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La magia de lo simple 💫☕️
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Mis animalitos, maestros del ahora
A mí la magia de lo simple no me llegó desde la teoría.
Me la enseñaron mis animalitos.
Mis gatitos, por ejemplo. Cómo disfrutan el sol. Nada más. Se acomodan cerca de la ventana, se dejan ventear, cierran los ojos y parecen decirle al mundo: esto es suficiente. No están pensando en mañana, ni en lo que falta. Están acá. Ahora. Disfrutando.
Los perritos del barrio me muestran lo mismo todos los días. En invierno buscan el solcito exacto. En verano, la sombra justa. Ni más ni menos. Saben escuchar su cuerpo, sus necesidades, el momento presente.
Y hay una perrita comunitaria que hoy duerme en casa todas las noches. Empezó cuando hubo inundaciones. De a poco, se fue quedando. Se lleva bien con los gatos y espera tranquila para entrar.
Lo que más me conmueve es verla disfrutar de su camita. Limpia. Cómoda. Segura.
Tal vez sea la primera vez en toda su vida que tiene una cama solo para ella. Duerme profundo, en paz. Dormir afuera es estar alerta: ruidos, autos, peligro. Dormir adentro es soltar el cuerpo. Y ella, cuando apoya la cabeza, parece agradecer sin palabras.
Ahí entendí algo enorme: cuánto subestimamos lo simple.
Vivimos quejándonos por lo que no tenemos.
“No puedo irme de vacaciones.”
“No me alcanza.”
“No es suficiente.”
Y no vemos lo que sí hay.
Una comida rica.
Una ducha fresca cuando hace calor.
Un ventilador, una piletita, una bebida fría.
Una cama. Un techo. Un momento de calma.
Hace cien años nada de esto existía… y hoy lo tenemos tan incorporado que dejamos de agradecerlo.
Estamos siempre deseando algo más grande, algo mejor, algo distinto. Y en ese ir queriendo, nos perdemos la magia del ahora. La verdadera experiencia no siempre es extraordinaria. Muchas veces es simple. Y por eso mismo, profundamente valiosa.
Como canta Serrat en Aquellas pequeñas cosas, esas que “nos dejó un tiempo de rosas”, esas que parecen insignificantes pero que, cuando faltan, entendemos todo lo que eran.
Mis animalitos no filosofan. No se quejan. No comparan.
Disfrutan. Agradecen. Habitan.
Tal vez ahí esté la enseñanza más humilde y más sabia:
no hace falta tanto para vivir bien.
Hace falta estar presentes.
Con amor,
Nati💫
Sanando con Nati
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