Quemarse las pestañas. Romperse el alma, el lomo, el orto. Sacrificarse. Darlo todo. Con sangre, sudor y lágrimas. Devanarse los sesos. Inmolarse. Por la familia, por la pareja, por los hijos, por los padres, por la casa, por el trabajo, por el país, por el futuro. Renunciar y resignarse. Amén. Pagar el karma. Llamarse a silencio. Quedarse en el molde. Y arremangarse. Agarrar la pala. Darle y darle. A sol y a sombra. 24/7. Sin parar. Retroceder nunca. Rendirse jamás. Incansable. De hierro. Todoterreno. Dale que va. El que abandona no tiene premio. Dale que va. Sin tirar la toalla. Dale uppercut. A como de lugar. Con tutti. Sin claudicar. Querer es poder. El que no llora, no mama. No está muerto quien pelea. Dale nomás. Siempre pa´lante. Ni un paso atrás. No vale aflojar. Ay, Jalisco, no te rajes. Vos podés. I will survive. Dale gas. Metele nitro. No parés. Sin sacrificio no hay nada en esta vida. Bancatelá. A llorar al cuartito. Siga, siga. Metele máquina. No bajés los brazos. Ni la guardia. Ni las expectativas. Vos dale. Un, dos, tres, march. Sin mirar atrás. Como el caballo. Pazencia, buey. El burro por delante. Laburando como un animal. Como negro. Como una puta. El trabajo es salud. Al que madruga, dios lo ayuda. El que quiera celeste, que le cueste. Nada es gratis en esta vida. A mí nadie me regaló nada. Yo laburé siempre. Dale que va. Doblando el espinazo. Sin chistar. Y con el fruto del sacrificio, comprarse algo. Con el sudor de la frente. La frente alta. La pobreza digna. Vos dale. Dale que podés. El que quiere, puede. Y el que no puede, es vago. Vos podés, porque tenés aguante y no le debés nada a nadie. Te quemaste las pestañas. Noche y día como un buey. Ah, pero la vida empieza después de los cuarenta, decía Pitkin en 1932. No importa, cuando te jubilás te hacen una fiesta y todo. Vas a ver. Dale nomás. Dale que va. “Y mañana cuando seas descolado mueble viejo…”, golpeá que te van a abrir. Salú.
Como un tsunami inadvertido y cierto Arrastrando imposibles a su paso. Gota oportuna que desbordó el vaso De este pecho, que al fin no estaba muerto. Ventarrón escorpiano, irreverente, Apasionado y loco, desmedido. Que en un beso me movió hasta el apellido Y en una noche se instaló en mi frente. ¿dónde estabas, amor de fuego intenso? ¿adónde se ocultaba tu mirada De sombra y luz, de pura madrugada, Como esta en que te evoco y llamo y pienso? Yo, que no creo en casi nada y veo Venir el golpe por detrás a diario. Yo, que hice del amor un relicario Malvendido en la feria del deseo. Yo, que me doy sin límites ni vueltas, Que pierdo el corazón en cada esquina. Que no aprendí a querer con disciplina, Que llevo las verijas medio sueltas, Porque me importa un catzo lo que digan Porque non me nefrega la etiqueta, Porque llevo en mi ser el alma inquieta Y a veces voy nomás, sin que me sigan. Te abro mi pecho para que te metas Con zaino y todo, adentro y sin desvío y galopemos hasta el desvarío de la pasión escorpiana hasta la meta. Mejor aún: sin punto de llegada Amémonos sin tiempo ni mañana, Sin ese oscuro ayer que a tientas sana Ni ese futuro vacío que aún no es nada. Seamos dos que se entregan a su suerte… ¡Vivamos el instante caudaloso! Que nos abrace la paz del puro gozo Y se arrodille ante los dos la muerte.
Como el curita aquél, unamunesco, Miro en el lago la existencia misma. Desnuda como Eva, frágil prisma Me irradia el pensamiento novelesco. Se rinde ante lo azul mi desconcierto, Frente a tanta belleza revelada. Extrañamente, no cuestiono nada: Las manos mudas, el vigor despierto. También soy lago azul en la postal Envuelta en clara luz amanecida, Sin embargo, en la hondura de mi vida Yace expectante un pánico ancestral. Nahuelitos de horror danzan hambrientos, Mordiéndome la risa en un descuido, Arrastrando mi espíritu aturdido En la corriente atroz del desaliento. Sobre las aguas mansas sopla el viento La brisa del presente redimido. Pero, ¡ay, con el ayer enrarecido! ¡Ay, con las brumas del presentimiento! Algo me dice que esta vista añil Se desvanece turbia lago adentro, Huelo el agror de un fiel remordimiento Acobardado en la memoria hostil. Y como don Manuel, pienso en la Muerte Y en el Amor, que es cruz de aquella cara, Cuando de pronto un beso se dispara Sobre mi espalda, que gira para verte. Y son tus ojos dos lagos de lumbre, Y son tus besos, los espantamiedos, Cálices rojos en donde mis dedos Mojan su sed de abierta mansedumbre. Entonces el paisaje se agiganta Cuando tu piel se encuentra con la mía. ¡Mi voz quiere cantar su algarabía! ¡Toda la dicha cabe en mi garganta! Y ya no soy una mujer que canta, Mirando el lago, ida de su mente. Soy esta que se entrega mansamente: La que en tus brazos sus males espanta.
Y sin embargo tengo hambre: saciada de lo oscuro lo velado lo rumboso satisfecha de pájaros sombríos la panza llena de palomas negras de cartas que no llegan de mensajes tardíos. Y así y todo tengo hambre del hierro envilecido de todo lo negado lo sucio lo olvidado eso que nadie quiere yo lo quiero. Denme las palabras no dichas las miradas penúltimas las tacitas que ya no hacen juego las lapiceras que no andan las muñecas rotas las viejas que miran por la ventana. Denme lo solo y último lo que pasa inadvertido eso que nadie mira ni reclama. Tengo abstinencia de mi espejo involuntario de eso que está sin que nadie lo llame. Porque después de todo tengo hambre: muero por una miga de pan viejo y el olor abismal de las madejas nada me satisface y estoy llena de eso que nadie busca y se ha perdido como un botón una flor un papelito. Por la sangre me suben azucenas marchitas y en el pelo me danzan filamentos de sombra y en el pecho me anidan pajaritos sin madre que tienen hambre y frío como yo en esta hora.
Victoria Morán | Entrenadora Vocal Ontológica 🎙️ Ayudo a personas y artistas a liberar su voz y habitar su autoridad expresiva. ✨ Ciencia vocal + Ontología + Abordaje holístico. 🌿 Creadora de El Canal Sagrado.
Llueve con ganas Tu cuerpo largo bosteza una caricia Me busca Me aprieta Me ciñe Me encuentra En la penumbra Y se fusiona en mi Subatómicamente Hasta ser uno. Tu cuerpo madreselva Tu cuerpo madre Tu cuerpo selva Subiendo por mi cuerpo Desde la raíz Enredados Encuerados Enterrados Uno en el otro, En el puro sustrato amoroso. Tierra caliente Abonada por nuestro deseo. Llueve con ranas, Teros y siesta Llueven las ganas Sobre los cuerpos Entreverados. Enamorados De ese murmullo De agua que cae. Es mío Es tuyo Este capullo de amor Que se abre Ante tu sed Sobre mi hambre, Contra el viento. Que amar es devorar Al ser amado Y darse uno A la par En alimento.
Me sentaré a esperarte en cada silla. Un ratito, entre el almuerzo y la siesta. O antes de dormir. No todo el tiempo, no todo el día. La vida urge. Tengo miedo de acomodarme presta y que no vengas, pero lo mismo me sentaré a esperarte en cada silla. Aposentando mis temores gordos aguardaré cantando a tu inapelable ausencia, empinando las puntas de mis pies contra el suelo.
Todavía no llegás, amor cien veces dibujado por mis dedos en el aire, pero te espero. No sé tejer, como Penélope, pero me sentaré a esperarte en cada tarde. Mientras tanto, mientras venís andando con el sudor de mil batallas, yo misma le abriré las puertas y los brazos y las piernas a otros soldados de paso, que merecen caricias y saben darlas. No sé tejer, insisto, yo sé esperarte así. Vengo llegando tarde a la castidad, corazón mío. Al curso de dos agujas, también. Pero te espero obscenamente sentada, desnuda y leve, como el alba.
Urge el amor, el de los mil colores. Aunque a veces un daltonismo emocional me asalte y no distinga entre verdes y azules. Yo te espero, amor intenso carmesí, pasión azabache. Entre la multitud que se desplaza como mancha de aceite estarán tus dos colores titilando para mí y los veré avanzar, iluminándome.
Estás viniendo, lo sé. Una especie de medusa me nada en el estómago. Hay descargas eléctricas en mis rodillas y por las noches, escucho el canto de un tero que pasa hacia el este. Todo me parece una señal de tu inminente llegada. Una canción en la radio, un hilo negro que se me abroja al jeans, una mancha de tuco que vaticina tu perfil de moneda.
De silla en silla por la casa, me sentaré a esperarte, mi Odiseo. A vos, que no sostuviste una espada en tu vida pero diste pelea en cada esquina de dolor que te dobló en la cara. Del otro lado del tiempo estás marchando a mi encuentro. En esta parte del mapa estoy sentada esperándote, con una cruz gigante pintada en el pecho.
La espera se hace larga, mientras los caballeros entran y salen luciendo besos hilvanados con descuido. Tampoco sé coser, amor mío. Ni bordar. Yo sólo sé esperarte, sentadita. No todo el tiempo, no todo el día. No uso reloj pero cada minuto que pasa me estremece porque acerca tus pasos hacia mí.
No te demores, mi bien, la vida es un chasquido. No te entretengas mucho en tu retorno, tomá atajos. Ya no somos criaturas, ahora coleccionamos cicatrices. Vení al galope largo, amado mío. Tengo sueño, me duermo aquí sentada. Todas las sillas son iguales a la hora de esperarte, menos la espera. La espera nunca es igual, porque el amor la alienta. Pero el amor, mi cielo, es veleidoso y a veces un poco absurdo, como la muerte.
Yo pude ser la otra, la mitad de la niña condenada a nacer. El costado siniestro de esa idea con hoyuelos. Yo pude ser el monstruo, el error contundente, la oración mutilada. Pude encarnar el miedo y el fracaso en escalas. Elegí reencarnarme en el sonido, en la palabra que agita las aguas del silencio, en la verdad que arranca de cuajo los papeles escritos en el viento. La niña con su vestido de sangre y su muñeca anquilosada en brazos se para frente a mí, como un espectro bello y luminoso. Apenas se sonríe. Yo la beso. Yo pude ser aquella y fui la otra. Quién llora de este lado del espejo, no importa. Viven en mi asimétrica existencia, mi renga humanidad de porcelana, la niña y la mujer que escribe a solas. Cuando la noche cierra sus labios sobre mis presentimientos, cuando el silencio aúlla en la voz de mis muertos yo me abrazo a esa otra, a la niña que arrastra su infinita pregunta y la miro a los ojos para leer respuestas que acaso no soporte, que no vendrán a tiempo. Sobre un signo de muerte estaqué mi bandera. Fatigué soledades bajo el sol de la espera hasta llegar a mí. Y aquí estoy, arrastrada a un destino de hiedra bebiendo de los muros, amante de la sombra, la piel enverdecida y en la raíz reseca acechando la vida. Son tantos los recuerdos que podría matarme el olor de la lluvia cayendo sobre el pasto y en mis horas de espanto, balanceando a mi niña en un rincón vacío me incorpora el ensueño de un paisaje lejano y la felicidad entonces se parece a una casita blanca bajo un árbol salvaje.
Algunos aseguran haber visto una suerte de inmanencia transparente sobre la fuente Du Val D’Osne, en Parque Lezama. La ameba fantasmal se abre a su capricho por lo que nunca puede saberse cuándo lo hará. Quien pasa por allí, al alejarse ya no es el mismo. Otros hablan de una puerta que conduce directamente al vacío, debajo de la fuente Floralis Genérica. Los desahuciados, morosos y suicidas suelen vagar mojados por las noches, tras varios intentos infructuosos. Se sabe que el agujero está en alguna de las veintinueve fuentes de la ciudad. Del otro lado, dicen, no hay fuentes.
Último disco grabado en 2023 junto al Maestro Juan Trepiana, para el sello Garra Record. Recital en vivo en el Festival de Tango de Pehuajó, Provincia de Buenos Aires, Argentina, presentando material de nuestro disco.