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📖 Relato 🚻 En el baño de Retiro 💦🚆 PARTE 1 de 2

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De madrugada, mientras ella dormía sobre dos sillas, yo estaba en el baño de la terminal con un desconocido. Relato de Havoc (nuevo escritor) SINOPSIS: Vuelve de viaje con su novia y le quedan tres horas de espera en Retiro, la principal terminal de micros de Buenos Aires. A las dos de la madrugada, con la terminal casi vacía, cruza la mirada con un desconocido y algo le hace ruido de inmediato: una corriente que no sentía desde la adolescencia. Mientras su novia se queda dormida sobre dos sillas, él se ofrece a ir a comprar café. Lo que encuentra en el baño no estaba en sus planes. 🚻 En el baño de Retiro 💦🚆 Lo vi de frente en el pasillo y algo me hizo ruido de inmediato. Algo en cómo nos miramos. No fue una mirada casual, como la que puede cruzar uno con cualquier persona en la calle: había intensidad en sus ojos, había intención. Él era un tipo más o menos de mi edad, treintipocos, con la barba prolijamente recortada y los ojos castaños que parecían sonreír más que sus labios. Tenía cejas tupidas, nariz prominente, labios que parecían sedosos y se destacaban en contraste con la piel tersa y cobriza de un bronceado que ya empezaba a desaparecer. No me había pasado nunca antes algo así, de grabar en la memoria tan rápido tantos detalles, de sentir una conexión tan particular con un completo desconocido. Fue como si el segundo extra en el que nos sostuvimos la mirada hubiera bastado para conectar de una manera única. Me di vuelta para ver si él hacía lo mismo, pero siguió camino sin darse por aludido, como si para él no hubiera significado nada. Mi novia sí se dio cuenta y me preguntó quién era, yo me limité a decirle que me resultaba conocido de algún lado. Eran casi las dos de la madrugada de un jueves y en Retiro no había tanta gente. Faltaban tres horas para que saliera el micro rumbo a Miramar, así que nos sentamos en unas sillas cerca de la puerta a pasar el tiempo hasta que llegara el momento de embarcar. Intentamos con el Uno, después con una serie en el celu, pero el cansancio nos terminó venciendo. Para intentar sobreponernos, me ofrecí a ir a comprar café. Sentía el cuerpo entumecido después de las diez horas de viaje desde Córdoba, así que la caminata me vino bien para estirar las piernas. Eran pocos los negocios que quedaban abiertos a esa hora, y poca la gente que seguía deambulando: un par de guardias de seguridad, un empleado de limpieza y un puñado más de personas haciendo tiempo como nosotros. Cuando llegué al café, lo primero que vi fue a él. Estaba sentado en la barra, justo al lado de la caja. Para cuando posé mis ojos sobre sus ojos, él ya me estaba mirando, con la misma intensidad magnética de antes y una sonrisa apenas dibujada en los ojos mientras tomaba una gaseosa directo de la lata. Nuevamente, esa conexión sobrenatural; me costaba entender qué estaba pasando. Desvié la vista a la carta, fingiendo buscar algo para pedir. Cuando levanté la vista para hablarle a la empleada, él se puso de pie. Sin sacarme los ojos de encima hasta pasar al lado mío, caminó en dirección al baño, rozándome apenas la pierna con la mano en un gesto descuidado, casi torpe. Automáticamente, sentí cómo la sangre empezaba a bombear directo a mi entrepierna. —¿Vas a querer pedir algo? —la voz de la chica del café me sacó de mi ensimismamiento. Lo dudé un instante, pero algo se sobrepuso e hizo que hablara con voz firme. —En un momento. Voy al baño, ya regreso. Me moví como un autómata, movido por una sensación que no sentía desde la adolescencia; una efervescencia de hormonas casi absurda, inexplicable. Podía sentir el calor agolpándose en cada extremidad, en la cara, en las orejas, pero sobre todo podía sentir desde hacía unos minutos la pija hinchándose de sangre en una erección imposible de disimular. Entré al baño con el corazón aceleradísimo, esperando encontrarlo a él de frente y sin saber muy bien qué hacer ante ese posible panorama. Sin embargo, el lugar parecía vacío. Tal vez me había equivocado y no había ido en esa dirección. Aproveché la instancia para mojarme la cara, un intento torpe de despejarme y bajar el calor que me había invadido. Antes de volver para pedir el café y regresar con mi novia, me acerqué a uno de los mingitorios del medio. Me desabroché el short, esperé un instante a que mi cuerpo se relajara y me entregué a esos primeros segundos de placer, cuando el meo empieza a salir en chorros intensos y calientes. El ruido de la puerta de uno de los cubículos me tomó por sorpresa. Escuché los pasos hasta ver que alguien se ubicaba en el mingitorio de al lado. No fue necesario girar la cabeza para saber de quién se trataba, pero miré igual: él me devolvió la mirada, con una sonrisa de costado. Ahora ya no me miraba a los ojos: sin el menor disimulo, estaba mirando atentamente cómo meaba. Sin mucha más vuelta, se bajó el jogging unos centímetros y metió la mano en el boxer para sacar la pija. Mi vista se fue automáticamente hacia ese lado: era bastante grande para no estar erecta, gorda, con el vello púbico cuidadosamente recortado alrededor y los huevos grandes, pesados, totalmente afeitados. Todo en la zona se veía particularmente suave. —Se te está parando. Su voz me descolocó. Era suave pero masculina, casi como un carraspeo. Volví a prestar atención: tenía razón. Mientras los últimos chorritos de meo salían, se me estaba empezando a poner la pija al palo. Un nerviosismo extremo me invadió, y por primera vez en mi vida las piernas me temblaban de manera incontrolable. Lejos de aparentar incomodidad, con el rabillo del ojo vi cómo su mano se movía con confianza en lentas sacudidas, a pesar de que en ningún momento había empezado a orinar. Podía sentir su mirada fija en mi verga, así que me armé de valor y lo miré yo también por encima del divisor entre los mingitorios: la de él, igual que la mía, estaba empezando a pararse. Me resultaba imposible desviar la mirada. Su pija, a pesar de todavía no estar erecta, estaba bastante gorda: los pliegues del prepucio que cubrían la totalidad del glande parecían aterciopelados. Los dedos, toscos y masculinos, se movían suavemente de atrás para adelante, en un movimiento que no llegaba a ser masturbatorio pero que tampoco era la simple sacudida de después de mear. De manera casi inconsciente, empecé a imitarlo: hacía ya un rato que mi erección era completa. Sentía la ola de adrenalina recorriendo cada centímetro de mi cuerpo mientras miraba por primera vez a otro hombre masturbarse adelante mío mientras él me miraba masturbarme a mí. Pispeé con nerviosismo la puerta, pero seguía cerrada. Afuera no se escuchaba un ruido. Sentía el corazón bombeando sangre a mansalva, mi pija apretada en mi mano, hinchándose a más no poder. Por primera vez él estiró la mano en un gesto rápido, acompañado de un chistido, tocándome el codo para traerme de vuelta. Volví a mirarlo a los ojos y, con la misma sonrisa de siempre, me hizo un gesto con la cabeza en dirección al cubículo en el que había estado hasta antes de aparecerse al lado mío por sorpresa. Sin esperar respuesta, con la pija todavía al aire, dio un par de pasos para atrás y se metió ahí. No me dio tiempo a dudarlo. Me apuré a entrar con él y trabé la puerta como pude, con la mano temblando producto de la adrenalina. Una vez dentro, nos terminamos de bajar los pantalones casi en simultáneo, mirando cómo ambas pijas paradas rebotaban levemente con el movimiento. —--—--—--—--—--—--—--—--—--—--—--—--—--—-- CONTINÚA… Disponible solo para los que ya saben que "ir a comprar café" a las dos de la madrugada puede significar otra cosa. 😈 Si ya estás suscripto, GRACIAS POR APOYARNOS ✊💦 y seguí leyendo. 🔥 SPOILER MORBOSO: Se encierran en el cubículo, frente con frente, con una pija en cada mano y la boca tapada para que nadie del baño los escuche. Después el desconocido se arrodilla y se la chupa con una seguridad que ninguna mina le igualó. 😈 🔥 Para los que les calienta el morbo de hacerlo en silencio en un lugar público, con un desconocido que maneja todo y no dice una palabra de más. ✊💦 Les dejamos el link para la parte 2 de este relato: https://shorturl.at/5KLFa
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