El contenido a publicar debe seguir las normas de contenido caso contrario se procederá a eliminar y suspender la cuenta.
¿Quiénes pueden ver este post?
Selecciona los planes que van a tener acceso
Las primeras veces que no salen en fotos ✨
Cargando imagen
Con el paso de los años parece que ya no hay primeras veces.
Como si las importantes ya hubieran pasado:
el primer beso, el primer amor, el primer desengaño amoroso.
La primera vez que vimos el mar, el primer viaje fuera del país.
El primer viaje en avión, el primer trabajo, el primer departamento propio.
Y sin darnos cuenta, empezamos a repetir los días.
Hace poco me crucé con un reel en Instagram:
una señora pidió que, para su cumpleaños, le regalen experiencias.
Hermosa idea 💫
Le regalaron un viaje en globo aerostático —una experiencia extraordinaria—,
una merienda en el Hotel Alvear,
y algo que me emocionó especialmente:
el aroma de su abuela.
No era solo un frasco de perfume.
Era una experiencia sensorial.
El perfume que siempre usaba su abuelita.
La posibilidad de volver a sentirla, aunque sea por un instante.
Todo eso es precioso.
Pero me dejó una pregunta dando vueltas:
Si un viaje en globo aerostático es una experiencia extraordinaria…
¿qué pasa con todas esas primeras veces que se nos escapan de las manos
justamente por lo simples que son?
Esta semana usé por primera vez la capelina blanca que me regaló mi mamá.
Pero no en la playa.
En la calle.
Para ir al supermercado.
La tenía guardada porque me daba vergüenza.
La capelina llama la atención. La gente te mira.
Yo solo la había usado en la playa, donde es normal, donde nadie te juzga.
Pero acá, en mi barrio, hay muchas cuadras sin árboles.
Y en pleno verano, hay que cuidarse del sol ☀️
Así que me la puse igual.
Y sí, me miraron.
Y sí, me sentí rara los primeros cinco minutos.
Pero también me sentí protegida del sol. Elegante.Presente.
Como si hubiera hecho algo solo para mí, sin pedir permiso.
Hace dos semanas compré un vestido sin mangas.
Durante años no me gustaba mostrar mis brazos.
Simplemente no usaba vestidos ni musculosas fuera de casa.
Esta fue la primera vez que salí así.
Con brazos a la vista.
Sin esconderme.
Y no pasó nada terrible.
Pasó algo mejor: me sentí libre.
También hubo primeras veces chiquitas, pero reales.
Por primera vez pedí gusto pistacho en mi heladería favorita, La París 🍦
Siempre pedía lo mismo.
Esta vez cambié.
Y fue rico.
A veces la novedad entra por una cucharita.
Ayer también hice algo nuevo:
por primera vez preparé Sprite casera 🥤
y probé jarabe de sirope por primera vez.
No porque fuera necesario.
Sino por curiosidad.
Por probar.
También cociné por primera vez una tarta de brócoli.
Años viendo la receta.
Años diciendo “algún día”.
¿El resultado? No me gustó 😅
Pero la hice.
Y probé algo nuevo.
Y eso ya es suficiente.
Y hubo más primeras veces simplemente porque salí del pensamiento automático.
Pensar distinto también puede ser:
– no tomarme algo como personal ( cuando antes me hubiese puesto muy triste)
– no reaccionar como siempre, respirar en vez de reaccionar
– hablarme mejor en vez de criticarme
– aceptar que hoy hice lo que pude, y que eso
A veces las primeras veces más importantes son las que evitamos
por miedo a que no sean perfectas…
o por miedo a que nos miren.
La primera vez que uso esa ropa guardada “para una ocasión especial”.
La primera vez que llamo a alguien solo porque me nació.
La primera vez que digo “no” sin sentir una angustia que retuerce mi estómago.
La primera vez que entro a ese café al que siempre paso de largo.
La primera vez que canto fuerte en casa aunque desafine 🎶
La primera vez que escribo lo que siento y no lo corrijo hasta matarlo.
La primera vez que pido ayuda en voz alta.
La primera vez que me quedo en silencio sin prender la tele.
La primera vez que tomo otro camino, solo por curiosidad.
La primera vez que me preparo el desayuno como si fuera para alguien importante
(porque lo soy).
La primera vez que bailo en la cocina sin esperar que no me vea nadie.
La primera vez que valoro el cuerpo que tengo hoy, no el que “debería tener”.
Cafecito fue mi primera vez compartiendo lo que escribo sin filtros. La primera vez que hablé —o mejor dicho, escribí— de mis propios dolores, de mis desafíos reales, de lo que no siempre se muestra. Fue la primera vez que me animé a ser vulnerable en voz alta, sin saber quién iba a leer, pero confiando. Y ahí estuvieron ustedes. Leyendo, acompañando, sosteniendo en silencio. Por eso hoy siento una gratitud profunda por cada persona que está del otro lado, porque escribir así no sería posible sin alguien dispuesto a recibirlo.
¿Cuál de estas primeras veces te está esperando?
No hace falta que sea hoy.
Pero tal vez… ¿esta semana?
Gracias Mari, Lucre y Majo por sus cafecitos ☕ Gracias por leerme y hacer este espacio posible 💫
✨ Por muchas primeras veces.
Con amor,
Nati
Sanando con Nati 💛
Ver más
Compartir
Creando imagen...
¿Estás seguro que quieres borrar este post?
Debes iniciar sesión o registrarte para comprar un plan