Hay un tiempo para cada cosa.
Hay un tiempo para llorar y
un tiempo para reír.
Hay un tiempo para sostener y
un tiempo para soltar.
Hay un tiempo para amarme y
un tiempo para amarte.
Hay un tiempo para cada cosa.
Hay un tiempo para planear y
un tiempo para fluir.
Hay un tiempo para conversar y
un tiempo para el silencio.
Hay un tiempo para el enfoque y
un tiempo para distraerse.
Hay un tiempo para la lluvia y
un tiempo para que salga el sol.
Y así es que el arcoíris aparece,
cuando en armonía, integración y comunión
se unen en presencia
para dar lugar al equilibrio de la vida.
Porque entre polo y polo
siempre habrá un arcoíris.
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