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Sanando con Nati

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Sobre esa brújula interna llamada intuición 🧭❤️

Sobre esa brújula interna llamada intuición 

Hay veces en las que algo adentro nuestro dice:

➡️“No vayas por ahí.”
➡️“No aceptes esto.”
➡️“Esto no está bien para vos.”

No sabemos exactamente por qué aparece esa sensación. No tenemos argumentos suficientes para justificar lo que sentimos. No podemos explicarlo con palabras. Simplemente hay algo que se siente incómodo, incorrecto, inadecuado...

🙄Una sensación en la panza.
🤐Un nudo en la garganta.
🤷Una inquietud general.

Ese “no sé qué” que nos hace pensar: “Esto no me cierra…” “Esto no es para mí” “Esto no está bien”

Y muchas veces…desestimamos a nuestra intuición.

Decimos:

🫣“Estoy exagerando.”
🤔“Seguro estoy sobre pensando”
🤪“Dale, no pasa nada.”
🙄“Quizás estoy siendo demasiado sensible.”
😪“Ya que dije que sí, tengo que hacerlo.”
😑“No quiero quedar mal.”

Y vamos. Aceptamos. Nos quedamos. Hacemos algo que, en el fondo, no queríamos hacer, pero con esa incomodidad aún presente en el cuerpo.

Y después, cuando algo ocurre, aparece esa frase tan conocida: “Yo ya lo sabía.”

Pero quizás no lo sabíamos con la cabeza. Lo habíamos sentido. Nuestro cuerpo había registrado algo antes de que pudiéramos explicarlo.

Y esa sabiduría interna puede aparecer en muchísimas áreas de nuestra vida.

Puede aparecer en el amor, cuando conocemos a alguien y hay algo que no termina de cerrar aunque todo “parezca perfecto”.

En una amistad, cuando sentimos que una relación dejó de ser recíproca, aunque nos cueste aceptarlo.

En el trabajo, cuando una propuesta parece maravillosa en el papel pero internamente sentimos que no es nuestro camino.

Al tomar una decisión importante, cuando todo el mundo nos dice “hacelo” y, sin embargo, algo dentro nuestro pide que esperemos.

Y también puede aparecer al revés. Podemos sentir miedo frente a algo que, en realidad, sí deseamos.

Y ahí aparece otra cuestión que me parece muy interesante: ¿Estoy escuchando mi sabiduría interna… o estoy escuchando mi ego?

Porque no siempre lo que sentimos es una señal de que debemos alejarnos.

A veces es miedo. A veces es inseguridad. A veces es una herida antigua. Y otras veces es nuestro ego queriendo demostrar algo.

Querer demostrar que podemos.Que somos capaces. Que somos mejores.

Que podemos llegar más lejos. Que alguien se equivocó al subestimarnos. Que podemos conseguir aquello que los demás creen que no vamos a conseguir.

Y entonces nos metemos en caminos que, en el fondo, no nos hacen felices.

A mí me pasó. Cuando terminé mi carrera de Profesora de Inglés, casi en piloto automático, decidí estudiar la Licenciatura.

En ese momento yo todavía no tenía demasiada experiencia dando clases en primaria y secundaria, pero ya había decidido que quería enseñar en el nivel terciario.Y para eso necesitaba la Licenciatura.

Entonces fui por ese camino. Pero con el tiempo pude preguntarme algo que quizás tendría que haberme preguntado antes:

¿Esto era realmente lo que yo quería? Y la respuesta fue no.

No era exactamente mi deseo.

Había una parte de mí que quería avanzar porque sentía que tenía que demostrar algo.

Como si tener otro título me hiciera más valiosa o respondiera a lo que los demás esperaban de mí.

Como si necesitara llegar a otro lugar para sentir que había “hecho suficiente”.

Y mientras tanto, quizás la vida me estaba diciendo:

“¿Y si simplemente vivís lo que ya construiste?”

Porque también podemos confundir crecimiento con acumulación.

Más títulos. Más metas. Más responsabilidades. Más reconocimiento. Más cosas que demostrar.

Y sin darnos cuenta podemos construir una vida que desde afuera parece maravillosa…pero que por dentro no nos representa ni nos hace vivir en paz.

Por eso hoy pienso que escucharnos no significa solamente preguntarnos: “¿Esto me da miedo?”

También podemos preguntarnos:“¿Esto realmente lo deseo?” “¿Lo estoy haciendo porque me hace feliz o porque quiero demostrar algo?”“¿Lo elegiría si nadie pudiera verlo?” “¿Lo seguiría haciendo si nadie me felicitara por conseguirlo?”

Esa última pregunta puede ser muy incómoda. Porque el ego disfruta mucho de los aplausos y las felicitaciones.

Pero nuestra verdad interior no siempre necesita público.

Y acá también aprendí algo: no todo camino que podemos recorrer es un camino que necesitamos recorrer.

Podemos ser capaces de hacer algo y, aun así, no querer hacerlo.

Podemos tener la posibilidad de alcanzar algo y decidir que no lo queremos.

Podemos cambiar de dirección sin que eso signifique fracasar.

Y podemos decir: “Esto lo elegí en otro momento de mi vida, pero hoy ya no lo elijo.”

Quizás nuestra sabiduría interna no consiste en tener siempre la respuesta correcta.

Consiste en mantener abierto ese diálogo con nosotras mismas.

Preguntarnos:

🤔¿Esto nace de mí o de la necesidad de demostrar algo a alguien?¿Estoy avanzando hacia algo que deseo o escapando de algo que no quiero sentir? ¿Estoy eligiendo desde el amor o desde el miedo? ¿Estoy escuchando mi intuición o estoy intentando convencerme de algo porque ya invertí demasiado para dar marcha atrás?

Y quizás ahí esté una de las formas más profundas de autocuidado: 

💟No obligarnos a seguir solamente porque alguna vez dijimos que sí.

💟No permanecer solamente porque ya invertimos tiempo.

💟No perseguir un sueño solamente porque los demás creen que deberíamos quererlo.

Y tampoco abandonar algo hermoso solamente porque tenemos miedo.

❤️ ¿Te pasó alguna vez descubrir que estabas persiguiendo algo que, en realidad, no deseabas tanto como creías?

Te leo.

Gracias por este Cafecito compartido y a cada persona que me regala un cafecito ya que me ayudan un montón.

Nati🌹
Sanando con Nati
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☕ Un cafecito sobre las sincronicidades… y esos guiños de Dios

¿Alguna vez les pasó que algo sucede en el momento exacto en que tenía que suceder? ✨

Hoy es mi cumpleaños. Me desperté, entré a YouTube… y ahí estaba: 100.000 suscriptores en Sanando con Nati. ❤️

Después de ocho años y medio de trabajo, de insistir, de crear, de empezar de nuevo tantas veces, recibir este regalo justamente hoy me conmovió profundamente.

Y no pude evitar pensar en las sincronicidades. En esos pequeños acontecimientos que parecen casualidad, pero que llegan con una precisión que nos hace detenernos y decir: “¿Será una señal?”

Porque muchas veces quise dejar YouTube. Hubo momentos en los que sentía que el canal no avanzaba, que todo el esfuerzo no estaba dando frutos. Y justo cuando aparecía esa duda, llegaba un mensaje.

Una persona que yo ni siquiera conocía me decía:
"Nati, este video me hizo bien."
"Me ayudaste a atravesar un momento difícil."
"Después de escucharte me sentí en paz."
"Ese mensaje llegó justo cuando lo necesitaba."

Y esas también fueron señales. ❤️

Quizás la cosecha no siempre se ve en números. A veces la cosecha es saber que algo que hiciste tocó el corazón de alguien que nunca vas a conocer personalmente.

Por eso hoy, mirando esos 100.000 suscriptores, siento que no estoy celebrando solamente una cifra. Estoy celebrando cada vez que elegí seguir. Cada video que hice aun cuando dudaba. Cada persona que me escribió. Cada pequeño guiño que me recordó que quizás todavía había algo por hacer.

Y creo profundamente que Dios muchas veces se comunica así: a través de las personas, de las coincidencias, de las oportunidades y de esos acontecimientos que llegan justo cuando necesitamos una señal. 🙏✨

Quizás hoy también vos estás esperando una señal.
Quizás sentís que nada está creciendo.

No te apresures a pensar que no está pasando nada.

A veces la vida está preparando algo en silencio… y un día, cuando menos lo esperás, todo cobra sentido. 🌱

Gracias por acompañarme en este camino durante tantos años.
Hoy cumplo años y, de alguna manera, siento que también estoy celebrando un renacimiento. ❤️

Gracias por ser parte de Sanando con Nati.

Con muchísimo amor,
Nati ☕❤️
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REGALO PARA UDS: DESCARGABLE RETO AMOR PROPIO · 7 DÍAS PARA VOLVERTE A ELEGIRTE

RETO AMOR PROPIO · 7 DÍAS PARA VOLVERTE A ELEGIR Sanando con Nati

Estas semanas estuve bastante silenciosa por aquí, pero les estaba preparando una sorpresa a uds, que siempre están fieles y presentes en Cafecito. Somos pocos, pero los mejores. Así que hoy les tengo un regalo para uds: Van a poder descargar de forma gratuito un ebook que incluye un reto de 7 días de Amor Propio.

Hay un momento en que te das cuenta de que hace mucho tiempo que no te preguntás cómo estás. De verdad. No "cómo estoy para poder seguir funcionando o para seguir sobreviviendo, o cumpliendo con todo y con todos" — sino cómo estás vos, adentro, en lo que nadie ve.

Este reto nació de ese momento.

Son 7 días de trabajo interno, honesto y concreto. Sin promesas mágicas, sin exigencias. Solo vos, tu honestidad y el deseo de tratarte un poco mejor de lo que lo estás haciendo ahora.

Cada día tiene una reflexión profunda, un ejercicio práctico y una afirmación para llevarte. También tiene páginas de journaling para que escribas lo que surja — porque a veces lo más importante aparece cuando la mano se mueve sola sobre el papel.

¿QUÉ TRABAJAMOS CADA DÍA?

Día 1 · Conocerte para poder amarteAntes de poder quererte, necesitás saber qué te hace bien. No lo que "debería" hacerte bien — lo que genuinamente te afloja el pecho, te calma, te da alegría real. Ese es el primer paso: hacer un registro honesto de lo que te nutre, aunque sean cosas pequeñas e imperceptibles para los demás.

Día 2 · ¿Quién sos cuando nadie te ve?Hay una versión tuya que el mundo conoce — la que trabaja, cumple, organiza. Y hay otra: la que baila con la escoba, se pone perfume un martes cualquiera, le habla a cada perro que se cruza. Ese día exploramos quién sos sin audiencia, y por qué esa versión importa tanto como cualquier otra.

Día 3 · La trampa de ser "tu mejor versión"Esa frase suena motivadora, pero muchas veces esconde algo más duro: la idea de que la versión actual todavía no alcanza. Ese día trabajamos en dejar de tratarte como un proyecto a corregir y empezar a encontrar el valor en lo que ya sos hoy — incluso en lo que siempre llamaste defecto.

Día 4 · ¿Qué hacés para demostrar que valés?Trabajar para impresionar. Decir que sí cuando querés decir que no. Nunca incomodar. Siempre poder con todo. Muchas crecimos con la idea de que el amor se gana con rendimiento. Ese día lo ponemos en palabras — y empezamos a ver el peso que venimos cargando sin saberlo.

Día 5 · ¿Qué harías si no tuvieras que demostrar nada?Un ejercicio de imaginación que se vuelve muy real muy rápido. Cuando dejás de actuar desde el miedo a no valer, ¿qué cambia? ¿Qué harías más? ¿Qué dejarías de hacer? Este día construís tu propia brújula — y la vas a necesitar el día siguiente.

Día 6 · ¿Dónde seguís intentando merecer amor?Aquí se pone concreto. Ya no es imaginar — es detectar dónde, en tu vida cotidiana de esta semana, seguís sobreadaptándote, callando o cediendo para que nadie se vaya. Y practicar, por primera vez, decir con calma: "Prefiero no."

Día 7 · Elijo volver a míEl cierre no es un final — es una base nueva. Una frase de identidad que te llevás. Una acción concreta para esta semana. Y la pregunta más importante de todo el recorrido: ¿qué pasa si dejás de abandonarte?

UNA MUESTRA REAL DEL CONTENIDO:

Del Día 3, sobre la trampa de mejorar siempre:

"Mejorar no está mal. Aprender no está mal. Sanar no está mal. Lo que duele es cuando tu valor queda condicionado a eso. Crecer desde el rechazo te deja agotada. Crecer desde el respeto te transforma."

Del Día 6, sobre los límites:

"Cuando te sabés valiosa, no decís 'No puedo' desde la culpa. Decís con calma: 'Prefiero no'. Sin justificación. Sin miedo a dejar de gustar."

Del Manifiesto final, que cierra el reto:

"No me abandono. No me humillo. No me dejo sola cuando algo duele. Soy suficiente tal como soy hoy."

¿PARA QUIÉN ES ESTE RETO?

Para la que sabe intelectualmente que vale, pero no siempre lo siente. Para la que se cansa de estar siempre disponible para todos menos para ella misma. Para la que quiere un espacio íntimo, sin grupos ni presiones, donde pueda ser honesta de verdad.

No necesitás tener todo resuelto para empezar. Solo necesitás estar dispuesta a mirarte con más compasión.

QUÉ INCLUYE:7 reflexiones · 7 ejercicios · 7 afirmaciones · páginas de journaling · check-in de entrada y salida · carta a mí misma · Manifiesto de Amor Propio · frases para compartir · glosario de conceptos

Formato: PDF descargable · imprimible · para usar a tu ritmo

Descargalo gratis en mi tienda:

https://sanaciondesdeelsintoma.tiendup.com/p/reto-amor-propio-7-dias-para-volverte-a-elegir

Espero sus comentarios y espero les ayude este Reto.

Gracias, gracias, gracias por estar y por ser parte de este espacio.

Nati,
Sanando con Nati.
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😏 ¿Y si buscamos cinco “amantes” en la vida?

¡No te asustes! 😂 No te estoy pidiendo que salgas a buscar amantes ni que engañes a tu esposo, a tu pareja… ¡Nada que ver!

Estoy hablando de otros tipos de amantes en la vida. Y te voy a contar de qué se trata. 😉

Son esos espacios, actividades y vínculos que nos ayudan a enamorarnos de la vida, reconectar con el amor propio, recuperar la ilusión y construir una vida más rica, plena y llena de posibilidades.

Porque necesitamos tener distintas cosas que nos hagan sentir vivos y que enriquezcan nuestra existencia.

❤️ Un amante para el corazón.

Sí, tu pareja es importante. Pero también lo son tus amigos, tu familia, tus mascotas, las personas que querés.

Cultivá esas relaciones.

Juntate con ese grupo de amigos aunque sea una vez al mes. Salí a tomar un cafecito con una amiga una vez por semana. Llamá a alguien de tu familia. Compartí un almuerzo. No dejes de ir a ese cumpleaños o a ese encuentro que para alguien es importante.

No hace falta hacer grandes cosas. Las relaciones se cultivan de a poquito.

Y esto es fundamental: no dejemos todo nuestro mundo afectivo en manos de una sola persona.

Porque si un día nos separamos, nos divorciamos o enviudamos… ¿qué hacemos?

Seguir cultivando otros vínculos no significa amar menos a nuestra pareja. Significa tener también una red de amor alrededor nuestro.

🏃‍♀️ Un amante para el cuerpo.

Bailar, caminar, hacer ejercicio, cuidar nuestra alimentación, movernos, disfrutar nuestro cuerpo.

No solamente para vernos bien, sino para cultivar energía, vitalidad y salud.

🌿 Un amante para el alma.

Rezar, meditar, conectar con la naturaleza, leer, estar en silencio, encontrar esos momentos que nos devuelven paz.

Y también ir descubriendo qué cosas nos hacen bien a nosotros.

Porque parte de la vida es conocernos y crear nuestras propias rutinas de bienestar.

🧠 Un amante para la mente.

Aprender, estudiar, descubrir cosas nuevas, mantener abierta nuestra curiosidad.

Aprender un idioma. Aprender crochet. Empezar un curso. Leer sobre algo que nos interesa.

Y no necesariamente para ganar dinero.

¿Te acordás cuando éramos chicos y aprendíamos cosas simplemente porque nos divertían?

También necesitamos aprender por el puro placer de aprender.

🎨 Y un amante para la creatividad.

Pintar, escribir, cocinar, hacer música, sacar fotos, crear contenido, decorar, hacer manualidades…

Cualquier cosa que despierte esa parte nuestra que dice: “¡Qué lindo hacer esto!”

Porque si ponemos TODA nuestra vida en una sola cosa o en una sola persona… ¿qué pasa cuando esa situación cambia?

Si solamente vivo para mi trabajo y llega la jubilación… ¿qué hago?

Si toda mi felicidad depende de mi pareja y la relación termina… ¿qué hago?

Si todo mi entusiasmo está puesto en un proyecto, un negocio o un sueño y eso no funciona… ¿qué queda?

Por eso necesitamos varios pilares.

No para querer menos aquello que amamos, sino para que nuestra vida no quede sostenida sobre un único pilar.

Porque cuando ese único pilar falla, podemos sentir que se derrumbó todo, que no tenemos nada, que la vida perdió sentido.

En cambio, cuando tenemos diferentes espacios donde amar, crear, aprender, compartir, disfrutar y crecer, nuestra vida se vuelve más rica y más resistente. ❤️

Y hay algo que para mí es FUNDAMENTAL:

📅 No dejes a tus “amantes” para cuando tengas tiempo.

Agendá una cita con cada uno.

Ese paseo.
Ese café con una amiga.
Esa clase.
Ese libro.
Ese momento de oración.
Esa caminata.
Ese rato para pintar, cocinar o crear.

Ponelos en tu agenda. Dales un espacio real y concreto.

Porque si siempre postergamos aquello que nos hace bien, podemos terminar con una agenda llena de obligaciones… y una vida cada vez más vacía.

Y quizás un día nos damos cuenta de que dejamos de llamar a nuestros amigos, dejamos de ver a nuestra familia, dejamos de hacer aquello que nos apasionaba y dejamos de tener curiosidad por la vida.

No permitas que eso pase.

Construí una vida con distintos motivos para levantarte, ilusionarte, aprender, amar y disfrutar. 🌱

Y no importa cuántos años tengas.
No importa en qué momento de tu vida estés.

Todavía podés descubrir nuevos “amantes” de la vida. 😏❤️

Y gracias, de corazón, a todas las personas que acompañan este espacio y colaboran con sus Cafecitos. ☕️❤️

Cada Cafecito es mucho más que un aporte: es una forma hermosa de decirme “seguí creando, seguí compartiendo”. Y me ayuda a continuar haciendo crecer esta comunidad y llevando estos mensajes a más personas.

Así que ahora quiero saber:

¿Cuál de estos cinco “amantes” necesita hoy una cita urgente en tu agenda? 😍

Nati, Sanando con Nati ✨
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Si mi niña interior pudiera hablarme hoy…

Si mi niña interior pudiera hablarme hoy… ¿qué me diría? 🤍

Durante mucho tiempo hice el ejercicio de hablarle a mi niña interior. Le dije que la veía, que iba a cuidarla, que ya no estaba sola. Le expliqué muchas situaciones dolorosas del pasado para que pudiera mirarlas desde otro lugar.

Pero nunca había hecho el ejercicio contrario:

¿Qué pasaría si hoy fuera ella quien me hablara a mí?

Si pudiera mirarme al espejo, creo que primero se quedaría asombrada.

Me miraría y quizás me diría:

"¿De verdad esta es nuestra vida? ¡Mirá todo lo que tenemos!"

Estaría orgullosa de mi casa, de mi familia, de las personas que me acompañan en mi vida, de mi trabajo, de todo lo que fui construyendo con los años.

Porque ella no miraría mi vida con la mirada adulta que muchas veces tengo yo.

No estaría pensando en lo que falta, en lo que todavía no conseguí, en lo que podría mejorar o en todo lo que tengo pendiente.

Ella miraría alrededor y encontraría milagros cotidianos por todas partes.

Se sorprendería de tener un hogar al que volver.
De las personas que amo y que me aman.
De poder trabajar y crear.
De tener un plato de comida.
De poder abrazar.
De escuchar una canción que me emociona.
De ver amanecer.
De comer algo rico.
De poder empezar otra vez después de haberme caído.

Se asombraría de cosas que yo, por vivir apurada, muchas veces ni siquiera miro.

Y quizás me preguntaría:

"¿Por qué estás tan preocupada por lo que todavía no tenés, si mirá todo lo que ya conseguimos?"

"¿Cuándo dejaste de ilusionarte y aprendiste a rendirte antes de empezar?"

"¿Por qué pasás por alto tus logros y lo bueno de tu vida?"

Porque la vida no está hecha solamente de los grandes acontecimientos que esperamos.

También está hecha de esos pequeños milagros que suceden todos los días y que, por vivir corriendo, aprendimos a llamar “normal”.

Una conversación.
Una risa inesperada.
Un abrazo.
Una taza caliente entre las manos.
Alguien que pregunta cómo estamos.
Un animalito que se acerca buscando cariño.
Una canción que aparece justo cuando la necesitábamos.
Una oportunidad.
Una mañana más.
Una noche en paz.
Escribir este texto y que ustedes me lean.

Y creo que mi niña interior también me recordaría algo más.

Todos esos sueños que alguna vez tuve.

Esos sueños que de niña parecían enormes, pero posibles.

Me preguntaría cuándo empecé a decir:

"Es demasiado grande."
"No se puede."
"Es muy difícil."
"Yo no puedo."

Quizás me pediría que saque de mi adultez todo aquello que me frena a creer.

Que vuelva a confiar en mí.
Que vuelva a entusiasmarme.
Que vuelva a soñar sin ponerle límites a todo antes de intentarlo.

Y me devolvería esa hermosa inocencia de creer en lo mejor de los demás, pero también en lo mejor de mí.

Me recordaría que todavía puedo sorprenderme.
Que todavía puedo empezar.
Que todavía puedo cumplir mis sueños.
Que todavía hay tiempo y tengo toda la vida por delante.

Y que todo es posible no significa que todo vaya a suceder exactamente como lo imaginamos.

Significa que no tengo que decidir de antemano que algo es imposible solamente porque todavía no sé cómo hacerlo.

Quizás crecer no significa dejar de creer.

Quizás significa aprender a caminar con la experiencia de una adulta sin apagar los ojos de aquella niña que todavía sabe maravillarse mientras mira todo con sus ojos brillantes de alegría.

Y entonces imagino que mi niña interior me abrazaría y me diría:

"Nati… mirá todo lo que hiciste."

"Mirá todo lo que atravesamos."

"Mirá dónde estamos."

"Estoy orgullosa de vos."

"Ahora no te olvides de disfrutarlo."

Y quizás esa sea una de las cosas más hermosas que puede enseñarnos nuestra niña interior:

volver a mirar nuestra propia vida con ojos de asombro e inocencia.

Porque tal vez no necesitamos que sucedan más milagros.

Tal vez necesitamos volver a reconocer los que ya están sucediendo. ✨

Y ahora quiero invitarte a hacer algo.

Hoy, cuando tengas un momento de calma, cerrá los ojos. Imaginá que frente a vos está ese niño o esa niña que fuiste.

No le hables vos.

Dejá que te hable.

Preguntale:

“¿Qué querés decirme hoy?”

Y después escuchá.

Sin juzgar.
Sin corregir.
Sin buscar una respuesta perfecta.

Quizás te recuerde un sueño que abandonaste.
Quizás te diga que está orgulloso de vos.
Quizás te pida que vuelvas a jugar, a reír, a confiar.
Quizás te recuerde cuánto deseabas algo que hoy ya tenés y que olvidaste agradecer.

Y si querés, compartí acá qué te dijo tu niño o tu niña interior.

Tal vez tu mensaje sea justamente lo que otra persona necesitaba leer hoy. 🤍

Nati, Sanando con Nati.
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Las emociones que nunca nos permitieron sentir

Cuando éramos chicos, nadie nos sentó a explicarnos para qué servían las emociones.

Las fuimos aprendiendo de otra manera. Mirando. Escuchando. Imitando.

Aprendimos qué emociones eran bienvenidas... y cuáles era mejor esconder.

No nacemos sabiendo gestionar las emociones. Aprendemos qué emociones tienen permiso para existir en el mundo en el que crecimos.

Hay familias donde enojarse no estaba permitido.

➡️"No contestes."

➡️"No levantes la voz."

➡️"No seas irrespetuoso."

Muchos crecimos con una idea de respeto que, sin darnos cuenta, a veces confundía el respeto con el silencio.

Parecía que un adulto siempre tenía razón por el solo hecho de ser adulto.

Que responder era faltar el respeto.

Que cuestionar una injusticia era ser rebelde.

Que expresar el desacuerdo era tener mala educación.

Y entonces no aprendimos a hacer algo fundamental: expresar un límite con respeto.

No aprendimos a decir:

"Eso que dijiste me lastimó."

"No estoy de acuerdo."

"No me parece justo."

"Necesito que me hables de otra manera."

En lugar de practicar cómo atravesar un conflicto de forma sana, muchos aprendimos a evitarlo.

A callarnos.

A soportar.

A convencernos de que lo mejor era no hacer olas.

Con los años, esa forma de relacionarnos puede aparecer en distintos ámbitos de la vida.

Nos cuesta decir que no.

Nos cuesta pedir lo que necesitamos.

Nos cuesta defendernos cuando sentimos que algo es injusto.

Nos cuesta poner límites sin sentir culpa.

Y terminamos soportando mucho más de lo que realmente queremos... y, muchas veces, mucho más de lo que nuestro cuerpo y nuestra mente pueden sostener.

En otras familias ocurría algo muy distinto.

Las discusiones eran parte de la vida cotidiana.

Se gritaba.

Se discutía.

Se daban portazos.

Pero había una emoción que casi no tenía lugar: la tristeza.

"No es para tanto."

"No te pongas así."

"Ya va a pasar."

"Hay problemas mucho más grandes."

"Lo único que no tiene solución es la muerte."

"No seas tan sensible."

Sin querer, esos mensajes transmitían una idea: si sufrís por esto, estás exagerando.

Muchas de estas frases fueron dichas con amor. Nuestros padres, nuestros abuelos o quienes nos criaron hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas que tenían. Muchas veces repetían aquello que ellos mismos habían aprendido.

Pero una buena intención no siempre evita una consecuencia.

Poco a poco empezamos a desconfiar de lo que sentíamos.

Si algo nos dolía, pensábamos que exagerábamos.

Si estábamos tristes, sentíamos que no teníamos derecho a estarlo.

Si nos enojábamos, aparecía la culpa.

Si teníamos miedo, nos avergonzábamos.

Y dejamos de preguntarnos:

¿Qué me está queriendo decir esta emoción?

Para empezar a preguntarnos:

¿Estará mal sentir esto?

Sin embargo, todas las emociones son válidas.

No porque todas nos lleven a actuar de la misma manera, sino porque todas traen información.

La tristeza puede avisarnos que hubo una pérdida, una decepción o algo que necesitamos elaborar.

El miedo puede protegernos frente a un peligro o prepararnos para algo nuevo e incierto.

El enojo puede mostrarnos que alguien cruzó un límite importante para nosotros o que estamos viviendo una situación que sentimos injusta.

La culpa, cuando es sana, puede ayudarnos a reconocer un error y repararlo.

La alegría nos señala aquello que nos hace bien y que vale la pena cultivar.

No existen emociones malas.

Lo que puede hacernos daño no es sentirlas, sino no escucharlas o actuar impulsivamente desde ellas.

Las emociones son información.

Las conductas son elecciones.

Y entre una emoción y la forma en que decidimos actuar existe un espacio muy valioso: la conciencia.

Cuando aprendemos a escuchar lo que sentimos, dejamos de pelearnos con nosotros mismos.

Podemos preguntarnos:

¿Qué necesita esta emoción de mí?

Tal vez poner un límite.

Tal vez pedir ayuda.

Tal vez descansar.

Tal vez expresar un dolor que llevamos demasiado tiempo callando.

Las emociones forman parte de nuestro sistema de supervivencia.

No aparecieron para complicarnos la vida.

Aparecieron para orientarnos.

Para decirnos cuándo algo nos hace bien, cuándo algo nos lastima, cuándo necesitamos acercarnos, alejarnos, protegernos o cambiar.

Una invitación para esta semana

Me gustaría invitarte a observar algo muy simple.

La próxima vez que aparezca una emoción que te resulte incómoda —tristeza, enojo, miedo, culpa o frustración—, antes de querer hacerla desaparecer, detenete un momento y escuchá qué te decís.

¿Aparece un...

"No es para tanto."

"No tendría que sentirme así."

"Hay gente que está peor."

"Ya se me va a pasar."

"No puedo ponerme a llorar por esto."

"No debería enojarme."

"Tengo que ser fuerte."

Muchas veces creemos que esas frases son nuestras.

Pero, en realidad, son grabaciones que quedaron dentro nuestro.

Mensajes que escuchamos una y otra vez durante la infancia y que hoy repetimos automáticamente, incluso sin darnos cuenta.

No se trata de culpar a quienes nos criaron.

Ellos también fueron educados con sus propias historias y con las frases que alguna vez les dijeron.

Se trata, simplemente, de empezar a reconocer esa voz.

Porque cuando la reconocemos, aparece la posibilidad de elegir otra manera de hablarnos.

Tal vez, en lugar de decirte:

"No es para tanto."

Podés preguntarte:

"¿Qué me está queriendo mostrar esta emoción?"

En lugar de decir:

"No debería sentir esto."

Podés decirte:

"Tiene sentido que me sienta así. Voy a escuchar qué necesita esta emoción."

Ese pequeño cambio puede parecer insignificante.

Pero muchas veces ahí comienza una relación mucho más amable con uno mismo.

Quizás sanar no siempre sea dejar de sentir.

Quizás sanar sea dejar de pelearte con tus emociones y empezar a escucharlas con curiosidad, con respeto y con compasión.

Gracias, de corazón, a quienes, con sus cafecitos, ayudan a que este espacio siga creciendo y podamos compartir cada semana nuevas reflexiones.

Y gracias a vos por regalarte este momento de lectura.

Te mando un abrazo enorme.

Nati – Sanando con Nati
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☕ Descubrí que llevaba años desvalorizándome… y no me había dado cuenta.

Vengo de la dermatóloga, después de haber demorado el turno por meses… y me surge esta reflexión sobre mi demora en ocuparme de mí misma y qué tiene que ver eso con la desvalorización.

Muchas veces leemos en libros de desarrollo personal frases como “tenés que valorarte más”, “vos valés” o “trabajá tu autoestima”.

Pero, si soy sincera, durante años esas frases me parecían demasiado generales. ¿Cómo me valoro? ¿Qué tengo que hacer para amarme? ¿Qué significa realmente desvalorizarse?

Hoy creo que la desvalorización no es una idea abstracta o “en el aire”. Es una forma de vivir que, muchas veces, terminamos naturalizando sin darnos cuenta.

Soy docente y amo enseñar y preparar mis clases. 👩‍🏫✨ Enseñar ha sido un espacio de creatividad, energía y alegría para mí. Pero también fue el lugar donde empecé a reconocer un patrón que después descubrí en muchas otras áreas.

➡️ Corregir exámenes y tareas en casa. ➡️ Preparar clases los fines de semana. ➡️ Hacer planificaciones. ➡️ Realizar adecuaciones para alumnos que necesitaban materiales especiales. ➡️ Escribir informes. ➡️ Preparar actos escolares y decoraciones. ➡️ Comprar tizas, marcadores, fotocopias y materiales de mi propio bolsillo para que mis alumnos pudieran aprender en mejores condiciones.

Horas y horas de trabajo que nunca fueron remuneradas por todas las horas dedicadas fuera de mi horario de trabajo.

Y todo eso por años fue totalmente naturalizado. "Mi trabajo es así".

Porque cuando hacés las cosas con vocación, muchas veces aparece una frase que todos escuchamos: "Lo importante es hacerlo por los chicos."

Y claro que los chicos son importantes. 💛 Pero con el tiempo entendí que la vocación no debería convertirse en una excusa para desvalorizar nuestro trabajo y nuestro tiempo personal.

Sin darme cuenta, empecé a normalizar una idea muy dolorosa: mi tiempo no vale.

Cuando una persona trabaja sistemáticamente horas extras sin reconocimiento ni remuneración, el mensaje que termina incorporando es silencioso… pero muy poderoso: "Lo que hacés no vale tanto." "Nadie valora lo que hacés."

Cada hora que regalaba era una hora menos para generar otros ingresos, descansar o dedicarme a mí o a estar con total presencia con quienes amo.

Cada peso que invertía para cubrir necesidades ajenas era un peso que dejaba de estar disponible para las mías.

Mientras tanto, fui postergando consultas con especialistas porque eran "muy caras". Sin embargo, no dudaba en usar ese dinero para pagar insumos para las escuelas que el Estado debería financiar.

También fui postergando actividades de autocuidado por estar enchufada todo el día respondiendo a todo lo que me pedían fuera de mi horario de trabajo.

Durante mucho tiempo estuve en ese ciclo de postergación hasta que la salud física y mental no dio más. En mi caso fue un gran burnout el año pasado.

Esta crisis emocional y de cansancio no apareció de un día para otro.

Fue el resultado de muchos años poniéndome en segundo, tercero o último lugar.

Fue el resultado de no buscar ayuda y de no parar de tener la cabeza ocupada y preocupada por todo lo que las escuelas me requerían.

La desvalorización se ve de formas concretas:

➡️ Cada vez que demorás un estudio médico y no ponés a tu salud en primer lugar. ➡️ Cada vez que cancelás un turno porque "ahora no podés". ➡️ Cada vez que postergás un tratamiento. ➡️ Cada vez que dejás para después algo que realmente necesitás. ➡️ Cada vez que todos son prioridad… menos vos. ➡️ Cada vez que trabajás de domingo a domingo para cumplir con todos. ➡️ Cada vez que dejás que el trabajo ocupe demasiado espacio y le robe tiempo a tu descanso o a tu vida familiar.

Mi historia de desvalorización también la llevé conmigo cuando empecé en YouTube. 🎥

Allí repetí exactamente el mismo patrón.

Durante casi tres años no moneticé mis videos porque sentía que podía incomodar a las personas si aparecía un anuncio en medio de una meditación.

Prefería renunciar a un ingreso antes que molestar a alguien con una publicidad de YouTube.

Escribía. Grababa. Editaba. Estudiaba. Respondía mensajes. Pero no ganaba ni un peso.

A vos también te puede estar pasando exactamente lo mismo.

Tal vez no te cuesta nada dar.

➡️ Dar tiempo. ➡️ Dar energía. ➡️ Dar contención. ➡️ Dar soluciones. ➡️ Dar presencia.

Podés estar disponible para tu familia, para tus alumnos, para tus amigos, para tu pareja o para el trabajo… y hacerlo con el corazón abierto, sin medir demasiado.

Pero cuando llega el momento de darte a vos, aparece una resistencia silenciosa.

➡️ Un "después". ➡️ Un "no es tan urgente". ➡️ Un "ahora no puedo". ➡️ Un "total, yo aguanto".

Y ahí está la trampa.

Porque no te cuesta dar a los demás. Te cuesta recibirte a vos mismo.

➡️ Te cuesta reservarte un rato sin culpa. ➡️ Te cuesta pagar una consulta sin sentir que estás siendo exagerada. ➡️ Te cuesta decir que no. ➡️ Te cuesta invertir en tu descanso, en tu salud, en tu placer y en tu futuro.

Y mientras tanto seguís funcionando. Seguís sosteniendo. Seguís siendo "la que siempre está".

Hasta que un día el cuerpo, la mente o el alma te pasan la cuenta.

Porque dar sin límite no es generosidad infinita. A veces es una forma disfrazada de desvalorización.

Así que te invito a mirarte con honestidad:

🙌 ¿En qué parte de tu vida te resulta fácil dar… y difícil darte?

🙌 ¿Dónde estás postergándote mientras sostenés a todos los demás?

Porque vos también merecés ser prioridad. No después. No cuando "sobre" tiempo o dinero. Ahora.

Y antes de despedirme, quiero decir un gracias muy especial a todas las personas que alguna vez me invitaron un Cafecito. ☕

Quizás para ustedes fue un gesto sencillo, pero para mí significó mucho más que una ayuda económica. Cada Cafecito fue una manera de decirme: "Tu trabajo tiene valor. Gracias por el tiempo, el amor y la dedicación que ponés en cada contenido."

Después de tantos años sintiendo que debía dar sin recibir, ustedes me ayudaron, sin saberlo, a sanar un pedacito de esa herida de desvalorización. Me hicieron sentir acompañada, reconocida y sostenida en este camino.

Gracias por valorar mi trabajo y por estar ahí. Nunca voy a dejar de agradecerles ese enorme acto de cariño.

Con mucho cariño,

Nati Sanando con Nati ✨
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☕ Cafecito del día | Cuando algunos solo esperan que un grande caiga

Estos días, después de la final entre Argentina y España, me quedé pensando en algo.

Antes que nada, quiero aclarar una cosa.
No hablo de los españoles que celebraron el triunfo de su selección. Es lógico. Ganaron y tienen todo el derecho del mundo a festejar.

Hablo de otra actitud. La de personas cuyo equipo ni siquiera llegó a esa final, pero parecían disfrutar más la derrota de Argentina que cualquier logro propio.

Mientras miraba los últimos partidos, yo estaba atravesando una lumbalgia muy fuerte. Había días en los que casi no podía caminar, levantarme de la cama o moverme sin dolor. Y, sin embargo, veía a Messi, con 39 años, corriendo, luchando cada pelota, soportando la presión de millones de personas y jugando otra final internacional.
Lo único que pensaba era:
"Qué increíble este hombre."
Mientras yo apenas podía levantarme de la cama, él seguía compitiendo al máximo nivel Sentí admiración.
Y me pasa también con jugadores de otras selecciones. Aunque quiera que gane Argentina, puedo disfrutar una gambeta, un pase imposible o una jugada brillante. Porque el talento, el arte y el esfuerzo merecen ser reconocidos, vengan de quien vengan.

Por eso me cuesta entender a quienes esperan el primer tropiezo de alguien extraordinario para salir a burlarse.

Un partido no borra una carrera.
Una derrota no elimina años de disciplina, sacrificio, trabajo y perseverancia.

Para mí, la verdadera mediocridad no es perder. La verdadera mediocridad es alegrarse cuando al que brilla le va mal.
Porque cuando tu felicidad depende del fracaso ajeno, el problema ya no está en quien perdió. Está en lo que pasa dentro de vos.

Y me pregunto....Si una persona necesita tanto que un grande caiga para sentirse mejor...
¿Cómo se tratará a sí misma cuando es ella la que falla?
Porque, al final, la forma en que miramos a los demás suele ser un reflejo de cómo nos miramos por dentro.
Si no hay compasión hacia el otro...
Si no hay capacidad para reconocer su esfuerzo...
Si disfrutamos cuando alguien cae...
¿Habrá compasión cuando nosotros mismos nos equivoquemos?
Sinceramente, lo dudo.

Creo que quien vive esperando la caída de los demás también suele ser muy duro consigo mismo.

En cambio, quien aprende a admirar el talento ajeno desarrolla una mirada más amorosa hacia la vida y hacia sí mismo

Nadie gana siempre. Todos tenemos días difíciles. Incluso los más grandes pierden alguna vez. Y eso no los hace menos grandes. Al contrario. Los hace humanos.

Por eso es mejor opción elegir la admiración antes que la envidia.
Porque la admiración siempre te hace crecer.
La envidia nunca hizo crecer a nadie.

Hoy el fútbol fue solo una excusa para hablar de algo mucho más profundo.
La manera en que reaccionamos frente al éxito o al fracaso de los demás habla, en realidad, de nuestro propio mundo interior.

Ojalá aprendamos a inspirarnos en quienes brillan, en lugar de esperar que su luz se apague.

Con cariño,
Nati – Sanando con Nati ☕💛

☕ Gracias por hacer posible este espacio
Si llegaste hasta acá, gracias por regalarme unos minutos de tu tiempo.

Y gracias, de corazón, a todas las personas que colaboran con un Cafecito o con un aporte por PayPal. Gracias a ustedes puedo sostener este espacio y dedicar tiempo a escribir estas reflexiones con la esperanza de acompañar, inspirar o sembrar una pregunta que nos ayude a crecer.

Si sentís que este contenido te aporta valor y querés colaborar, podés hacerlo. No es una obligación; este espacio seguirá siendo gratuito para todos. Pero cada aporte, por pequeño que sea, significa muchísimo para mí.
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Gracias por caminar este camino conmigo.
Un abrazo enorme.

Nati – Sanando con Nati 💛
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☕ Cafecito de hoy: ¿Por qué necesitamos culpar a alguien cuando perdemos?

Desde que terminó el Mundial de Fútbol no dejan de aparecer teorías conspirativas sobre la derrota de Argentina frente a España.

Que los jugadores recibieron amenazas por mostrar una bandera de las Islas Malvinas. Que les advirtieron que podían dejar a la Selección fuera del próximo Mundial. Que el árbitro tenía determinados antecedentes. Que había intereses ocultos detrás del resultado. Y así podríamos seguir.

No quiero discutir hoy si alguna de esas teorías es verdadera o falsa. Ese no es el objetivo de este Cafecito.

Lo que realmente me interesa es otra pregunta:

¿Por qué necesitamos encontrar un culpable cuando algo nos sale mal?

¿Por qué, cuando perdemos o fracasamos, sentimos tanta necesidad de mirar hacia afuera?

Creo que la respuesta tiene mucho que ver con algo profundamente humano: la frustración duele. Y duele mucho.

No nos educaron para convivir con la frustración. Tampoco nos enseñaron a asumir nuestra parte de responsabilidad sin castigarnos, sin darnos un latigazo cada vez que cometemos un error.

Pareciera que solo existen dos opciones: o todo fue culpa de los demás, o todo fue culpa nuestra.

Y ninguna de las dos nos ayuda a crecer.

Cuando algo no sale bien, nuestra mente intenta aliviar ese dolor. Busca construir una explicación que nos permita entender lo ocurrido y recuperar un poco de paz con nosotros mismos. Muchas veces esa explicación toma la forma de un culpable externo.

Es más fácil pensar que todo fue por el árbitro, por el algoritmo, por la suerte, por el sistema o por las circunstancias... que detenernos frente a una pregunta mucho más incómoda:

¿Hay algo que yo podría hacer diferente la próxima vez?

Y quiero aclarar algo muy importante.

Asumir responsabilidad no es darse un latigazo.

No significa decir: "Soy un desastre", "No sirvo", "Nunca hago nada bien".

Significa poder decir con serenidad: "Esto no salió como esperaba. ¿Qué puedo aprender de esta experiencia?"

Eso no destruye la autoestima. Al contrario, la fortalece.

Porque deja de convertir cada error en una condena y lo transforma en una oportunidad de crecimiento.

Este Cafecito no habla solo de fútbol.

Habla también de mí.

Durante mucho tiempo, cuando un video de YouTube no funcionaba, yo decía que el algoritmo favorecía otros contenidos. Que la mayoría de las personas entraba a internet para entretenerse y no para crecer. Que los canales de desarrollo personal la tenían mucho más difícil.

Y, siendo completamente honesta, creo que parte de eso era cierto.

Pero esa no era toda la verdad.

También había mucho que yo podía mejorar.

Y me costó muchísimo aceptarlo.

Fue muy duro reconocer que quizás podía comunicar mejor. Que podía hacer mis videos más dinámicos, más cercanos, más atractivos. Que mi mensaje podía ser valioso, pero que la forma de transmitirlo necesitaba evolucionar.

Aceptar eso dolió.

Mucho más que culpar al algoritmo.

Pero fue justamente ahí donde empezó mi crecimiento.

Comprendí que una cosa no anulaba a la otra.

Puede haber factores externos que dificulten el camino.

Y, al mismo tiempo, puede haber aspectos propios sobre los que sí tenemos poder.

Cuando dejé de buscar culpables y empecé a asumir mi parte de responsabilidad, mi canal comenzó a crecer.

No porque el algoritmo hubiera cambiado.

Sino porque cambié yo.

Y creo que esta reflexión sirve para el deporte, para el trabajo, para las relaciones y para cualquier proyecto de vida.

Siempre existirán circunstancias que no podamos controlar.

La verdadera pregunta es:

¿Voy a pasar mi energía buscando culpables... o voy a descubrir qué parte de esta situación sí depende de mí?

Porque ahí empieza el⁶ verdadero crecimiento.

Antes de despedirme, quiero hacer un agradecimiento muy especial.

Gracias de corazón a todas las personas que colaboran para sostener este espacio. Gracias a ustedes puedo dedicar tiempo, energía y mucho amor a crear estos Cafecitos y todo el contenido de Sanando con Nati. Cada aporte, por pequeño que parezca, me ayuda a seguir creciendo, a llegar a más personas y a construir esta comunidad tan hermosa de la que hoy todos formamos parte.

Varias personas que viven fuera de Argentina me preguntaron cómo podían colaborar, así que además de Cafecito, hoy también les comparto mi enlace de PayPal.

💛 Si lo que comparto te acompaña, te ayuda a entenderte un poquito más o simplemente te regala un momento de calma, gracias.

Detrás de cada contenido hay tiempo, dedicación y mucho amor por lo que hago. Y si en algún momento sentís que querés apoyarme en este proyecto podés hacerlo en:

☕ Argentina: https://cafecito.app/sanandoconnati

🌎 Internacional: https://paypal.me/nataliamorebio

No es una obligación. Es simplemente una forma amorosa de ayudarme a sostener este espacio para que pueda seguir creciendo y llegando a muchas más personas.

Gracias por creer en este proyecto. Gracias por hacer posible que pueda dedicarme a esto que tanto amo. Gracias por ayudarme a crecer. Y, sobre todo, gracias por ser parte de esta gran comunidad.

Los quiero mucho. ❤️

Nati, Sanando con Nati ♥️
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Cafecito del Día del Amigo ❣️☕️

Los hermanos que la vida y el alma me regalaron

Buenos días, mi hermosa comunidad 💛
Hoy es 20 de julio. Día del Amigo.

¿Saben de dónde viene la palabra "amigo"?
Viene del latín _
amicus, que viene de amare: amar.
Y también de _animi_: alma.
Amigo = el que ama con el alma.

Y tiene todo el sentido. Porque un amigo es con quien podés ser vos misma y sentirte aceptada y amada. Un amigo es con quien te reís de las mismas cosas. Con quien te entendés sin juzgarte.
Con quien te podés decir la verdad sin ofenderte.

La amistad sana es un lugar seguro para ser nosotros mismos.

Y cuando nos vemos con amigos, el mundo se siente un poquito más lindo y liviano.

Yo soy hija única. No tuve hermanos de sangre.
Pero la vida me regaló hermanos igual.
Los encontré en mis amigas de toda la vida.
Los encontré en mis amigos de cuatro patas 🐾 que me enseñaron compañía sin palabras.
Y hace unos años tengo la dicha de encontrarlos también acá. En ustedes, en la Comunidad de Sanando con Nati.

Antes de crear este espacio muchas veces me sentí juzgada.
Incluso después de crearlo, hubo gente que no entendía por qué decidí de hablar de espiritualidad de forma pública . Yo me dedicaba íntegramente a ser docente, profesora, y de golpe empecé a tener otros intereses y a comunicarlos.
Hubo gente que me miró raro, que me criticó, que no entendía.

Y tener este espacio, esta comunidad, me hizo ver que estuvo bien.
Estuvo bien animarme a poner la cara, a poner el alma, a poner las palabras acá.
Porque hay gente que gracias a Dios lo valora. Hay gente que está del otro lado con el corazón abierto.
Ustedes son esos amigos que iluminan.
Que permiten que mi luz salga hacia afuera. Y juntos hacemos el mundo un poquito más luminoso.

Estoy orgullosos de nosotros. Somos una comunidad.
Somos gente que se encontró en un mismo interés: tener un espacio donde sentirnos mejor, donde sanar, donde ser auténticos.

Este espacio de Sanando con Nati es un espacio donde yo puedo ser yo misma.
Y se los agradezco tanto. Por eso amo tanto esta comunidad.
Ustedes son parte de esto. Y yo celebro con ustedes cada 20 de julio. A través de un mensaje, de un cafecito, de un video, de un short.
Me emociona mucho que exista. Me emociona poder comunicarme desde lo que soy yo y sentir que del otro lado hay alma.

Los amigos están para recordarnos que no nacimos para cargar todo solos.
Para sostenernos. Para reír. Para decirnos "seguí" cuando pensamos en bajar los brazos.

A mí muchas veces un mensaje de uno de ustedes me hizo seguir con YouTube cuando quería tirar la toalla. Y acá estoy, gracias a eso.

La Biblia dice: "Hay amigo más unido que un hermano"y yo lo creo.

Hoy brindo por ustedes.
Por mis amigas de siempre.
Por mis compañeros de cuatro patas.
Y por esta comunidad que se armó sin buscarnos, pero encontrándonos.

Si tenés a alguien que te hace la vida más liviana, decile hoy. Compartile este cafecito.

☕ Gracias de corazón a quienes sostienen este espacio con un cafecito, un comentario, un me gusta. Cada gesto hace que esta palabra llegue a alguien que la necesita hoy.

Feliz día del amigo.
Que no te falten abrazos de alma.

Con muchísimo amor,
Nati – Sanando con Nati 🌿💛🐾
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