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Sobre esa brújula interna llamada intuición 🧭❤️

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Sobre esa brújula interna llamada intuición  Hay veces en las que algo adentro nuestro dice: ➡️“No vayas por ahí.” ➡️“No aceptes esto.” ➡️“Esto no está bien para vos.” No sabemos exactamente por qué aparece esa sensación. No tenemos argumentos suficientes para justificar lo que sentimos. No podemos explicarlo con palabras. Simplemente hay algo que se siente incómodo, incorrecto, inadecuado... 🙄Una sensación en la panza. 🤐Un nudo en la garganta. 🤷Una inquietud general. Ese “no sé qué” que nos hace pensar: “Esto no me cierra…” “Esto no es para mí” “Esto no está bien” Y muchas veces…desestimamos a nuestra intuición. Decimos: 🫣“Estoy exagerando.” 🤔“Seguro estoy sobre pensando” 🤪“Dale, no pasa nada.” 🙄“Quizás estoy siendo demasiado sensible.” 😪“Ya que dije que sí, tengo que hacerlo.” 😑“No quiero quedar mal.” Y vamos. Aceptamos. Nos quedamos. Hacemos algo que, en el fondo, no queríamos hacer, pero con esa incomodidad aún presente en el cuerpo. Y después, cuando algo ocurre, aparece esa frase tan conocida: “Yo ya lo sabía.” Pero quizás no lo sabíamos con la cabeza. Lo habíamos sentido. Nuestro cuerpo había registrado algo antes de que pudiéramos explicarlo. Y esa sabiduría interna puede aparecer en muchísimas áreas de nuestra vida. Puede aparecer en el amor, cuando conocemos a alguien y hay algo que no termina de cerrar aunque todo “parezca perfecto”. En una amistad, cuando sentimos que una relación dejó de ser recíproca, aunque nos cueste aceptarlo. En el trabajo, cuando una propuesta parece maravillosa en el papel pero internamente sentimos que no es nuestro camino. Al tomar una decisión importante, cuando todo el mundo nos dice “hacelo” y, sin embargo, algo dentro nuestro pide que esperemos. Y también puede aparecer al revés. Podemos sentir miedo frente a algo que, en realidad, sí deseamos. Y ahí aparece otra cuestión que me parece muy interesante: ¿Estoy escuchando mi sabiduría interna… o estoy escuchando mi ego? Porque no siempre lo que sentimos es una señal de que debemos alejarnos. A veces es miedo. A veces es inseguridad. A veces es una herida antigua. Y otras veces es nuestro ego queriendo demostrar algo. Querer demostrar que podemos.Que somos capaces. Que somos mejores. Que podemos llegar más lejos. Que alguien se equivocó al subestimarnos. Que podemos conseguir aquello que los demás creen que no vamos a conseguir. Y entonces nos metemos en caminos que, en el fondo, no nos hacen felices. A mí me pasó. Cuando terminé mi carrera de Profesora de Inglés, casi en piloto automático, decidí estudiar la Licenciatura. En ese momento yo todavía no tenía demasiada experiencia dando clases en primaria y secundaria, pero ya había decidido que quería enseñar en el nivel terciario.Y para eso necesitaba la Licenciatura. Entonces fui por ese camino. Pero con el tiempo pude preguntarme algo que quizás tendría que haberme preguntado antes: ¿Esto era realmente lo que yo quería? Y la respuesta fue no. No era exactamente mi deseo. Había una parte de mí que quería avanzar porque sentía que tenía que demostrar algo. Como si tener otro título me hiciera más valiosa o respondiera a lo que los demás esperaban de mí. Como si necesitara llegar a otro lugar para sentir que había “hecho suficiente”. Y mientras tanto, quizás la vida me estaba diciendo: “¿Y si simplemente vivís lo que ya construiste?” Porque también podemos confundir crecimiento con acumulación. Más títulos. Más metas. Más responsabilidades. Más reconocimiento. Más cosas que demostrar. Y sin darnos cuenta podemos construir una vida que desde afuera parece maravillosa…pero que por dentro no nos representa ni nos hace vivir en paz. Por eso hoy pienso que escucharnos no significa solamente preguntarnos: “¿Esto me da miedo?” También podemos preguntarnos:“¿Esto realmente lo deseo?” “¿Lo estoy haciendo porque me hace feliz o porque quiero demostrar algo?”“¿Lo elegiría si nadie pudiera verlo?” “¿Lo seguiría haciendo si nadie me felicitara por conseguirlo?” Esa última pregunta puede ser muy incómoda. Porque el ego disfruta mucho de los aplausos y las felicitaciones. Pero nuestra verdad interior no siempre necesita público. Y acá también aprendí algo: no todo camino que podemos recorrer es un camino que necesitamos recorrer. Podemos ser capaces de hacer algo y, aun así, no querer hacerlo. Podemos tener la posibilidad de alcanzar algo y decidir que no lo queremos. Podemos cambiar de dirección sin que eso signifique fracasar. Y podemos decir: “Esto lo elegí en otro momento de mi vida, pero hoy ya no lo elijo.” Quizás nuestra sabiduría interna no consiste en tener siempre la respuesta correcta. Consiste en mantener abierto ese diálogo con nosotras mismas. Preguntarnos: 🤔¿Esto nace de mí o de la necesidad de demostrar algo a alguien?¿Estoy avanzando hacia algo que deseo o escapando de algo que no quiero sentir? ¿Estoy eligiendo desde el amor o desde el miedo? ¿Estoy escuchando mi intuición o estoy intentando convencerme de algo porque ya invertí demasiado para dar marcha atrás? Y quizás ahí esté una de las formas más profundas de autocuidado:  💟No obligarnos a seguir solamente porque alguna vez dijimos que sí. 💟No permanecer solamente porque ya invertimos tiempo. 💟No perseguir un sueño solamente porque los demás creen que deberíamos quererlo. Y tampoco abandonar algo hermoso solamente porque tenemos miedo. ❤️ ¿Te pasó alguna vez descubrir que estabas persiguiendo algo que, en realidad, no deseabas tanto como creías? Te leo. Gracias por este Cafecito compartido y a cada persona que me regala un cafecito ya que me ayudan un montón. Nati🌹 Sanando con Nati
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