Hay etapas en las que una sigue, pero no del todo.
Está. Contesta. Hace lo que puede. Se sienta en la mesa. Camina por la calle. Escucha a otros hablar. A veces hasta se ríe en el momento exacto, como si ninguna parte interna estuviera intentando sostenerse con lo último que le queda.
Y después, cuando baja el ruido, aparece esa sensación rara: haber estado en tu vida, pero lejos de vos.
Como si hubieras tenido que prestarle el cuerpo a los días mientras el corazón se quedaba en otro lugar, tratando de entender qué se rompió, qué dolió tanto, qué parte tuya aprendió a seguir aunque necesitara parar.
Por eso hay pequeñas vueltas que importan.
Volver a cantar una canción.
Volver a sentir ganas de responderle a alguien.
Volver a mirar algo lindo sin que duela.
Volver a respirar sin estar preparando una defensa.
Nadie ve todo lo que hay detrás de esos movimientos mínimos.
Pero vos sí.
Vos sabés lo que costó llegar a un instante en el que el pecho afloja un poco.
Vos sabés que esa calma chiquita no apareció porque sí: apareció porque algo en vos, incluso cansado, siguió buscando un lugar más amable para quedarse.
Y tal vez hoy la vida no esté resuelta.
Pero si hay una parte tuya que empieza a volver, aunque sea despacio, aunque sea distinta, aunque sea con miedo, eso también merece ternura.
Un día a la vez 🤍
Ver más
Debes iniciar sesión o registrarte para comprar un plan