La langosta es un animal blando que vive dentro de un caparazón rígido, que no se expande. A diferencia de lo que sucede con otros animales, el exoesqueleto (o caparazón) de las langostas no crece al mismo ritmo que su cuerpo.
A medida que la langosta crece, ese caparazón se vuelve una prisión y al poco tiempo pasa a ser un lugar incómodo y limitante. Eso la lleva a esconderse bajo las rocas para protegerse de los predadores, desprenderse de su exoesqueleto y producir, poco a poco, uno nuevo. Es un proceso de endurecimiento hasta que el animal se siente cómodo con su nueva "casa". Además, esta no será la única vez que realice esta mudanza, sino que repetirá el proceso a medida que vaya creciendo. Este ciclo se repite una y otra vez hasta que el animal alcanza su tamaño óptimo.
Lo que impulsa a la langosta a continuar creciendo es ese sentimiento y estado de incomodidad.
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