Si mi niña interior pudiera hablarme hoy… ¿qué me diría? 🤍
Durante mucho tiempo hice el ejercicio de hablarle a mi niña interior. Le dije que la veía, que iba a cuidarla, que ya no estaba sola. Le expliqué muchas situaciones dolorosas del pasado para que pudiera mirarlas desde otro lugar.
Pero nunca había hecho el ejercicio contrario:
¿Qué pasaría si hoy fuera ella quien me hablara a mí?
Si pudiera mirarme al espejo, creo que primero se quedaría asombrada.
Me miraría y quizás me diría:
"¿De verdad esta es nuestra vida? ¡Mirá todo lo que tenemos!"
Estaría orgullosa de mi casa, de mi familia, de las personas que me acompañan en mi vida, de mi trabajo, de todo lo que fui construyendo con los años.
Porque ella no miraría mi vida con la mirada adulta que muchas veces tengo yo.
No estaría pensando en lo que falta, en lo que todavía no conseguí, en lo que podría mejorar o en todo lo que tengo pendiente.
Ella miraría alrededor y encontraría milagros cotidianos por todas partes.
Se sorprendería de tener un hogar al que volver.
De las personas que amo y que me aman.
De poder trabajar y crear.
De tener un plato de comida.
De poder abrazar.
De escuchar una canción que me emociona.
De ver amanecer.
De comer algo rico.
De poder empezar otra vez después de haberme caído.
Se asombraría de cosas que yo, por vivir apurada, muchas veces ni siquiera miro.
Y quizás me preguntaría:
"¿Por qué estás tan preocupada por lo que todavía no tenés, si mirá todo lo que ya conseguimos?"
"¿Cuándo dejaste de ilusionarte y aprendiste a rendirte antes de empezar?"
"¿Por qué pasás por alto tus logros y lo bueno de tu vida?"
Porque la vida no está hecha solamente de los grandes acontecimientos que esperamos.
También está hecha de esos pequeños milagros que suceden todos los días y que, por vivir corriendo, aprendimos a llamar “normal”.
Una conversación.
Una risa inesperada.
Un abrazo.
Una taza caliente entre las manos.
Alguien que pregunta cómo estamos.
Un animalito que se acerca buscando cariño.
Una canción que aparece justo cuando la necesitábamos.
Una oportunidad.
Una mañana más.
Una noche en paz.
Escribir este texto y que ustedes me lean.
Y creo que mi niña interior también me recordaría algo más.
Todos esos sueños que alguna vez tuve.
Esos sueños que de niña parecían enormes, pero posibles.
Me preguntaría cuándo empecé a decir:
"Es demasiado grande."
"No se puede."
"Es muy difícil."
"Yo no puedo."
Quizás me pediría que saque de mi adultez todo aquello que me frena a creer.
Que vuelva a confiar en mí.
Que vuelva a entusiasmarme.
Que vuelva a soñar sin ponerle límites a todo antes de intentarlo.
Y me devolvería esa hermosa inocencia de creer en lo mejor de los demás, pero también en lo mejor de mí.
Me recordaría que todavía puedo sorprenderme.
Que todavía puedo empezar.
Que todavía puedo cumplir mis sueños.
Que todavía hay tiempo y tengo toda la vida por delante.
Y que todo es posible no significa que todo vaya a suceder exactamente como lo imaginamos.
Significa que no tengo que decidir de antemano que algo es imposible solamente porque todavía no sé cómo hacerlo.
Quizás crecer no significa dejar de creer.
Quizás significa aprender a caminar con la experiencia de una adulta sin apagar los ojos de aquella niña que todavía sabe maravillarse mientras mira todo con sus ojos brillantes de alegría.
Y entonces imagino que mi niña interior me abrazaría y me diría:
"Nati… mirá todo lo que hiciste."
"Mirá todo lo que atravesamos."
"Mirá dónde estamos."
"Estoy orgullosa de vos."
"Ahora no te olvides de disfrutarlo."
Y quizás esa sea una de las cosas más hermosas que puede enseñarnos nuestra niña interior:
volver a mirar nuestra propia vida con ojos de asombro e inocencia.
Porque tal vez no necesitamos que sucedan más milagros.
Tal vez necesitamos volver a reconocer los que ya están sucediendo. ✨
Y ahora quiero invitarte a hacer algo.
Hoy, cuando tengas un momento de calma, cerrá los ojos. Imaginá que frente a vos está ese niño o esa niña que fuiste.
No le hables vos.
Dejá que te hable.
Preguntale:
“¿Qué querés decirme hoy?”
Y después escuchá.
Sin juzgar.
Sin corregir.
Sin buscar una respuesta perfecta.
Quizás te recuerde un sueño que abandonaste.
Quizás te diga que está orgulloso de vos.
Quizás te pida que vuelvas a jugar, a reír, a confiar.
Quizás te recuerde cuánto deseabas algo que hoy ya tenés y que olvidaste agradecer.
Y si querés, compartí acá qué te dijo tu niño o tu niña interior.
Tal vez tu mensaje sea justamente lo que otra persona necesitaba leer hoy. 🤍
Nati, Sanando con Nati.
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