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Victoria Morán

Escritura y literatura
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LA NIÑA

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Yo pude ser la otra, la mitad de la niña condenada a nacer. El costado siniestro de esa idea con hoyuelos. Yo pude ser el monstruo, el error contundente, la oración mutilada. Pude encarnar el miedo y el fracaso en escalas. Elegí reencarnarme en el sonido, en la palabra que agita las aguas del silencio, en la verdad que arranca de cuajo los papeles escritos en el viento. La niña con su vestido de sangre y su muñeca anquilosada en brazos se para frente a mí, como un espectro bello y luminoso. Apenas se sonríe. Yo la beso. Yo pude ser aquella y fui la otra. Quién llora de este lado del espejo, no importa. Viven en mi asimétrica existencia, mi renga humanidad de porcelana, la niña y la mujer que escribe a solas. Cuando la noche cierra sus labios sobre mis presentimientos, cuando el silencio aúlla en la voz de mis muertos yo me abrazo a esa otra, a la niña que arrastra su infinita pregunta y la miro a los ojos para leer respuestas que acaso no soporte, que no vendrán a tiempo. Sobre un signo de muerte estaqué mi bandera. Fatigué soledades bajo el sol de la espera hasta llegar a mí. Y aquí estoy, arrastrada a un destino de hiedra bebiendo de los muros, amante de la sombra, la piel enverdecida y en la raíz reseca acechando la vida. Son tantos los recuerdos que podría matarme el olor de la lluvia cayendo sobre el pasto y en mis horas de espanto, balanceando a mi niña en un rincón vacío me incorpora el ensueño de un paisaje lejano y la felicidad entonces se parece a una casita blanca bajo un árbol salvaje. V.M (c) copyright
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