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Victoria Morán

Escritura y literatura
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LLEGASTE

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Como un tsunami inadvertido y cierto Arrastrando imposibles a su paso. Gota oportuna que desbordó el vaso De este pecho, que al fin no estaba muerto. Ventarrón escorpiano, irreverente, Apasionado y loco, desmedido. Que en un beso me movió hasta el apellido Y en una noche se instaló en mi frente. ¿dónde estabas, amor de fuego intenso? ¿adónde se ocultaba tu mirada De sombra y luz, de pura madrugada, Como esta en que te evoco y llamo y pienso? Yo, que no creo en casi nada y veo Venir el golpe por detrás a diario. Yo, que hice del amor un relicario Malvendido en la feria del deseo. Yo, que me doy sin límites ni vueltas, Que pierdo el corazón en cada esquina. Que no aprendí a querer con disciplina, Que llevo las verijas medio sueltas, Porque me importa un catzo lo que digan Porque non me nefrega la etiqueta, Porque llevo en mi ser el alma inquieta Y a veces voy nomás, sin que me sigan. Te abro mi pecho para que te metas Con zaino y todo, adentro y sin desvío y galopemos hasta el desvarío de la pasión escorpiana hasta la meta. Mejor aún: sin punto de llegada Amémonos sin tiempo ni mañana, Sin ese oscuro ayer que a tientas sana Ni ese futuro vacío que aún no es nada. Seamos dos que se entregan a su suerte… ¡Vivamos el instante caudaloso! Que nos abrace la paz del puro gozo Y se arrodille ante los dos la muerte. V.M. ©
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