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Hotel Termas el Sosneado y Laguna El Sosneado, Mendoza, AR
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Es el punto base de la caminata hacia el ya tan famoso avión de los uruguayos. Aunque muchos turistas curiosos solo llegan hasta el hotel para disfrutar del entorno, las aguas termales y llevarse una fabulosa postal. Porque sí, la postal que ofrece este hotel, bien digo, las ruinas de este hotel, es inmejorable. Su imponente estructura se destaca por entre las montañas nevadas de Los Andes, junto al enorme cauce del río Atuel y el turquesa de la pileta termal.
A fines de 1938 se inauguró este hotel que, a pesar de estar ubicado en una zona tan inhóspita, fue un éxito rotundo, con huéspedes de la elite y servicios y confort a la altura de estos. En esa época, además, se le daba gran importancia a las bondades de las aguas termales, se creía que podían curar hasta los peores males, por lo que las piletas del hotel funcionaban como termas, con aguas sulfurosas que descendían del Volcán Overo. Para contextualizar, tan solo 7 años después, se inauguraba el Gran Hotel Viena en Miramar, Córdoba, de condiciones similares a este: lujos, confort y huéspedes de primera línea social.
Por estar tan metido entre las montañas, con condiciones climáticas invernales tan propias de Los Andes, es que el hotel funcionaba solo unos pocos meses al año, en verano. El resto del año la vida de este se apagaba, limitando la estadía a los mismos empleados y algún sereno. En 1953 el hotel cierra, fruto de la baja abrupta de concurrencia. Eran tiempos difíciles en Argentina (frase trillada que podría usarse en cualquier momento de nuestra historia) y se cree que las reformas laborales impulsadas por Perón llevaron a la quiebra del hotel por los innumerables juicios que tuvo por los empleados.
La cosa es que hoy las termas siguen funcionando, y el paisaje sigue siendo maravilloso. Es un imperdible si andan por la zona. Es difícil llegar, lo sé, son 60 km desde el pueblo El Sosneado. 60 km de un ripio agotador, aunque no imposible. Y, si bien parece la nada misma, con los peligros que ello implica, la realidad es que en temporada es una zona bastante concurrida por el marketing que tiene el trekking hacia el avión. Incluso en las inmediaciones del hotel viven algunos lugareños. De igual manera, siempre que se hagan este tipo de recorridos, en la "seguridad" del vehículo, se recomienda llevar agua extra y mucho abrigo. La mayoría de los casos de hipotermia en montaña se dan por roturas de vehículos, pequeñeces, que obligan a los pasajeros a tener que pasar la noche cuando no estaban ni de cerca preparados para ello.
Un dato no menor para los que encaren el ripio: la Ruta 220 atraviesa varios arroyos que bajan con fuerza en época de deshielo. Si van en auto bajo, pregunten el estado del camino en el puesto de Gendarmería del pueblo antes de salir, porque cruzar los vadeos puede pasar de 'aventura' a 'imposible' en cuestión de horas. Y para los que se animen al chapuzón: el olor a azufre se les va a pegar a la piel por un par de días, pero la experiencia de estar en esa pileta tibia mirando la inmensidad de la Cordillera lo vale todo.
Última data, 2 km pasando el hotel hay una construcción abandonada de gendarmería con una arboleda y un rudimentario fogonero, ideal para hacerse un asadito; y unos 16 km antes, hay una laguna bellísima, parada obligada.
𝗠𝗶𝘀 𝘃𝗶𝗮𝗷𝗲𝘀:
@maca_aye_flecha
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