Y sin embargo tengo hambre:
saciada de lo oscuro
lo velado
lo rumboso
satisfecha de pájaros sombríos
la panza llena de palomas negras
de cartas que no llegan
de mensajes tardíos.
Y así y todo
tengo hambre
del hierro envilecido
de todo lo negado
lo sucio
lo olvidado
eso que nadie quiere
yo lo quiero.
Denme las palabras no dichas
las miradas penúltimas
las tacitas que ya no hacen juego
las lapiceras que no andan
las muñecas rotas
las viejas que miran por la ventana.
Denme lo solo y último
lo que pasa inadvertido
eso que nadie mira
ni reclama.
Tengo abstinencia de mi espejo involuntario
de eso que está sin que nadie lo llame.
Porque después de todo tengo hambre:
muero por una miga de pan viejo
y el olor abismal de las madejas
nada me satisface
y estoy llena
de eso que nadie busca y se ha perdido
como un botón
una flor
un papelito.
Por la sangre me suben azucenas marchitas
y en el pelo me danzan filamentos de sombra
y en el pecho me anidan pajaritos sin madre
que tienen hambre y frío
como yo
en esta hora.
V.M (c)
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