Cafecito
Imagen de portada
Imagen de perfil

Prana Office

Estilo de vida
0Seguidos
0Seguidores
Invitame un Cafecito

Vivimos sin conectar con la vida…

Hoy pensaba que muchas veces vivimos sin conectar con la vida. Que vivimos pidiendo permisos o disculpas o amor o cariño o novio o trabajo o reconocimiento o likes. Que vivimos por las dudas, por el afuera, por la guita, por el éxito, porque nos levantamos y respiramos y respiramos y respiramos. Pero que no sabemos vivir. Vivimos porque nos pusieron acá. Porque es gratis como el aire, por ahora. Y que entonces vivimos conectados con mandatos, con ideas, con miedos. Pero no conectados con la vida. Con la vida real. Nos creemos inmortales, pobrecitos de nosotros. Nos creemos serios. Nos creemos importantes. Nos creemos basuras o capos. Nos creemos cosas, cuentos, deberes, historias. Nos creemos más. O menos. Nos creemos lo que nos dijeron que éramos o teníamos que ser. Y entre tanto creer cosas o dejar de creerlas, vivimos haciendo que vivimos como hay que vivir. Que vivimos para conectar con lo imprescindible de la vida... para otros, para los demas, para los de afuera. Para que te amen. Para que te acepten. Para no ser menos qué. Y eso no es conectar con la vida. Posta que no. Conectar con la vida es no dejar nada pendiente. Ni una mirada. Ni una palabra. Ni un gesto. Ni unas ganas. Ni una cagada de risa con una amigo en el bar. Conectar con la vida no es lo mismo que vivir, claramente. Porque cuando conectás con la vida el miedo se va y empezás a dejar de sobrevivir para arrancar con la vida de la presencia absoluta. Del ahora. Ahora. Ahora. La vida que no tiene sentido pero existe igual. La vida que nos regalaron. La vida que no sabemos cómo honrar. Porque entonces parece que tenés que ser alto, flaco, triunfador, cogedor, limpio, productivo, genial, admirado, admirable, trabajador, buen hijo, buen padre, buen amante, proveedor, feliz y multiorgasmico también. Todo, menos solo ser. Todo, menos solo lo que sos. Cualquier cosa, menos libre. O lo que se te canta el reverendo orto. Sí. Cualquier cosa, menos lo que se te canta el reverendo orto de ser. Viví. La reputísima madre que te re mil parió. Empecemos a vivir. Y que no te importe nada más que la experiencia de conectar con la vida. La vida de verdad. No tenemos tanto tiempo. De Cartas de amor a mí, de Lorena Bassani.
Ver más