Cafecito
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C. R GOTTA

Escritura y literatura
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Telarañas

Estaba harta de limpiar las telarañas. No entendía como todos los días aparecían nuevas por donde ya había pasado el plumero y la aspiradora. En vano busqué dónde podía estar el origen, no encontraba a las arañas y mi patrona estaba al tanto de todo esto. Trataba de no importunar con el mismo tema pues era una mujer cerca de los ochenta años y que se encargaba de cuidar a su marido, de edad similar, minusválido físicamente en su cama matrimonial. Insistió en llamar a un fumigador y así erradicar el problema de raíz, pero la señora se negaba, alegando que de todas formas se acercaba la fecha de mudanza y nunca le habían importunado o ni siquiera picado una araña. Por un lado, sabía que tenía razón con respecto a la mudanza, pero también dormía sintiendo pavor de despertar y encontrarme con varias rodeando la cama. Aunque faltaban dos semanas para que los patrones se mudaran, las pesadillas seguían apareciendo y me destrozaban los nervios. Intentaba calmarme mientras realizaba las tareas domésticas y cuando salía hacer algún mandado en el supermercado de la esquina. Llamaba a alguna amiga que trabajaba en otro barrio para cambiar de tópicos, pero no le contaba mi problema con las telarañas.

Una mañana, termine de cocinar y mientras me secaba las manos con un repasador, escucho el sonido de unas latas cayéndose proveniente del garaje, al final del pasillo que conectaba con el comedor. Me acerco lentamente para apoyar la oreja contra la puerta y el estruendo se vuelve a escuchar. No tenía forma de entrar porque la patrona lo dejaba cerrado con llave. Salí corriendo del pasillo, pasando por el comedor hasta subir las escaleras para buscar a la señora, donde justo salía del baño. Le comenté que escuche ruidos y si había posibilidad de que hubiera ratas o peor aún, la posibilidad de que haya entrado alguien. Pero la patrona negó todo, alegando que era imposible porque no había ventanas y posiblemente haya sido algo mal acomodado, ya que cada tanto bajaba a buscar pintura y barniz para sus cuadros. Sabía que le gustaba pintar y hacer manualidades tras jubilarse de empleada bancaria, pero igualmente le insistí en que, si precisaba ayuda con el orden del garaje y ella volvió a negar con la cabeza, y luego preguntó si la comida ya estaba lista. El tema quedó cerrado ahí, pero no pude evitar pasar cerca del pasillo que da al garaje sin que me dieran escalofríos.
Los días pasaban y las cajas de mudanza se acumulaban por el comedor. A la patrona la encontraba cada vez más animada, escuchando reírse con su marido al pasar a dejarles las sábanas limpias e incluso dejando la radio prendida hasta la hora de la cena. Mis pesadillas remitieron, pero no del todo. Lo atribuía al estrés de comenzar de cero con otra familia del barrio, ya que no iba a acompañar a mis patrones en su nueva casa, ubicada en otra provincia. Pero una mañana desperté con el sonido de algo que rascaba en mi almohada, al levantar la misma me encontré con una docena de arañas negras. Algunas pegadas a la tela de la funda y otras escapando por el borde de la cama. Lo que me llamó la atención es que todas iban para un mismo lado, así que soñolienta decidí seguirlas. Me fijé el reloj de la sala: eran las ocho menos diez y la mujer de la casa no se había levantado. Las arañas siguen hasta la puerta del garaje y se pierden debajo de la misma. Pensaba que finalmente había encontrado la respuesta al problema con las telarañas, así que decidí entrar de una vez. Extrañamente estaba sin llave. Tantea la pared derecha buscando la tecla de la luz y el garaje con sus estantes, una mesa de trabajo y un viejo auto, se iluminó con luz blanca fosforescente. Me pongo a buscar a las arañas, observe tanto el techo como el piso y debajo de los estantes. Hasta que siento como si un pedazo de tela envolviera mi pierna y al bajar la vista me doy cuenta que es un pedazo enorme y gruesa de telaraña, conectada con otro tramo de telarañas hasta detrás de un estante. Sigo el camino hasta dar con la pared y descubrir que las telarañas se hacían cada vez más grandes y espesas, pero sin dejar de revelar la peor parte.

Y ahí estaba el origen de mis pesadillas, una enorme araña negra con una mancha roja en forma de reloj de arena en su abdomen y sus ocho patas arqueadas, las traseras tocando el techo y las delanteras apoyándose en el piso. Era imposible desviar la vista, no solo por su tamaño sino por el brillo de sus colores oscuros. En ambas esquinas, había lo que parecían dos figuras ovaladas cubiertas de seda blanca y elevadas del suelo gracias a las gruesas telarañas del techo. Estaba a punto de salir corriendo, cuando de repente tropecé y caí de cara al piso. Algunos pedazos de seda entraron por mis ojos y boca, y mientra intentaba sacarlos, se escucho un ruido como de una cascara de huevo rompiendose, liberandome la vista de uno de mis ojos logro ver que uno esos sacos cubiertos de seda se mueve y parte al medio, liberando una baba amarillo fluor y luego un brazo. Asustada, me arrastró hasta uno de los estantes y sigo observando entre las cajas y frascos llenos de tornillos, y conservas. Aparece el segundo brazo y con las manos se ayuda a terminar de partir por completo el gran cascarón, y cae el cuerpo de una mujer desnuda y bañada en aquella extraña viscocidad. El color rojizo de su cabellera es lo único que resalta entre todo ese líquido y pedazos de la seda blanca. La araña gigante se adelanta un poco ante el cuerpo y con una rapidez de segundo le muerde la clavícula, lo que termina despertando a la mujer con un grito desgarrador. Pero no hay sangre, tampoco mutilación, la mujer se despierta sobresaltada y logra pararse de un salto. Mira sus manos, se toca la cara y luego la larga cabellera, y se le escapa una risa jovial. Luego se acerca a una de las patas de la gran araña y la abraza con cariño, y después observa con tristeza el otro capullo de seda. Suspira y al darse vuelta se encuentra con mi mirada, y me tapo la boca para ahogar un grito, porque sabía quién era y no lo podía creer. La joven mujer corre hacia la ventana y se escabulle por la misma.

Más tarde llega la policía, los bomberos y empleados de la secretaría de ambiente, estos últimos discutiendo sobre la araña gigante, si había que matarla con agua o llevarla a investigar. Pase por el interrogatorio dos veces, pero en ninguna pude contar mi verdad por miedo a terminar en un hospital psiquiátrico, ¿quien me iba a creer que había visto a mi patrona rejuvenecida, desnuda y llena de baba amarilla fluor?
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Hola :) si te gustaron estos relatos y quedaste con ganas de mas, estoy publicando por la otra plataforma, por lo menos de momento hasta que encuentre alguna otra que sea mas comoda para lxs lectores.

Espero que la pasen bien y felices lecturas <3

Erika

Bajo de la camioneta seguida por mis guardias hasta pasar la entrada del boliche. Veo algunos grupos que bailan en la pista y otros que hacen fila para comprar en el bar. Con la cabeza en alto y pisando fuerte con mis tacones llamo la atención de todos al pasar. Saludo a algunas conocidas que se cruzan, al igual que los bailarines, estirando en el escenario me piden que les desee suerte y también a las drag queens que revolotean entre ellos. Subo las escaleras al segundo piso y voy directo al baño. Compruebo que no hay nadie y cierro la puerta con traba. Ya frente al espejo me saco la corbata, la guardo en el bolsillo y desabrocho un par de botones de la camisa, el calor me sofoca. Abro la canilla y dejo correr el agua fría, después paso la mano mojada por la nuca hasta sentir que resbala un poco al pecho y termino secándome con mi larga cabellera blanca. Me miro al espejo y noto el cambio de color en los ojos de oscuros al ámbar, señal de mi bestia interior que se despierta. "Tengo hambre. Cazemos" siento como ese mensaje me retuerce el estomago. Cierro los ojos ante el dolor, después los abro y trato de transmitirle a mi reflejo "Ya vamos a encontrar una presa". Pero con eso no alcanza y se rebela tratando de ocultar mis uñas para dejarle paso a las garras. La detengo cerrando con fuerza las manos y gimo por el esfuerzo, pero finalmente soy la que gana esta vez. Cuando me siento un poco más calmada, saco del corpiño negro una bolsita con polvo blanco y ya abierto lo pongo en el hueco entre el final del pulgar y el indice, después aspiro hasta terminarlo. A los pocos segundos siento el efecto y me relajo. Antes de salir me chequeo en el espejo por ultima vez, acomodando bien el corpiño para que resalten bien mis pechos y destrabo la puerta. Ya afuera hay una larga fila al igual que en el guardarropas del fondo. Una chica del medio se queja por la demora y me señala mientras insulta. Quiere salirse de la fila para increparme, pero la detiene alguna amiga o pareja que le susurra algo al oído. Aun con una distancia considerable, escuche lo que le dijo: "No te metas con la dueña". Sonrió con suficiencia mientras desciendo por la escalera caracol hasta bajar nuevamente a la recepción y me encamino hasta el bar. Paso por el otro lado de la barra mostrador y saludo a la bartender, ella me responde con un movimiento de cabeza mientras sirve algunos tragos. Le paso por atrás y busco la botella de whisky del estante mas alto y me sirvo medio vaso. Antes de irme paso nuevamente por detrás de ella y le dejo algunos billetes en el bolsillo trasero. Ya saliendo voy por el borde de la pista de baile hasta dar con el sector vip, pero en la entrada de la misma veo una chica que esta discutiendo con uno de mis guardias. Me acerco a uno de ellos y pregunto cual es el problema.

- La señorita quiere verla sin cita previa y no se va a mover hasta que la dejemos pasar. Es de la policía - responde el guardia.
- Esta bien. Deja que yo me encargo. Vos y tu compañero se pueden retirar al puesto de la entrada.

El guardia acepta la orden, avisa al otro guardia señalándome y se van. La chica se adelanta hacia mi y me mira directamente a los ojos sin titubear, le respondo de la misma forma aún sabiendo que soy más alta. Noto que eso no le intima. Ya me gusta su actitud.

- Buenas noches, estoy buscando a Erika Patrovna, es usted?
- La misma, bienvenida al Judy Club ¿En que te puedo ayudar?.
- Soy la detective Celia y estoy a cargo de la investigación por los asesinatos que hubo esta semana en la zona. ¿Sabe algo del caso?
- Algo me entere, pero mejor vamos a acomodarnos y hablamos tranquilas.

Le hago seña con la mano para que pase primero y la sigo detrás mientras la observo detenidamente de arriba a abajo. Veo parte de una placa brillando sobre el borde del bolsillo trasero y su vestimenta es bastante informal, se nota que vino a hacer su trabajo. Desentona entre la gente exuberante y llamativa, sin contar a las drag queens. Pero en su sencillez, la veo hermosa y no me quiero imaginar como se vería en un vestido bien ajustado a sus curvas. Apenas nos sentamos trato de concentrarme en su entrevista.

- ¿Querés tomar algo? La casa invita.
- Una cerveza fría estaría bien, gracias. - responde Celia

Le hago una seña a otro guardia y le repito la orden de la bebida. A los pocos minutos llega la asistente de la bartender, le sirve un vaso y la botella destapada, pero Celia le reclama solo la botella que agarra y empieza a tomar. Le agradezco a la otra mujer y le ordeno que se retire. Imito a Celia vaciando mi vaso. Ella deja la mitad, lo apoya en la mesita ratona y saca un pequeño anotador con lapicera del bolsillo interior de su campera de jean.

- Muy bien, señorita Patrovna, quiero preguntarle...
- Por favor, llámame Erika. - la interrumpo galante.
- Bueno, Erika. ¿Sabe que las victimas eran clientes de este establecimiento?
- No estoy segura, pero es posible. Es un lugar muy popular. - respondo con tranquilidad
- Tal vez estas fotos puedan ayudar a refrescar tu memoria.

Me pasa un par de fotos impresas y veo que son los perfiles de las victimas. Todos hombres. "Todas nuestras presas" dice mi otra mitad internamente, pero yo sola puedo escucharla.

- Ellos aparte de ser victimas, también fueron victimarios. Se investigaron sus antecedentes penales y juntos formaban un grupo de trafico de trata internacional. - responde Celia con seriedad.
- Eso es terrible. Todo lo que necesite lo puede pedir al personal, con las cámaras de seguridad inclusive. Espero que se haga justicia con todos los casos.
- Si, aunque lo que mas me llama la atención es que sus muertes fueron atroces, como si hubieran sido despedazados por un animal salvaje. Hasta el momento nunca presencie una escena del crimen de esas características. - dice Celia mientras toma un trago mas de su cerveza.
- Te entiendo, cielo. Tu trabajo de ser muy difícil y agotador. Agradezco que en este lugar haya profesionales se preocupen por la seguridad de todos- respondo con una media sonrisa.
- Y necesito tus datos para que puedas declarar en la comisaria. No para detención, sino por si hay que ampliar tu declaración.- termina la frase apurando su cerveza hasta dejarla vacía.

Busco en el bolsillo de mi pantalón de vestir y saco una tarjeta blanca con letras plateadas, y se la entrego.

- Acá esta todo. Podes llamarme cuando lo necesites, sin cita previa.- respondo con mi mejor sonrisa.

Celia agradece mientras mira la tarjeta. Luego extiende la mano para despedirse, pero me acerco para darle un beso en cada mejilla. Me mira con confusión mientras se pasa la mano por donde la bese y nota los dedos manchados con rouge.

- Perdón, querida. Es mi costumbre saludar y despedirme así. Nos vemos pronto.

Celia confundida se despide asintiendo y luego sale de la zona vip, pasando por entre la multitud hasta que la pierdo de vista entre las columnas que dan a la salida. Todavía siento su perfume en la nariz y su piel era suave al tacto de mis labios. Me acaricio los labios con los dedos mientras pienso nuestro próximo encuentro. Pero algo me desvía de mi estado, siento que alguien tiene miedo, es casi palpable en el aire. Miro hacia la derecha y encuentro el origen del problema. Una chica llora mientras otro, probablemente borracho, la aprieta contra la pared y la manosea por debajo de la remera.

"¿Estas lista?" le pregunto a mi loba interior. "Siempre" me responde con gravedad. "Que comience la cacería" esta vez lo digo en voz baja mientras salgo del lugar y salto hacia el abusador. Lo agarro por el cuello y empujo su cuerpo para atrás para después dejarlo caer en el piso, el chico confundido quiere volver a levantarse pero le piso su entrepierna con fuerza. Esté chilla fuerte y ya no se puede levantar del dolor, aunque entre jadeos me insulta. Enojada por su actitud, le golpeo nuevamente la entrepierna y después lo levanto con las dos manos por el borde del cuello de su remera que termina agujereada por las garras.

- No debiste meterte en la casa de la loba blanca- le susurro entre dientes. Su mirada de terror se ve reflejada en mis pupilas amarillas.

El chico llora pidiendo piedad, pero se me escapa una carcajada ante su impotencia. Dos guardias advierten la situación y vienen corriendo para sostenerlo por detrás, les ordeno que lo saquen de mi vista. Los veo pasar entre el gentío que sigue bailando, salvo por algunos curiosos que prefieren hacerse los tontos ante semejante situación. Luego saco el celular y llamo a mi chófer.

- Hola Marta, dentro de un rato vas a ver a un chico que lo sacan a patadas del lugar. Necesito que lo sigas hasta donde para, lo demás me encargo yo. ¿Quedó claro? Perfecto, nos vemos más tarde.
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Hambre

La señorita Florencia escribía las vocales en la pizarra para sus alumnos. A ella no le habían avisado de la alumna nueva que estaba en las últimas filas del aula, como tampoco vio la transpiración de su frente y los nudillos blancos de sus puños sobre el pupitre. Faltaba poco para el recreo y se notaba por el desinterés de los chicos que inquietos sobre la silla miraban los juegos del patio por la ventana, como también se escuchaba el sonido de los paquetes de galletitas que no paraban de apretar. Cuando la seño Flor vio el reloj de pared que faltaban cinco minutos dejó las tizas en el borde del pizarrón y decidió poner un poco de orden a sus alumnos antes del receso. Fue en ese momento que al pasar la mirada por las mesas que vio a la nena nueva, con su pelo suelto hasta la espalda y escribiendo muy concentrada en su cuaderno rojo. Pensó que en la próxima hora, le daría una cálida bienvenida a Martina, como detalla su colgante plastificado. Preguntó en voz alta si todos habían terminado de copiar todo y respondieron sí al unísono, entonces la seño se dio vuelta para agarrar el borrador y dejar todo limpio para la próxima hora. Pero en un segundo, el ruido de los chicos se apagó completamente. Extrañada, volteo nuevamente y tuvo que taparse la boca con las dos manos para no gritar.
Todos estaban desmayados y formando un gran charco de sangre en el piso. La única que parecía inmune a semejante tragedia era la nena nueva sentada sobre la mesa de la primera fila, con el pelo rubio pegado a la cara mientras se chupaba los dedos manchados de rojo. La seño, desconcertada, le grito:
- ¡Martina! ¿Qué hiciste?
La nena se asustó ante el reto y comenzó a llorar fuerte, tanto que al gritar se podía ver como los mocos caían y se mezclaban con la sangre de sus colmillos.
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Futuro

- Buenas tardes, señor. Disculpe la molestia ¿Me permite mostrarle el producto del futuro?
- Mira, te agradezco pero quiero tomar mi café tranquilo.
- Perdóneme, pero le debo insistir. Es un producto revolucionario y tengo una larga lista de clientes satisfechos.
- Bueno, bueno. Pero viéndolo así parece un teléfono de juguete. ¿Vos no me estarás tomando el pelo, no?
-Confié en mí y sosténgalo en su mano. Ahora quiero que me responda una simple pregunta: ¿Le gusta viajar?
- Y si, ¿a quien no? Me encanta las vacaciones y conocer lugares nuevos.
- Entonces es su día de suerte. Este aparato le va a garantizar es placer. Ahora lo pondremos a prueba y si no queda satisfecho, no lo molesto más.
- Perfecto, que así sea. ¿Que tengo que hacer?
- Solo siga mis instrucciones. Levante la tapa y mantenga apretado el botón central. Ahora cierre los ojos y desee ir a un lugar.
- Bien, estoy pensado en las últimas vacaciones.
- Muy bien. Ahora abra los ojos. Dígame que ve.
- Veo un local de churros y hay olor a sal en el aire. El sol se siente más fuerte.
- Le conviene darse vuelta, señor.
- ¡Estamos a una cuadra del mar! Pero esto no puede ser, seguro sos ilusionista.
- ¿Por qué lo dice?
- Y porque se lo comente antes.
- Claro, pero no me dijo el destino. Eso fue el trabajo de su inconciente y del deseo que le transmitió al aparato.
- Bueno, supongamos que lo entienda. No me parece prueba suficiente.
- Entonces probemos con otro destino. Repita las instrucciones.
- Esta bien, pero ahora no voy a decirte nada y no quiero nada de trucos
- Quédese tranquilo, esto no es magia. Ahora cierre los ojos y apriete el botón.
- Si esto termina de funcionar bien, tenga por hecho que se lo compro señor...?
- Mi nombre es Gero, señor. Y ya puede abrir los ojos. Dígame que siente y ve.
- Siento frió y estoy frente a un confitería bastante concurrida. ¿Puede ser que el cartel este en otro idioma?
- Si, esta en catalán. Pero lo mejor está enfrente.
- Pero este edificio es igual a la foto que me dio mi papá cuando tenía seis años y creía que era un castillo de arena colosal. No puedo creer que esta sea...
- Si, la Sagrada Familia. Llego justo a tiempo para la visita guiada.
- Tenia razón. Lo que vende es parte del futuro y lo quiero sin importar el precio. Dígame, Gero. ¿Gero? ¿Gero
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