La vida es una vuelta en calesita. Durante muchos años -demasiados- fui sentada en el auto celeste, con los frágiles, los que lloran y los que tienen miedo. Un día junté coraje, me bajé en movimiento y logré subir al caballo blanco, el de afuera, ese que te invita a conquistar la ansiada sortija en cada giro. La vida desde esa altura se sintió más viva que nunca. Y ya no más el dinosaurio bobo, el cisne seriote o el banco donde van las viejas con los nenes a upa. Ahora soy jinete. Guarda que voy en mi corsario veloz, envalentonada y con los ojos cerrados. Guarda, porque ya no tengo miedo y le agarré el gustito a cabalgar. Cuidado, que estoy gozando. Son tres minutos la vuelta. No hay tiempo para berrinches ni dilaciones. Ahora saco medio cuerpo afuera y abro los ojos. La brisa me acaricia el pelo. El sol me besa la piel. Son tres minutos, nomás. Súbanme la música.
V.M. (c)
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