Cafecito
Imagen de portada
Imagen de perfil

Un día a la vez

Blog
0Seguidos
0Seguidores

Me dio culpa no llorar

A veces el duelo también trae una culpa que casi nadie nombra.

La culpa de tener un rato bueno.
De reírte por algo mínimo.
De olvidarte unos minutos de la tristeza.
De seguir hablando, comiendo, trabajando, haciendo planes, mientras una parte tuya todavía se queda mirando el lugar donde alguien ya no vuelve.

Y duele raro.

Porque una parte siente alivio por respirar un poco.
Y otra parte se pregunta si ese alivio significa que estás dejando atrás demasiado pronto a quien amaste.

Pero extrañar no siempre se ve igual.

Hay ausencias que al principio ocupan todo el aire. Después empiezan a moverse distinto. No desaparecen. No se vuelven pequeñas. Cambian de lugar dentro de vos.

A veces ya no llorás cada día, pero seguís pensando en esa persona cuando pasa algo que le hubieras contado primero.
A veces podés reírte, y aun así hay una silla interna que sigue vacía.
A veces seguís viviendo, no porque olvidaste, sino porque el amor también aprende a quedarse sin lastimarte todo el tiempo.

Ojalá puedas tratar con ternura esa culpa.

Porque continuar no borra lo vivido.
Sonreír no cancela lo que dolió.
Tener un día un poco más amable no significa que esa persona importe menos.

Quizás solo significa que tu corazón, con todo lo que perdió, está intentando encontrar una manera de seguir latiendo sin dejar afuera lo que amó.

Un día a la vez 🤍
Ver más

Tal vez estás volviendo a vos

Hay etapas en las que una sigue, pero no del todo.

Está. Contesta. Hace lo que puede. Se sienta en la mesa. Camina por la calle. Escucha a otros hablar. A veces hasta se ríe en el momento exacto, como si ninguna parte interna estuviera intentando sostenerse con lo último que le queda.

Y después, cuando baja el ruido, aparece esa sensación rara: haber estado en tu vida, pero lejos de vos.

Como si hubieras tenido que prestarle el cuerpo a los días mientras el corazón se quedaba en otro lugar, tratando de entender qué se rompió, qué dolió tanto, qué parte tuya aprendió a seguir aunque necesitara parar.

Por eso hay pequeñas vueltas que importan.

Volver a cantar una canción.
Volver a sentir ganas de responderle a alguien.
Volver a mirar algo lindo sin que duela.
Volver a respirar sin estar preparando una defensa.

Nadie ve todo lo que hay detrás de esos movimientos mínimos.
Pero vos sí.

Vos sabés lo que costó llegar a un instante en el que el pecho afloja un poco.
Vos sabés que esa calma chiquita no apareció porque sí: apareció porque algo en vos, incluso cansado, siguió buscando un lugar más amable para quedarse.

Y tal vez hoy la vida no esté resuelta.
Pero si hay una parte tuya que empieza a volver, aunque sea despacio, aunque sea distinta, aunque sea con miedo, eso también merece ternura.

Un día a la vez 🤍
Ver más

Por acá ya no quiero perderme

Hay certezas que no llegan como respuestas enormes.

Aparecen después de haber dudado mucho.
Después de haber esperado señales donde solo había cansancio.
Después de haber sostenido vínculos, decisiones, silencios o versiones de vos que ya te quedaban demasiado lejos.

Y tal vez todavía no tengas claro el camino.
Tal vez sigas con preguntas abiertas.
Tal vez haya partes de tu vida que todavía duelen, que todavía pesan, que todavía no sabés cómo acomodar adentro.

Pero hay algo que empieza a sentirse distinto.

Una parte tuya ya entendió que no puede seguir pagándose con ausencia.
Que no quiere seguir explicándose tanto para merecer un poco de cuidado.
Que no quiere volver a callarse entera para que algo no se rompa.
Que no quiere confundirse otra vez con quien aprendió a aguantar demasiado.

Esa certeza puede ser pequeña.
Puede venir mezclada con miedo.
Puede no alcanzar para resolverlo todo.
Pero alcanza para que hoy te mires con un poquito más de lealtad.

A veces empezar de nuevo no se parece a estar lista.
Se parece más a escucharte decir, con la voz temblando:
“por acá ya no quiero perderme”.

Y eso, aunque parezca poco, ya cambia algo adentro.

Un día a la vez 🤍
Ver más