A veces el duelo también trae una culpa que casi nadie nombra.
La culpa de tener un rato bueno.
De reírte por algo mínimo.
De olvidarte unos minutos de la tristeza.
De seguir hablando, comiendo, trabajando, haciendo planes, mientras una parte tuya todavía se queda mirando el lugar donde alguien ya no vuelve.
Y duele raro.
Porque una parte siente alivio por respirar un poco.
Y otra parte se pregunta si ese alivio significa que estás dejando atrás demasiado pronto a quien amaste.
Pero extrañar no siempre se ve igual.
Hay ausencias que al principio ocupan todo el aire. Después empiezan a moverse distinto. No desaparecen. No se vuelven pequeñas. Cambian de lugar dentro de vos.
A veces ya no llorás cada día, pero seguís pensando en esa persona cuando pasa algo que le hubieras contado primero.
A veces podés reírte, y aun así hay una silla interna que sigue vacía.
A veces seguís viviendo, no porque olvidaste, sino porque el amor también aprende a quedarse sin lastimarte todo el tiempo.
Ojalá puedas tratar con ternura esa culpa.
Porque continuar no borra lo vivido.
Sonreír no cancela lo que dolió.
Tener un día un poco más amable no significa que esa persona importe menos.
Quizás solo significa que tu corazón, con todo lo que perdió, está intentando encontrar una manera de seguir latiendo sin dejar afuera lo que amó.
Un día a la vez 🤍
Ver más
Debes iniciar sesión o registrarte para comprar un plan