos y de la manera en que algunas de esas creencias todavía permanecían vivas en Islandia.La charla se prolongó hasta casi entrada la noche.Recuerdo que entonces, apenas resguardados del frío viento nocturno, Einar me dijo que no debía tomar aquel símbolo a la ligera. Para alguien que, como él, profesaba el Ásatrú, el Vegvísir tenía un significado mucho más profundo que el de un simple tatuaje.Yo estaba cada vez más interesado y quería saber más.Einar hizo algo más. -Si realmente quieres hacerlo -me dijo- puedo guiarte. No entendí inmediatamente qué quería decir con eso, pero, con paciencia y a media voz, me explicó que podía guiarme en esa tradición, compartir sus creencias y acompañarme en el camino que comenzaría con el tatuaje y con un compromiso.Inclusive en ese primer momento tuve la extraña sensación de que el viaje había comenzado mucho tiempo atrás.Mientras la noche avanzaba, me contaba historias y navegábamos juntos en embravecidos mares de recuerdos y de magia.Me dijo que, desde el momento en que estrecháramos nuestras manos, establecería un vínculo con la tradición pagana islandesa. Sus ojos no dejaban dudas de la seriedad de sus palabras. Durante un tiempo estaría, me dijo, bajo la severa vigilancia de los dioses y de las fuerzas que modelan el mundo y los destinos de los hombres.Tendría que completar un rito.Un trayecto de iniciación: Debía visitar tres veces el Sagrado Cañón de Ásbyrgi, un lugar de profundo significado espiritual dentro de la antigua tradición pagana islandesa.Para él, aquel enorme bosque, encerrado entre paredes de roca y viento, era un lugar de encuentro entre el mundo de los hombres y el de los seres ocultos.Mientras no completara las tres visitas, estaría en deuda con aquello que había aceptado libremente.Y era ese tipo de deudas que no conviene postergar.Me dijo que, una vez comenzado el camino, debía llegar hasta el final.Einar me dijo también que, junto con la tercera visita, recibiría un regalo, un don, que sería, a la vez, un privilegio y una responsabilidad. -Lo vas a entender cuando llegue el momento- me dijo.Todo me pareció extraño, pero también fascinante. Estábamos en Þingvellir, lo recuerdo bien.Unos días después, el viaje nos llevaría hacia una pequeña localidad cercana a los fiordos del este. Allí, al finalizar la jornada de obligaciones con los viajeros, Einar me llevó hasta la casa de una tatuadora.Era una mujer joven, seria, de fuerte aspecto vikingo.Se llamaba Sigrún.Habló con Einar entre susurros y en islandés. Al final del cónclave, Sigrún comenzó a tatuarme.Tardó muchísimo. Me parecieron horas en las que incluso soñé. No sé cuánto tiempo había pasado cuando me sobresalté al escuchar que se abría la puerta. Era Einar. Había venido a buscarme.Afuera ya era bien entrada la noche.Mi brazo estaba cubierto con una venda y, aún soñoliento, me despedí de Sigrún y salí con él hacia el hotel.Pero antes de irme, la vikinga me tomó fuertemente de la mano.Me miró directamente a los ojos y me dijo algo que no entendí.Juro que sentí latir mi brazo bajo el vendaje.Cuando se lo conté a Einar, solamente me respondió "Ya lo vas a entender en su momento". Camino al hotel, bajo una llovizna fría y pertinaz, me explicó lo que ocurriría en los días siguientes.Cuando el viaje nos llevara hasta Ásbyrgi, iba a encontrarme con alguien perteneciente al huldufólk, el pueblo oculto, que me daría la bienvenida. -¿Cómo lo reconoceré? ¿Cómo voy a saber qué decir?- lo interrogué. -Lo vas a saber- respondió lacónicamente. Tres días después llegamos a Ásbyrgi.Mientras los demás viajeros caminaban por el bosque y sacaban fotografías, yo me alejé un poco del grupo. Un hombre alto, delgado, con barba y vestido con ropas raídas apareció de repente. Me miró y pronunció dos palabras que supuse en islandés.No me dijo su nombre y, sin embargo, supe quién era. Bjarni. Habló, cortando el silencio e, inexplicablemente, le entendí y respondí con las palabras que debía pronunciar. El hombre desapareció tan repentinamente como había aparecido. Volví junto a Muchas veces me preguntan por la historia del tatuaje que tengo en el brazo.Es un Vegvísir, aunque popularmente se lo conoce como la Brújula Vikinga.Con el tiempo aprendí que ese nombre puede resultar engañoso. El Vegvísir no es una brújula en el sentido de un instrumento que señala el norte o indica los puntos cardinales. Es un símbolo mágico islandés relacionado con algo más profundo: la idea de no perder el camino, incluso cuando uno no sabe hacia dónde se dirige.Sus ocho brazos se abren en distintas direcciones, como si el símbolo abarcara todos los caminos posibles.No dice cuál debes tomar.No te dice hacia dónde ir.Simplemente parece recordarte que, cualquiera sea el camino que emprendas, no estás perdido.Durante mucho tiempo pensé que eso era todo.Ahora ya no estoy tan seguro.La historia de este tatuaje comenzó mucho antes de que me lo hiciera. Quizás incluso antes de que lo pensara siquiera.He aquí la historia.La primera vez que vine a Islandia quedé tan impactado por sus paisajes y por el carácter profundo de la isla que quise que me acompañara siempre. Pensé en tatuarme un símbolo que la representara. Aunque no lo hice de inmediato. Ahora sé que no era el momento...Volví a Islandia al año siguiente, acompañando a un grupo de viajeros en un recorrido por la isla. Durante aquellos días atravesamos caminos, visitamos volcanes, glaciares y pequeños pueblos perdidos entre montañas y el mar. Fue entonces cuando conocí a Einar, el chofer. Era un hombre alto y robusto, de hombros anchos y movimientos tranquilos. Tenía una espesa barba entrecana que, junto con su cabello largo y también entrecano, le daba un aspecto que recordaba inevitablemente a las antiguas imágenes de los hombres del norte. Pero había algo en él que contrastaba con esa apariencia casi legendaria: su mirada. Sus ojos eran amables y serenos. Había en ellos una calma difícil de explicar, una de esas miradas que no parecen exigir nada y que, sin embargo, consiguen que uno baje la guardia. Cuando Einar hablaba, uno tenía la sensación de que podía confiar en él. Su presencia transmitía una extraña seguridad, como si nada pudiera perturbarlo demasiado y como si, a su lado, tampoco hubiera demasiadas razones para preocuparse. Con él conversé mucho y de muchas cosas. En algún momento le conté que quería hacerme un tatuaje y le mostré la imagen que había elegido.Einar la miró durante unos segundos y me dijo "No. Ese no es el que buscas". Me explicó que el símbolo que yo le estaba mostrando se llamaba Ægishjálmur; que era un símbolo mágico, relacionado con la protección y el poder. Pero, por todo lo que veníamos conversando, comprendió que lo que yo realmente estaba buscando era otra cosa."Tú estás buscando el Vegvísir"me dijo con una dureza seca. Me explicó que el Vegvísir estaba relacionado con la idea de encontrar el camino y no perderse. Había empezado a transitar una historia que develaría mucho tiempo después.Le aseguré, convencido, que cuando regresara a Argentina me lo haría.Pero nuestra conversación no terminó allí.Einar y yo seguimos hablando durante mucho tiempo. Hablamos de símbolos, de religión, de los antiguos dioses nórdicos y de la manera en que algunas de esas creencias todavía permanecían vivas en Islandia.La charla se prolongó hasta casi entrada la noche.Recuerdo que entonces, apenas resguardados del frío viento nocturno, Einar me dijo que no debía tomar aquel símbolo a la ligera. Para alguien que, como él, profesaba el Ásatrú, el Vegvísir tenía un significado mucho más profundo que el de un simple tatuaje.Yo estaba cada vez más interesado y quería saber más.Einar hizo algo más.-Si realmente quieres hacerlo -me dijo- puedo guiarte.No entendí inmediatamente qué quería decir con eso, pero, con paciencia y a media voz, me explicó que podía guiarme en esa tradición, compartir sus creencias y acompañarme en el camino que comenzaría con el tatuaje y con un compromiso.Inclusive en ese primer momento tuve la extraña sensación de que el viaje había comenzado mucho tiempo atrás.Mientras la noche avanzaba, me contaba historias y navegábamos juntos en embravecidos mares de recuerdos y de magia.Me dijo que, desde el momento en que estrecháramos nuestras manos, establecería un vínculo con la tradición pagana islandesa. Sus ojos no dejaban dudas de la seriedad de sus palabras.Durante un tiempo estaría, me dijo, bajo la severa vigilancia de los dioses y de las fuerzas que modelan el mundo y los destinos de los hombres.Tendría que completar un rito.Un trayecto de iniciación:Debía visitar tres veces el Sagrado Cañón de Ásbyrgi, un lugar de profundo significado espiritual dentro de la antigua tradición pagana islandesa.Para él, aquel enorme bosque, encerrado entre paredes de roca y viento, era un lugar de encuentro entre el mundo de los hombres y el de los seres ocultos.Mientras no completara las tres visitas, estaría en deuda con aquello que había aceptado libremente.Y era ese tipo de deudas que no conviene postergar.Me dijo que, una vez comenzado el camino, debía llegar hasta el final.Einar me dijo también que, junto con la tercera visita, recibiría un regalo, un don, que sería, a la vez, un privilegio y una responsabilidad.-Lo vas a entender cuando llegue el momento- me dijo.Todo me pareció extraño, pero también fascinante.Estábamos en Þingvellir, lo recuerdo bien.Unos días después, el viaje nos llevaría hacia una pequeña localidad cercana a los fiordos del este. Allí, al finalizar la jornada de obligaciones con los viajeros, Einar me llevó hasta la casa de una tatuadora.Era una mujer joven, seria, de fuerte aspecto vikingo.Se llamaba Sigrún. Sigrún era una mujer joven, de aspecto fuerte y compacto. Tenía el cabello rubio, largo y espeso, que llevaba recogido hacia atrás, y unos rasgos firmes, casi severos. Sus manos, grandes y seguras, contrastaban con la delicadeza con que manejaba las herramientas del tatuaje. Hablaba poco y parecía observarlo todo con una atención silenciosa. Había algo en ella que imponía respeto. Habló con Einar entre susurros y en islandés. Al final del cónclave, Sigrún comenzó a tatuarme.Tardó muchísimo. Me parecieron horas en las que incluso soñé. No sé cuánto tiempo había pasado cuando me sobresalté al escuchar que se abría la puerta. Era Einar. Había venido a buscarme.Afuera ya era bien entrada la noche.Mi brazo estaba cubierto con una venda y, aún soñoliento, me despedí de Sigrún y salí con él hacia el hotel.Pero antes de irme, la vikinga me tomó fuertemente de la mano.Me miró directamente a los ojos y me dijo algo que no entendí.Juro que sentí latir mi brazo bajo el vendaje.Cuando se lo conté a Einar, solamente me respondió "Ya lo vas a entender en su momento". Camino al hotel, bajo una llovizna fría y pertinaz, me explicó lo que ocurriría en los días siguientes.Cuando el viaje nos llevara hasta Ásbyrgi, iba a encontrarme con alguien perteneciente al huldufólk, el pueblo oculto, que me daría la bienvenida.-¿Cómo lo reconoceré? ¿Cómo voy a saber qué decir?- lo interrogué.-Lo vas a saber- respondió lacónicamente.Tres días después llegamos a Ásbyrgi.Mientras los demás viajeros caminaban por el bosque y sacaban fotografías, yo me alejé un poco del grupo. Un hombre alto, delgado, con barba y vestido con ropas raídas apareció de repente. Me miró y pronunció dos palabras que supuse en islandés.No me dijo su nombre y, sin embargo, supe quién era. Bjarni, un hombre alto y delgado, de hombros estrechos y barba larga y descuidada. Su rostro parecía castigado por el viento y el frío, y vestía ropas oscuras y raídas que parecían pertenecer a otro tiempo. Tenía la piel curtida y pálida y unos ojos grises, difíciles de sostener. Su aparición fue tan repentina que, por un instante, pensé que había surgido de entre los árboles. Habló, cortando el silencio e, inexplicablemente, le entendí y respondí con las palabras que debía pronunciar. El hombre desapareció tan repentinamente como había aparecido. Volví junto a Einar y le conté lo que había sucedido, aún conmocionado y sin comprender nada. Él solamente me dijo "Ya has comenzado".Ese mismo año regresé a Islandia con un segundo grupo de viajeros y volví a Ásbyrgi. Era mi segunda visita.Esta vez me saludó una mujer robusta, de aspecto recio y tosco, pero de quien recuerdo sus ojos, de un color azul profundo y antiguo.Tampoco me dijo su nombre, pero supe quién era. Hildur era robusta, de aspecto recio y tosco, tenía el cuerpo de una mujer acostumbrada a la intemperie y al trabajo. Su cabello, gris y abundante, enmarcaba un rostro ancho y surcado de pequeñas arrugas. Pero lo que más recuerdo eran sus ojos: de un azul profundo, intenso y antiguo. Cuando me miró, tuve la extraña sensación de que no era la primera vez que me veía. Pronunció las palabras que había escuchado antes y nuevamente respondí lo que debía responder. Ella también desapareció.Ahora, dos años después, estoy nuevamente en Islandia y, dentro de tres días, regresaré a Ásbyrgi. Será mi tercera visita. La última.Y algo ha comenzado a cambiar. Estoy cerca y lo siento en el alma.Y en el tatuaje que, como antes, comienza a latir, impaciente. Siento miradas que parecen provenir de la nada. Personas pequeñas que simplemente se desvanecen ante mis ojos. Entre los árboles, detrás de una roca, al borde del camino.Parecen querer decirme algo, pero se arrepienten. Comienzo a sentir que estoy despertando de un sueño de siglos.Y que ellos me esperan, impacientes.Pero hubo una noche en particular en que comprendí que algo había cambiado. Cuando volvieron a aparecer las auroras y todos las contemplábamos maravillados, para mis compañeros eran solamente luces verdes y violetas que se movían sobre el cielo de Islandia.Para mí, en cambio, danzaban, fluían y me susurraban. Escuché voces que llegaban, me envolvían y me invitaban, como ráfagas.Aquella noche supe que mi visita a Ásbyrgi ya había comenzado.El regalo ya me había sido entregado.Estoy a tres días del bosque sagrado, a tres días de completar el camino que comenzó con un tatuaje.Y ahora entiendo algo que antes no comprendía.Quizás el Vegvísir nunca estuvo destinado a decirme hacia dónde debía ir.Tal vez solo debía recordarme que no estaba perdido. Que, aunque no conozca el camino, la dirección correcta siempre estará delante de mí. El Vegvísir me llevó hasta la Aurora.Y ahora ella marcará mi senda, que será mi Destino.
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