~El otro día tuve un mal sueño, no sé si malo, feo o desconcertante pero de esos que nos dejan otra vez sin horizonte. De esos que nos vuelven otra vez frágiles, algo rotes, tristes, vulnerables.
No entendí por qué lo soñé. Es como si una gota de nostalgia quisiese teñir mi mundo de gris lluvioso. Como si un fantasma no quisiese guardarse todavía en el cajón. Como esa telaraña que vuelve y vuelve siempre al mismo rincón.
Desperté. Te vi. Estabas ahí con tu rostro tan calmo como todos nuestros amaneceres. Con tus labios socialistas que nunca muerden fuerte.
Estabas a mi lado, acurrucado, entrelazando entropías matutinas. Te vi. Fuiste mi faro. Nunca hubo tal pesadilla.
Siempre me pregunto en cuál terraza estarás. Si te habrán crecido alas. Si tu ascensor sigue sin funcionar. Si habrás encontrado el perfecto maquillaje para esa función. Si tú maletín recorrió aún más.
Querías un equipaje liviano. Yo ya no estoy en él. Unos 60 kilos menos o tal vez ahora 66. No entendí porque los planes de hacer queso casero se esfumaron con el tiempo. Lo de la fondue y lo de los pañuelos.
No pensé que sería yo la de una Ferrari a 320 y vos en tu viejo carruaje. Buscabas dominar todos los trucos de magia antes de arrancar.
Deseo y cambio. Cambio y transformación. Bisexual. Free style. Yo me adaptaba bien a cualquiera de los dos.
Vaivenes me rasguñan Algoritmos entre mis yemas Péndulos oscilando Derrumbes, una hoguera.
Lunares, confusiones Prismática mirada, un inhibir Remolinos de espuma Resbalan, corroen este sentir
Grietas que excavan Columpios oxidan una tempestad Un tiempo, un compás En tus palmas deseo anidar Tus ojos, mis ojos Expandirnos, y entregarnos a la multiplicidad.
Debes iniciar sesión o registrarte para comprar un plan