Cafecito
Imagen de portada
Imagen de perfil

Revelarte / Bárbara B.

Arte
0Seguidos
0Seguidores
Invitame un Cafecito

Bichos del mundo.

Cargando imagen
Estoy cansada, la pandemia me satura, me agota, me desgasta. Todo es incertidumbre y miedo. ¿Miedo? Dije miedo. Y mientras lo vuelvo a decir, entiendo a que me refiero, cerré una idea que no sabía que tenía cuando empecé a escribir. Cuando un virus totalmente genocida se implanta en las distintas sociedades y vemos a diario contagios y muertes, es imposible no experimentar el vértigo a la muerte propia y la de nuestros seres queridos. Es como si el covid se encargara de ponerte enfrente la cara contraria de la vida. Es una ruleta rusa, sin que sea tu decisión participar en ese juego de azar. En el medio ves irse al papá de tu amigo, a un amigue de alguien, a un familiar, o te enterás que alguien está grave, mientras alguien más cercano a vos se contagia . Aunque intentes ser lo más optimista posible igual te cagás, y te pasa porque ya perdiste tanto que no querés perder más, no te da el cuerpo. Entonces tenés días en los que una angustia extrema te visita, se acuesta a tu lado en la cama y te empuja a quedarte ahí, triste, mal, sin saber bien por qué carajo experimentás esa sensación pero no podés salir.Quizás luego se te pasa, o no, pero convivís un poco mejor con ella. Entiendo que hace un año que esto arrancó y arrasó con nuestras vidas, nuestra rutina, nuestras formas de relacionarnos, de vincularnos, de experimentar la vida. Hicimos una sobreadaptación (de mucha exigencia) a un nuevo sistema, y más de una vez caés en lo anterior pero sentís esa culpa religiosa que cargás por “pecar”. Y por supuesto te encontrás con que hay gente que está haciendo de jueza ante las conductas ajenas, como si fuera fácil hacer sólo lo que está bien pero sin que te haga bien a vos. Es contradictorio. Estamos haciendo un duelo, porque sufrimos pequeñas muertes todos los días que no tienen que ver con lo físico únicamente sino también con lo mental. Pequeñas cosas que fuimos dejando ir para llevar adelante una pandemia (y la vida). Miro hacia atrás y nada es como antes, y todo lo que mantenés en pie te cuesta un ovario, porque tenés un cansancio descomunal, porque entre las cosas que perdiste también estaba aquello que te recargaba las energías , y hoy la poca que queda la perdés más de lo que quisieras en simples movimientos. Es difícil hablar de una pandemia que no afecte lo emocional. Es peor creer que lo físico y lo psíquico van por separado. A veces miro el mundo con ojos más empaticos. A veces miro el mundo y no me miro a mi o viceversa. Aprender a mirar ambos.
Ver más

Debes ser mayor de 18 años para ver este contenido